2 octubre 1976

El Consejo de Ministros intento forzar el pase a reserva de los dos generales por singularizarse en la oposición a sus medidas

Fracaso del Gobierno Suárez en su intento de sancionar a los generales De Santiago e Iniesta Cano

Hechos

El 1 de octubre de 1976 el Consejo de Ministros ordenó el pase a reserva del General De Santiago y el General Iniesta Cano.

Lecturas

Fernando de Santiago dimitió como vicepresidente en septiembre de 1976.

El 1 de octubre de 1976 el Consejo de Ministros presidido por D. Adolfo Suárez decidió el pase a la situación de reserva del ex Vicepresidente del Gobierno,  Teniente General D. Fernando de Santiago y Díez de Mendívil y del ex director de la Guardia Civil, General D. Carlos Iniesta Cano – ambos se encontraban en la situación B y su pase a la situación de reserva estaba prevista para mayo de 1978 (De Santiago) y en julio de 1980 (Iniesta Cano)- fue el acuerdo más importante tomado en el Consejo de Ministros celebrado ayer durante cinco horas, bajo la presidencia de D. Adolfo Suárez. El General De Santiago dimitió como Vicepresidente por su oposición a la política del Sr. Suárez, y el General Iniesta Cano publicó un artículo de apoyo al dimitido, lo que motivó la falta por la cual el Gobierno decidió forzar su pase a reserva.

Aquella decisión fue anulada por instancias superiores y el gobierno tuvo que rectificar en diciembre y confirmar que los dos militares no pasarían a la situación de reserva.

El siguiente cambio en el Gobierno será la dimisión de Pita da Veiga. 

27 Septiembre 1976

Una lección de honradez y patriotismo

Carlos Iniesta Cano

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Carta abierta al teniente general don Fernando de Santiago y Díaz de Mendivil

Hace ya muchos años que te conozco; que sé de las virtudes que conforman tu recia fisonomía moral: hombría, lealtad, caballerosidad, probada españolia, patriotismo y un alto y firme concepto del deber.

Por todo ello, en nada podía extrañarnos tu firme decisión de renunciar al elevado cargo que ocupabas cuando llegó un momento en el que continuar hubiera sido incompatible con la seria promesa y el sagrado juramento que prestaste cuando accediste a él. Tu lección es impagable.

Una vez más has sabido demostrar que eres un militar desde los pies a la cabeza, de cuerpo entero. Querido Fernando: no necesitabas acreditar de nuevo lo que a lo largo de tu vida tenías bien probado; pero lo has hecho, y por ello mereces gratitud y admiración.

Tu limpia ejecutoria, tu brillante historial y tu profunda formación castrense, eran promesas indiscutibles para España, de este noble servicio que has sabido prestar sin titubeos, sin miras materiales, como hay que hacerlo cuando los intereses de la Patria marcan, de modo imperativo, la conducta a seguir para servirla con alegría, orgullo e íntima satisfacción.

No sé si tu renuncia implica sacrificio para ti. Pero si lo implicase jamás sería estéril, por ser sabia y limpia lección que han de seguir, sin duda, cuantos aspiren noblemente a servir a la Patria, a recibir sin vanidad alguna, pero con justa alegría, el entusiasta aplauso de tantos españoles y tantos compañeros entre los cuales, con enorme y sincero cariño, puedes estar seguro que me encuentro.

Con personal admiración, te abraza.

El Análisis

NO MEDIR A SUS ENEMIGOS

JF Lamata

Adolfo Suárez tenía una difícil empresa que llevar adelante. Y para ello era muy importante que las Fuerzas Armadas se sintieran representadas, cuando lo que poco a poco iba a ir consiguiendo Suárez es que el Ejército se sintiera engañado por él. Fernando de Santiago, como militar no debía intervenir en política y, oficialmente, no lo había hecho. No dio ninguna rueda de prensa contra el Gobierno, ni hizo carta, ni alegato alguno. Se sabía que dimitía por su discrepancia con la legalización de UGT y CCOO, pero al no plantearlo poco se podía hacer contra él. De igual modo Iniesta Cano tampoco había expresado una opinión política de manera clara, se había limitado a expresar su respaldo a su camarada. Que el Gobierno supusiera (seguramente con razón) que esto se debía a la ideología ultra de ambos, no significaba que pudiera sancionarles a ambos cuando no tenían ningún documento escrito para acreditarlo y, por tanto, para acreditar que habían incumplido la indisciplina militar.

Suárez no era consciente que con eso gesto sólo había conseguido dañar aún más su imagen de alguien enemigo de los militares, y enalteció mucho más entre los ultras la imagen de Fernando de Santiago e Iniesta Cano. Era el inicio de una gran torpeza en su política militar, que sólo iba a incrementar.

J. F. Lamata