22 septiembre 1957
François Duvalier ‘Papa Doc’, elegido presidente de Haití con poderes de dictador absoluto
Hechos
El 22.09.1957 François Duvalier asumió la presidencia de Haití.
Lecturas
Por amplia mayoría el doctor François Duvalier ha ganado las elecciones a la presidencia de la república. Contará además con el apoyo prácticamente absoluto de la Cámara legislativa: de los 58 miembros que la componen, sólo tres pertenecen a la oposición.
Un resultado poco sorprendente, si se repara en que las cárceles están llenas de opositores, que ha sido violentamente reprimida la reacción popular contra la destitución del presidente Fignolé, y que el ejército ha sido depurado de oficiales contrarios a Duvalier por el general Kebrau, jefe del Consejo Ejecutivo del gobierno.
Duvalier ‘Papa Doc’ representante de la classe o burguesía negra, llega al poder al cabo de nueve meses de tensión, en que se han sucedido siete presidentes desde la caída de Magloire en 1956.
En mayo, el país parecía al borde de la guerra civil. Frente la sector del ejército partidario de Duvalier, se alzaban los seguidores de Dejoie, representante de la burguesía mulata.
El Análisis
Entre 1956 y 1957, Haití vivió una sacudida política que habría mareado al más curtido navegante del Caribe. La caída del presidente Paul Magloire abrió un período de inestabilidad con gobiernos provisionales, juntas militares y presidentes interinos que se sucedieron con la rapidez de las tormentas tropicales. El país, agotado por la corrupción, el autoritarismo y la pobreza endémica, esperaba que las elecciones de 1957 fueran el punto de partida para un nuevo rumbo democrático. Fue en ese clima de incertidumbre y promesas que emergió François Duvalier, médico de profesión, que con el respaldo decisivo del ejército y un discurso de defensa de la mayoría negra frente a las élites mulatas, logró imponerse en las urnas.
En teoría, aquello era el triunfo de la voluntad popular. En la práctica, fue el inicio de una de las dictaduras más brutales del hemisferio. “Papa Doc” Duvalier no tardó en convertir la presidencia en un trono vitalicio, apoyado en un aparato represivo implacable. Su temida policía secreta, los Tonton Macoute, instauró un régimen de terror que llenó las cárceles de opositores, periodistas, intelectuales y, en particular, de seguidores de su principal rival, Louis Déjoie y otros como el líder sindical Daniel Fignolé, que terminaron encarcelados, exiliados o desaparecidos. El miedo se convirtió en el verdadero partido gobernante, y el uniforme de los Macoute, en el símbolo de un poder sin límites.
El giro entre la esperanza de 1957 y la pesadilla que se instaló después es una lección amarga para la historia de Haití: unas elecciones pueden ser el prólogo de la democracia, pero también el último acto antes de que caiga el telón de la libertad. Duvalier llegó respaldado por urnas y aplausos, pero pronto cambió las papeletas por esposas, las promesas por decretos, y las esperanzas de un país entero por el silencio obligado de quienes aprendieron que, bajo su régimen, hasta el murmullo podía ser una sentencia.
J. F. Lamata