21 septiembre 1957

Muere Haakon VII, el primer rey de Noruega, que vivió la invasión alemana durante la Segunda Guerra Mundial

Hechos

El 21 de septiembre de 1957 fallece el Jefe de Estado de Noruega, Haakon VII de Noruega. 

Lecturas

Haakon VII de Noruega (conocido hasta 1905 como Carlos de Dinamarca; Copenhague, 3 de agosto de 1872-Oslo, 21 de septiembre de 1957) fue rey electo de Noruega desde 1905 hasta 1957. Era también príncipe de Dinamarca, fue el segundo hijo de los reyes daneses Federico VIII y Luisa de Suecia.

Se convirtió por elección popular en el primer soberano de una Noruega independiente en más de quinientos años. Destacó por su vocación democrática y la defensa de la soberanía de su país durante la invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial. Ante la adversidad, estableció un gobierno paralelo al de los nazis, primero en el norte y este de Noruega, y posteriormente en Inglaterra, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia.

El nuevo Rey de Noruega será Olaf V, el hijo de Haakon. 

El Análisis

Muere Haakon VII: El rey que eligió resistir

JF Lamata

Haakon VII, primer rey de la Noruega moderna, ha fallecido tras medio siglo de reinado en el que encarnó, con sobriedad y firmeza, el espíritu de un país pequeño, pero digno. No nació noruego: fue un príncipe danés, elegido por el Parlamento noruego en 1905 tras la disolución pacífica de la unión con Suecia. Su llegada al trono no fue una imposición dinástica, sino una aceptación democrática —una rareza en su tiempo— y su figura encarnó desde entonces la voluntad de una nación que se afirmaba soberana por primera vez en siglos.

Pero fue en la hora más oscura cuando Haakon VII se ganó un lugar definitivo en la historia europea. En 1940, frente a la invasión nazi y la instauración de un régimen títere liderado por el colaboracionista Vidkun Quisling, el rey se negó a ceder. No aceptó la rendición, ni la farsa de legitimidad que los invasores quisieron imponer. Exiliado en Londres, como la reina Guillermina de los Países Bajos, se convirtió en símbolo de la Noruega libre. Su voz, transmitida por radio, y su imagen —austera, sin teatralidad— sirvieron de ancla moral para la resistencia. (Y no el error del Rey Víctor Manuel de Italia, Leopoldo de Bélgica o el Rey Miguel de Rumanía, cuyas posiciones durante la guerra pusieron contra las cuerdas a sus monarquías).

Su sucesor, Olaf V, ya ha demostrado durante la ocupación y después de la guerra una lealtad sin fisuras al mismo ideal: una monarquía constitucional al servicio de su pueblo, no de sus privilegios. Si el siglo XX ha sido el cementerio de tantas coronas, la noruega ha sobrevivido porque supo ganarse su legitimidad no en la sangre azul, sino en la fidelidad al país real. Haakon VII muere como vivió: discreto, tenaz y profundamente respetado. Su figura no solo pertenece a Noruega, sino a la memoria europea de quienes, aún bajo la bota del totalitarismo, eligieron la dignidad.

J. F. Lamata