28 octubre 1991

Adolfo Piñedo: "Hemos analizado lo ocurrido en el Este de Europa y hemos deducido que hemos asistido al final del movimiento comunista internacional"

El partido de Santiago Carrillo, PTE-UC, se disuelve y se integra en el PSOE considerando que el comunismo ha terminado

Hechos

El 26.10.1991 el Congreso Extraordinario del Partido del Trabajo de España – Unidad Comunista (PTE-UC) fundado por D. Santiago Carrillo acordó su disolución y su integración en el PSOE.

Lecturas

El 13 de febrero de 1991 el presidente del Partido de lo Trabajadores de España – Unidad Comunista (PTE-UC), Santiago Carrillo, y el secretario general Adolfo Piñedo, comparecieron para anunciar que el partido iniciaba un proceso de integración en el PSOE, que culminará en el congreso del partido convocado para el 26 de octubre de 1991. El acuerdo incluye que todos los militantes del PTE-UC se integren en el PSOE, a excepción de Carrillo, que ha sido vetado expresamente por Ferraz. Se especula que para muchos veteranos socialistas su nombre despertaba mucho recelo por su papel histórico de enemigo del PSOE durante años (integrando en el PCE a las históricas JSU durante la guerra civil española).

Carrillo y Piñedo aseguran que el PTE-UC constituirá una corriente de opinión dentro del PSOE que, en realidad nunca se formalizará. Pero sí varios dirigentes destacados de PTE-UC, como Adolfo Piñedo o su esposa Enedina Álvarez, irán en las listas del PSOE por Madrid en las elecciones autonómicas de Madrid. También los cuadros sindicales del PTE, muy poderosos en CCOO se pasarán ahora al PSOE.

13 Febrero 1991

Carrillo y la «odisea» del PTE

EL MUNDO

Leer

«Una alternativa de izquierdas en España en la que no esté el PSOE me parece que es pensar en las chimbambas». La frase -¿quién lo hubiera imaginado?- de Santiago Carrillo ilustra el anuncio de que el Partido de los Trabajadores de España, la formación que preside, se integrará en el PSOE como corriente de opinión organizada. Dos aspectos llaman la atención de esta curiosa singladura del PTE. Sorprende, de una parte, que el PSOE, que tan contundentemente se opuso a admitir a Democracia Socialista como corriente, parezca dispuesto a abrir las puertas a la formación comunista. Y, de otro lado, que Carrillo embarque al PTE en el PSOE y se quede al margen. «No existen condiciones para que asuma un papel protagonista» argumenta. ¿No será, más bien, que encontraría la reticencia de un importante sector del PSOE?

27 Octubre 1991

El último error de Santiago Carrillo

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

Leer

POCOS podían imaginar, en los años en los que Santiago Carrillo se convirtió en una figura digna de admiración por el destacado papel que jugó en el retorno a la democracia, que el histórico y luchador dirigente comunista tendría un final tan triste y humillante. La moderación del Partido Comunista, su afán conciliador, su colaboración con quienes, desde las entrañas aún latentes de la dictadura, trataban de reformar el sistema hasta alcanzar un régimen de libertades, tuvieron un efecto de catarsis sobre el pasado de Carrillo, sobre los graves errores políticos que cometió en los años finales de la República y sobre las depuraciones que emprendió en el seno de su partido. Aquéllos eran los tiempos en los que el entonces secretario general del PCE ya atisbaba la derechización del PSOE y aún apostaba por que su formación política se convertiría en alternativa de Gobierno. Hoy, cuando la experiencia política ha confirmado que el PSOE ha abandonado buena parte de sus principios izquierdistas, Carrillo se ha rendido definitivamente, ha renunciado a su lucha personal en favor de las clases trabajadoras y ha puesto en manos de la maquinaria electoral y de poder del PSOE al puñado de fieles que bajo- las siglas casi fantasmas del PTE mantenían en estado vegetativo su cadáver político. Sus destellos de lucidez progresista -el último fue posiblemente su radical oposición a la guerra del Golfo, como detalló en un artículo escrito para EL MUNDO horas antes de que EEUU desencadenara su ataque contra Irak con el decisivo apoyo del Gobierno socialista- se han apagado. Su discurso por las libertades se ha transformado en oratoria cansina, en retórica de converso de esa «casa común» que con la misma facilidad que subordina las conquistas sociales a los planteamientos macroeconómicos recorta las libertades en favor de la represión policial. Hoy Carrillo realizará su último acto de pleitesía al poder. El viejo león ronronea en la farsa que le sirve a Benegas para afirmar que el PSOE es la única alternativa al conservadurismo. Se ha convertido en un peón más de la estrategia socialista que trata de debilitar Izquierda Unida (el PTE incluso se convertirá en una corriente interna denominada, casi subliminalmente, «Unidad de la Izquierda») y presentar una fachada progresista mediante periódicas afiliaciones de ex comunistas que en algún momento tuvieron relevancia pública. Hasta se ha atrevido, pese a la evidente momificación de su figura política, a decir que el PCE «se está embalsamando». Viejos resabios de quien, aun sabiendo que el derrumbe del Este no puede tomarse como referencia en el análisis de la trayectoria’ de IU, ha perdido el horizonte del verdadero progresismo. Y con ello, su última oportunidad de que la historia le recuerde más por sus servicios a la democracia y por su fidelidad a la izquierda que por sus debilidades políticas y sus rencores personales.

29 Octubre 1991

Carrillo

Cándido

Leer

LAS palabras amargas acentúan las situaciones amargas. Carrillo sabrá si sus palabras en el Congreso final del Partido de los Trabajadores de España, al que no le habría hecho falta desaparecer para ser invisible, son las más adecuadas a la situación. El hacerse cargo por vía oficial y rápida de los contenciosos de sus nuevos amigos del PSOE es una actitud canina y en cualquier caso no es propia de su edad, cuando el fracaso no debiera generar sino sabiduría. Por el contrario Carrillo se ha investido de una pasión pequeña de catecúmeno y tilda a Izquierda Unida de «chiringuito» y al Partido Comunista de falta de seriedad. No es que yo esté en contra de la transexualidad política, puesto que de algo hay que vivir y por lo general morimos de casi todo, sino que, humanamente hablando, esa explosión de desprecio en el arrabal de senectud parece ocurrir bajo el impulso de un «désir lubrique sans erection», cuando en los nidos de antaño no hay pájaros de hogaño y el caballo se encabrita pero no se mueve. La ociosa espuma que le ha resbalado por entre los belfos debió tragársela, entre otros motivos porque tendría que haber comprendido que hoy está en situación de disponible precisamente ante aquello que durante más de cincuenta años combatió y procuró triturar. Que Carrillo se erija ahora en protector del PSOE al estilo del Mr. Brownlow dickensiano, no me parece a mí que vaya a arrasar los corazones. La palabra «yo» nunca ha sustituido a la historia, a la decencia, a la razón o simplemente a la ideología. Carrillo, como el truchimán, se ha puesto cara a la corriente, no para luchar contra ella sino para que se le llene el papo de todo lo que arrastra. Esto es frecuente. Pero de viejo conviene ser menos trápala.

El Análisis

CARRILLO, EL TRAIDOR

JF Lamata

“¡Lo veis, era un traidor!”, Para los hombres del PCE, los Anguitas, Alcaraces, Frutos o Romeros, la integración del partido de D. Santiago Carrillo, el PTE-UC, en el PSOE era la consumación de la gran traición al comunismo del veterano político, una ideología en una situación muy delicada tras el desplome de todas las dictaduras comunistas de la Europa del Este encabezadas por la URSS.

Los carrillistas se habían presentado a las elecciones de 1986, 1987 y 1989 cosechando un fracaso tras otro. Integrando al PTE-UC a sus filas, el PSOE no buscaba tanto votos (los carrillistas carecían de ellos) sino los cuadros sindicales del PTE-UC que eran estupendos, con figuras de la talla de D. Julián Ariza. Muchos dirigentes carrillistas pasarían a ocupar cargos en el PSOE como D. Adolfo Piñedo, pero el que nunca entraría sería D. Santiago Carrillo. Quedaba abierta la duda de si el Sr. Carrillo no entró en el PSOE porque no quiso, por lo que simbolizaba él para la etiqueta comunista, o porque el PSOE no le hubiera admitido. Dña. Cristina Almeida lo tenía claro cuando se lo consulté: “Si Carrillo entra en el PSOE, se va del partido medio PSOE”.

J. F. Lamata