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"La banda de los Cuatro" es expulsada del Partido Comunista china acusados de haber intentado dar un golpe de Estado

Golpe de fuerza de Deng Xiaopig en China: Logra la detención Jiang Qing, la viuda de Mao, su principal rival en la lucha por el poder

HECHOS

  • El 11.10.1976 la prensa occidental informó del posible arresto de Jiang Qing.
  • El 22.10.1976 Jiang Qing fue expulsado del Partido Comunista de China.

Radio Peking informó de que los líderes del ala radical del Partido Comunista de China: la viuda de Mao Jiang Qing, el vicepresidente Wang Hung Wen, el viceprimer ministro Chang Chun Chiao y el propagandista Yao Wen Yan, apodados la ‘banda de los cuatro’.

Lo ocurrido consolida el poder de Deng Xiao Ping, que ha logrado así tomar el poder a la muerte de Mao de la mano de su títere Hua Kuo Feng, que ha asumido el cargo de jefe de Gobierno y presidente del partido.

15 Octubre 1976

Dos opciones en China

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián Echarri)

UN MES después de la muerte de Mao, casi día por día, China experimenta una serie de cambios políticos que condicionarán, sin duda, la política nacional futura de la República Popular.El régimen de Pekín es el único, entre los países socialistas, que reconoce y potencia las contradicciones internas como útil permanente de la dialéctica marxista. Por ello las luchas periódicas en el interior del PCC son consustanciales con el socialismo chino.

La depuración de los miembros más destacados de la tendencia radical, pone fin a la decimosegunda batalla en el seno del partido comunista que nació hace 55 años en una ruinosa escuela de Changai.

La pugna entre moderados y radícales (ambos antisoviéticos y seguidores del pensamiento Alao Tse-tung) se planteó en 1969 como defensa de dos principios diferentes: o se daba preeminencia a la eficacia y productividad, o se proseguía con regulares campañas revolucionarias para atajar cualquier «desviacionismo» y «aburguesamiento» del sistema.

La Gran Revolución Proletaria (1966-69) demostró que China no podía permitirse el lujo de un trasplante de energías laborales a la lucha política; el país necesitaba brazos para trabajar más que para colgar dazibaos (carteles murales) de crítica ideológica.

La disputa, camuflada en ataques generales a Lin Piao, fue patente en el X Congreso del PCC (1973). Cliu En-lal llamó a la unidadad insistentemente, Wang Hong-wen, entonces aparente nuevo defflin, le respondió subrayando la necesidad de «proseguir la lucha de clases en el marco de la Revolución Cultural».

En la IV Asamblea Nacional del Pueblo Chino, dos años después, se aprobó la disposición presentada por los moderados de colocar a China al frente de las naciones industriales en el año 2000, para lo que resultaba necesario productividad y orden. Los esquemas radicales entraban en fase de descomposición.

Hasta su muerte, Chu En-lai, con su extraordinaria capacidad negociadora, mantuvo el equilibrio entre los dos grupos. Su desaparición fue la señal para que la faeción izquierdista emprendiese la campaña no sólo contra Teng Siao-ping [Deng Xiaoping], elegido de Chu para llevar a cabo la política del año 2000, sino contra la tendencia que representaba.

Producto de las disensiones fue un compromiso person ¡cado por Hua Kuo-feng. Un compromiso deshecho ,cuando este político provincian’o fue ratificado en su cargo de primer ministro y elegido número dos del partido. La victoria moderada estaba cerca, Teng HsIao-pino’ había caído, pero ningún miembro radical mejoró su posición en el seno del PCC.

Al agravarse el estado de Mao, sonó la hora (le las alianzas. Kuo-feng era criticado indirectamente en Hunan. ¿Aprovecharon los moderados la circunstancia? Lo cierto, es que el nuevo líderchino también tiene puesta la mirada en los objetivos económicos expuesto por Chu En-lal. En la actual situación, la revolución permanente ha cedido ante la revolución productiva. Se trata, en realidad, dedos líneas dentro del maoísmo, que nodiscuten laesencia del sistema, sino el camino más pragmático o más atópico, para promover el progreso de la Chin-a nacida en octubre de 1949.

27 Agosto 1977

Legalizada la moderación en China

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián Echarri)

LAS CONCLUSIONES del XI Congreso del Partido Comunista chino, celebrado en Pekín del 12 al 18 de agosto, están siendo objeto de minucioso análisis por los observadores políticos que tratan de descubrir, tras las vaguedades de un comunicado oficial, la futura evolución política de más de ochocientos millones de chinos.La importancia concedida por los sinólogos al comunicado

que, acaba de hacerse público en Pekín viene determinada por lo que podríamos calificar, no sin cierta cautela, de triunfo definitivo de la línea moderada, realista y pragmática en la dirección del partido y del ejército.

La semejanza entre las conclusiones del XI Congreso y el discurso inaugural del presidente Hua Kuo-feng -indiscutible heredero, en estos momentos, de Mao Tse-tung permite afirmar que el congreso, de relevancia seguramente histórica, ha venido a legalizar la situación de hecho que resultó de la complicada sucesión de Mao. En este sentido no cabía esperar sorpresas.

Sin embargo, el contenido del informe oficial sugiere, más abiertamente que nunca, las líneas concretas que deben «convertir a China antes de fin de siglo, en un gran Estado socialista potente y moderno». Por otro lado, la continua insistencia en atacar a la banda de los cuatro, representantes de la línea radical oficialmente derrotada en este congreso -aunque de hecho lo fuera tras la crisis de Shanghai de octubre de 1976-, hace pensar que la penetración de estos últimos persiste y es aún grande entre las masas y entre los militantes del partido.

Sorprende, en este sentido, la franqueza con que el comunicado relata la crisis interna- y el resultado de los combates en el seno del Partido Comunista chino. Con ello se rompe la línea ininterrumpida de hermetismo que siempre rodeó la vida política de este inmenso país.

Se ha rasgado un manto de secreto que les sirvió para proteger la unidad interna frente a las influencias extranjeras.

«El onceavo combate entre las dos líneas en el seno del partido ha sido coronado -dice el comunicado- por una gran victoria». -«El final victorioso -señala más adelante- de la revolución cultural, que ha durado once años, nos lleva a una nueva fase de desarrollo». Y, en esa nueva fase de desarrollo revolucionario «en el campo de la ciencia, de la técnica, de la enseñanza, de la literatura, del arte y de la salud pública», el congreso hace especial mención a la necesidad de formación de cuadros a todos los niveles, a la disciplina interna del partido y al centralismo democrático. «Si la democracia es importante, el centralismo lo es más y es preciso reforzar la disciplina del partido», señalá textualmente.

El orden es otro de los elementos repetidos con más énfasis en el documento oficial: «Abatida la banda de los cuatro, hoy podemos realizar la estabilidad y la unidad y asegurar el orden en el conjunto del país. »

A lo largo del texto puede observarse implícitamente un deseo de evitar la anarquía en la movilización de las masas y en la descentralización, así como una sensible voluntad de conservar las posiciones adquiridas.

Pese a todo ello, la crisis interna del partido no parece haber sido saldada por completo. El arraigo de la línea radical, condenada por el IX Congreso en la persona de Lui Shao-chi y por el X Congreso en la persona de Lin Piao, viene probado ahora por la potencia del ataque que los vencedores actuales dirigen a los seguidores de la banda de los cuatro. Es significativa la eliminación de casi ochenta miembros del comité central que fueron elegidos en el X Congreso de 1973 y su sustitución por los más leales al presidente Hua Kuo-feng y al recién rehabilitado viceprimer ministro Ten Schiao-ping.

La presencia de militares y tecnócratas moderados en los más altos puestos directivos puede garantizar, por el momento, la línea de desarrollo económico que «conduzca a China y a su economía -según deseo expresado en el documento- a los primeros puestos del mundo». La moderación en el proceso político y la consolidación del ,desarrollo económico parecen ser las claves de la nueva jerarquía china.

En cuanto a política exterior no ha habido prácticamente novedad alguna. Se mantienen los ataques al imperialismo norteamericano y al social-imperialismo soviético, especialmente duros con el segundo por su preocupación fronteriza y por la expansión de la flota soviética en el Indico y Pacífico. Igualmente se insiste en el reconocimiento de todos los Gobiernos del mundo y en el deseo de no injerencia en los asuntos internos de otros países.

Nada hace pensar en el comunicado -aunque parezca posible y próximo- un cierto acercamiento de China a la Unión Soviética ni un establecimiento inmediato de relaciones diplomáticas entre Pekín y Washington.

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