30 octubre 1991

Su derrota en el último congreso centrista ha supuesto el final de su carrera

Golpe moral para el CDS: El Duque de Suárez renuncia a su acta de diputado en el Congreso y se retira de la política

Hechos

El 29.10.1991 La Mesa del Congreso aceptó ayer la decisión de D. Adolfo Suárez e dejar su escaño, tras tener conocimiento del escrito por el que el ex presidente del CDS comunica a su renuncia a su acta de diputado.

Lecturas

PRIMER MAZAZO PARA CALVO ORTEGA

calvo_ortega  El presidente del CDS, D. Rafael Calvo Ortega, obtiene un severo golpe con la marcha del Duque. El Sr. Calvo Ortega logró la presidencia del Centro Democrático y Social del mes pasado desafiando al propio Sr. Suárez, que quería que su sucesor fuera el Sr. Morodo, no obstante esperaba contra su colaboración. Ahora el Sr. Calvo Ortega deberá intentar sacar adelante el partido sin el apoyo de su fundador.

26 Octubre 1991

Adiós, señor Suárez

Consuelo Álvarez de Toledo

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Por vez primera desde aquel luminoso día de verano de 1977 en que se abrieron las Cortes democráticas, Adolfo Suárez no ocupa un escaño en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Adolfo Suárez ha hecho mutis, como él acostumbra, por el foro «y vase», como dice la literatura teatral. En la tarde de los Presupuestos Generales del Estado el hemiciclo del Congreso de los Diputados tiene algo de nostalgia y de vacío. «La transición, querida mía -sentencia Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón- ya ha terminado». El gesto de Suárez se convierte sin quererlo nadie en algo más que un gesto. Más allá de su voluntad de no ser «como un diputado de Herri Batasuna, que cobra sin trabajar», tal como le dijo recientemente a uno de los pocos amigos que recibe, la ausencia del primer presidente democrático tiene algo de histórica. Con Suárez se va una parte de nuestras románticas, agitadas y ya gastadas vidas. Miro a mi alrededor en la tribuna de prensa y apenas hay colegas de aquellos tiempos de la transición. Nadie con quien recordar aquella impresión maravillosa, cuando vimos sentados todos juntos a Dolores Ibarruri, a Santiago Carrillo, a Manuel Fraga, a Fernández de la Mora, a Blas Piñar, a Jordi Pujol, a Xabier Arzallus, a Alejandro Rojas Marcos, a Enrique Tierno Galván, a Pío Cabanillas, a Felipe González, a Gregorio Peces Barba, y allí, en el escaño azul de la derecha a Adolfo Suárez. Qué caramba, pienso mientras oigo a Carlos Solchaga defender con voz imperceptible «los décimos presupuestos socialistas», una tiene derecho a la nostalgia en este otoño en el que se acumulan tantos recuerdos. Está triste y vacío el antiguo bar, hoy entrada solemne e impersonal, como dicen que se queda Fonseca. En la penumbra política de la madurez democrática resuenan tantos pactos hechos en estas pasillos del Congreso por el diputado Suárez González, don Adolfo, que ya no será llamado más a votar. Veo a un Felipe González abrumado, cincuentón y con escaso sentido del humor, refugiarse tras una imponente barrera de seguridad, irritado mientras José María Aznar se permite el lujo de hablar en defensa de los obreros de Asturias. Es la última página del libro de la transición que ahora se ha cerrado con el anuncio de Adolfo Suárez, de que, en breve, dejará su escaño en el Congreso de los Diputados y se convertirá en un simpre militante de base.

27 Octubre 1991

Suárez no desea estorbar

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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Adolfo Suárez ha dado un paso sensato para cerrar su trayectoria política. Tras asumir «la responsabilidad absoluta del fracaso electoral» del CDS en los comicios municipales y autonómicos y tras com probar que la renovación del partido pasa por otros parámetros y otras personas distintas a las que él patrocinaba, ha abandonado la política activa. Deja el camino libre para que sean otros los que traten de resucitar el CDS, sin la rémora psicológica que supondría la presencia de quien durante nueve años ha sido el factotum del partido. Su renuncia al escaño parlamentario no debe interpretarse como un abandono al actual equipo dirigente, sino más bien como una salida digna y elegante de quien no desea estorbar, consciente de que su participación en la historia política ha terminado… de momento.