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José Ramón Alonso acusa a Emilio Romero de tener un 'harén damasquiano' durante su etapa al frente de PUEBLO

Guerra entre los directores de INFORMACIONES, Emilio Romero, y PUEBLO, José Ramón Alonso, que se querellan mutuamente

HECHOS

D. José Ramón Alonso demandó a D. Emilio Romero, por considerarse injuriado en el artículo que este publicó el 4.12.1979 en INFORMACIONES.
D. Emilio Romero, demandó a D. José Ramón Alonso por considerarse injuriado en su artículo publicado el 6.12.1979 en PUEBLO.

D. Emilio Romero asegura que Suárez tenía a un periodista que ‘gozaba’ con intentar dejarle a él fuera de todo:

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Dña. Rosa Villacastín (periodista de PUEBLO en 1979) habla sobre D. José Ramón Alonso y D. Emilio Romero:

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infor_puebloDesde que D. Emilio Romero fue nombrado director del diario INFORMACIONES – periódico privado de la tarde propiedad de D. Sebastián Auger – era evidente que aquel medio impondría una línea anti-Sr. Suárez. Por lo que no era de extrañar que mantuviera pronto alguna polémica con el periodista suarista, D. José Ramón Alonso, que era director del periódico PUEBLO desde 1976. Además PUEBLO también era un periódico gubernamental (público), puesto que estaba financiado por el Estado.

Se daba la circunstancia de que PUEBLO fue el periódico que dirigió durante varias décadas el Sr. Romero (desde 1951 a 1975), la etapa en la que alcanzó mayor esplendor. Precisamente ese iba a ser el origen de la polémica, el Sr. Romero, en sus artículos del diario INFORMACIONES decidió colocar el dibujo de un gallo de similares formas a como era el ‘gallito’ con el que adornaba sus columnas del diario PUEBLO, lo que causó que el Sr. Alonso publicara un artículo recordando que el logo del gallo era de PUEBLO y, de paso, lanzar una serie de críticas al Sr. Romero.

El director de INFORMACIONES respondió con un demoledor artículo en la portada del diario INFORMACIONES contra el Sr. Alonso (‘El Capón’), que el director de PUEBLO respondiera con otro artículo de página completa en ‘La Tercera’ de su diario (‘Un pollastre en la UVI’) y de idéntica crudeza contra el Sr. Romero. Tras los artículos, ambos periodistas se demandaron mutuamente, aunque el pleito quedó en nada, puesto que de ninguno de los dos veteranos periodistas se conoció ninguna condena.

Versión de aquel pleito de D. Emilio Romero en sus memorias ‘Tragicomedia de España’ (Pag. 292-293):

Entre los directores que me sucedieron figura uno especialmente lamentable: José Ramón Alonso. Dirigió el periódico en una buena parte de los tiempos de Adolfo Suárez, y una vez escribió tres artículos, en aquella famosa ‘Tercera Página’ que yo había fundado y que resultaban infames para mi persona. Era la réplica del poder a mis artículos en otro periódico diario. Este personaje tenía un itinerario político y profesional de gran celebración en las redacciones. Era un asturiano protegido por los Polo – la familia de Franco – fue el gran invento de obediencia.

Yo le contesté a mi modo burlesco, que es el método cuando tropiezo con individuos de esta constitución y luego el camino fue el de los juzgados. Yo no hubiera ido nunca; pero me animaron varios amigos irritados por aquella felonía. Naturalmente fue procesado, y él hizo también su denuncia por mi artículo ante un juez de la izquierda política, Clemente Auger, que probablemente vio entonces a Emilio Romero desde fuera del Derecho y también le procesó. Ahora nos saludamos el juez y yo con afecto. El tiempo lo cicratiza todo. 

Todo se acabó, pero en la historia de mis grandes recuerdos de ese periódico figura este suceso desagradable con varios culpables. Los principales eran los más miserables, por su ocultamiento tras el poder. Estaban en el Gobierno. José Ramón Alonso no fue otra cosa que el intérprete de siempre para hacer felices a sus protectores, aunque fuera con la villanía. (Emilio Romero)

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR SE APUNTA A LA POLÉMICA ATACANDO A AMBOS

El periódico DIARIO16, dirigido por D. Miguel Ángel Aguilar, se hizo eco de la polémica entre los dos  con varios editoriales señalando las cosas que podían desprenderse de la polémica, como el hecho de que D. Emilio Romero, seguía cobrando del Estado a través del ministerio de Cultura sin saberse muy bien por qué, a parte de hacer un llamamiento para la desaparición de toda la antigua Prensa del Movimiento, es decir del conglomerado de toda la prensa pública ahora agrupada en Medios de Comunicación Social del Estado, organismo que, precisamente, dirigía D. José Ramón Alonso.

03 Diciembre 1979

HISTORIAS DE LA SEMANA

José Ramón Alonso

ALONSO: "El gallo de Emilio Romero ahora no cacarea con los Gobiernos, sino que les ataca. Que no cante a destiempo".

Algo ha sucedido informativamente en estos días y es la muerte de un diario en mi Asturias natal – parece que allí todos los espacios periodísticos están ocupados – y en INFORMACIONES la reaparición del gallo al lado de la firma de Emilio Romero, y acaso una de las dos cosas – o la firma o el gallo – no fuesen al mismo tiempo necesarias, porque solas se identifican desde hace veinte años. El gallo nació en estas columnas de PUEBLO cuando era el diario del fallecido sindicalismo vertical y por tanto es un ave de nuestro corral y en cierta manera de nuestra casa.

Cierto es que todo ha cambiado tanto que hoy el gallo recordaría aquí demasiadas cosas, mientras que por INFORMACIONES Puede pasearse, en tanto Auger le deje, sin provocar ni viejas memorias ni demasiadas nostalgias. Es un gallo experto, que ha sabido convivir con Franco, con Carrero, con Alofnso Vega, con López Rodó, con Solís, con Silva Muñoz y con López Bravo. Es casi un gallo de sociedad, que se ha sentado en todas las mesas y ha cacareado en todos los corros, y que ahora reaparece con más curiosidad que expectación en el gallinero circundante.

Sin crítica alguna hacia Emilio Romero podría decirse que casi nunca segundos gallos fueron buenos, y que el gallito tiene, además de mucha experiencia, demasiados años. ¿Interesará a las gallinas tanto como antaño? Parece como arrancado de nuestra colección y, en esta casa de PUEBLO  los más veteranos del fotograbado tienen como cierto derecho de autoría sobre sus espolones, su pico y sus alas.

Ahora es, por razón de edad, un gallo conservador, que se las sabe todo y ha perdido su viejo ‘coco-ro-co’ revolucionario. No saludarlo sería una descortesía, y hacerlo conlleva el riesgo de que el irritable gallo suelte un picotazo, porque es de un genio algo irascible, aunque haya tenido buenos corrales y en las plazas periodísticas se le conozca más que a su homónimo El Gallo. ¿Va a tener aquella libertad oficiosa de antaño? Lo cierto es que ya no está solo en la plaza y que en sus ‘Obras completas’ hay de todo, como en potaje castellano. Ahora no cacarea con los Gobiernos, sino que les ataca. Deseamos que no cante a destiempo y que tenga prudencia con sus espolones afilados y largos. Que se guarde de la zorra y que no olvide sus tiempos pasados de ave cortesana. Y con Romero la paz, mientras él no quiera lo contrario.

José Ramón Alonso

04 Diciembre 1979

EL CAPÓN

Emilio Romero

ROMERO: "El convivio de José Ramón Alonso con el antiguo Régimen fue bastante más brillante que el mío"

Me río mucho ahora, pero la tarde del lunes fue ostensiblemente regocijante después de la lectura de un texto que me dedica el director de PUEBLO, José Ramón Alonso, inopinadamente y sin venir a cuento. Recomiendo este admirable personaje a Lina Morgan, si se produce en el escenario como en la vida política y social. Así llevé yo al teatro a Fabiolo, hermano de la Reina de Bélgica. Tenía que ser tal cual.

José Ramón Alonso es de estilo francés rococó, con andares jubilosos a lo Groucho Marx. Lo digo con entusiasmo afable y divertido. Fue, naturalmente, y durante ‘los cuarenta años’ ardoroso y eficaz servidor del Estado en el extranjero y del Glorioso Movimiento Nacional aquí dentro. Estuvo hasta en Vichy con Lequerica, y en su reincorporación al ARRIBA tenía tan metido el francés en su sibaritismo diplomático que, al dirigirse a su compañeros en francés, Jesús Tessier le dijo un día graciosamente: ‘Oye, tú eres José Ramón Alonsefant de la Patrie’. Y así le consagró.

Dice José Ramón Alonso que el ‘gallo’ nació en aquel corral. ¡Pues claro! Y en ese corral estuvo veinticinco años; y lo pobló. Vamos a ver si a José Ramón Alonso, heredero afortunado, no le depara el destino su despoblación. Dice este pollo rococó – que tiene más tacos que yo – si no tengo demasiados años para regresar con el ‘gallo’ e interesar a las gallinas. Querido José Ramón Alonsenfant de la Patrie; La única dificultad del gallo en esos trances es ser capón, y los únicos gallos capones de la Corte son aquellos que adulan al Poder, que son castrados por nóminas, honores, dúplicas, bicocas, canonjías y otros modos de cebo. Mientras un gallo no sea capón, interesa a las gallinas y prestigia a los corrales.

Dice también José Ramón Alonso que soy ‘un gallo de sociedad’ y que he sabido convivir con una serie de personajes del antiguo Régimen. ¡Naturalmente! Pero aquí tengo que reconocer, con humildad, que el convivio de José Ramón Alonso con el antiguo Régimen fue bastante más brillante. Alférez provisional (en los servicios heroicos de Propaganda), corresponsal y consejero en el extranjero, director de Radio Nacional de España, director de Televisión Española con Arias Salgado padre. Colaborador fraterno con Elola en todo eso del Imperio y tal. Director de ‘la Soli’ de Barcelona – periódico del Movimiento – Jefe nacional del Servicio de Información y publicaciones Sindicales del ‘fallecido sindicalismo vertical’, como ahora designa J. R. A. a la antigua Organización Sindical. Presidente del Sindicato Nacional (vertical) de Hostelería y procurador en Cortes. Todo esto es algo mas que convivir en sociedad; es ponérsela por montera y para remate llega al cambio – todo lo contario de aquel Régimen – y es director de PUEBLO – periódico del nuevo Estado democrático – y la Moncloa le nombra, además – y simultáneamente – gerente de los Medios de Comunicación social del Estado, porque como, según parece, tiene el don de la ubicuidad, es necesario en todas partes. Yo soy – según dice – ‘un gallo en sociedad’, Pero José Ramón Alonso es la sociedad.

Al final me advierte amenazadoramente ‘que no cante a destiempo que tenga prudencia y que me guarde de la zorra’. Los gallos cantan a la aurora, y no son prudentes, y la zorra bastante entretenida está cebando capones para venir a por mí. La zorra sabe que hasta puede liarse conmigo, si no intenta castrarme. Un gallo castrado es simplemente un capón desagradecido.

Emilio Romero

06 Diciembre 1979

UN POLLASTRE EN LA UVI

José Ramón Alonso

ALONSO: "Silencio, gallo, mala cosa es provocar a quien no tiene por qué callarse"

Hace muy pocos días rozó este diario el tema del gallo de Emilio Romero y su inesperada aparición en las páginas de INFORMACIONES, ahora pilotado por quien tantos años fue director de PUEBLO. Era un toque de florete, leve y sin intención polémica, pero que ha producido algo, como una cólera bíblica en la primera página del diario madrileño de Sebastián Auger, al cual se está sometiendo a la extraña terapia de ganarle varios enemigos en cada jornada. Emilio Romero, o si se prefiere su gallo, ha arremetido con extraordinaria violencia contra quien esto escribe, acusándole de tremendas cosas: haber sido amigo de Lequerica – uno de los hombres más inteligentes de nuestra diplomacia en este siglo – haber ejercido hace muchos años la dirección de Radio Nacional de España y de la Televisión Española, ser agregado de Prensa en el exterior, presidente del Sindicato Nacional de Hostelería y Turismo… Y, además, haber sido en la última guerra civil carlista, oficial de propaganda, aunque en los frentes de guerra y no en la retaguardia. Eso era todo, en sustancia. Y tal el motivo para estremecedora columna en primera página.

Entre los duros reproches del gallito figuraba nada menos que haber sido amigo de Arias Salgado que es el mismo ministro que hizo censor de Prensa a Romero hace luengos años. Claro es que en todos aquellos cargos no estuvo quien esto escribe ni por perfumados efluvios del Poder ni por raros favoritismos, sino por pertenecer a la primera promoción de Técnicos del Estado para la Información y el Turismo y ser, por tanto, uno de eso funcionarios de cuerpos especiales con los cuales en nuestro país, acaso como en todos, se nutern bastantes cargos dirigentes del a vida administrativa. No fue, por tanto, señalado a dedo, sino por su condición de técnico, y, desde luego, continúa siéndolo. La vieja Organización Sindical resultó ser por muchas décadas la única forma de encuadramiento legalmente existente, y la capitaneaba muy hábilmente José Solis, de quien Juan Aparicio ha escrito hace poco que ‘regalé a Romero un cortijo’, que era PUEBLO con todos sus gajes, cosechas y beneficios episcopales, entonces muy grandes. Desde 1965 este cronista estuvo apartado de todo ejercicio en la Prensa diarioa y fue llamado a nueva actividad para dirigir ‘Sábado Gráfico’, una revista contestaría y aperturista, desde la cual ganó muchos amigos, bastantes lectores y cuatro procesamientos ante el Tribunal de orden Público, ese famoso TOP que ni por asomo conoció nunca el precavido galllo. Y no era fácil estar en abierta postura crítica desde las murallas del viejo régimen. Entonces la crítica conducía al despido o a la cárcel. Que les pregunten a Calvo Serer o a Trevijano, o a Esperabe de Artega. ¿lo hemos olvidado?

Como Pablo Neruda podría este cronista decir aquello de confieso que he vivido, más en su larga biografía no tiene nada de que arrepentirse desde haber sido diplomado del CESEDEN hasta varias veces premio Ejército, la penultimap or una historia sobre nuestras Fuerzas Armadas. Eso de arremeter contra los hombres de joy haciendo a medias biografías de ayer, es pésima táctica al parecer muy del gusto de nuestro gallo, cuya biografía ofrece algunas facetas impresentables, que por buen gusto – y por el aroma de la vieja amistad – no saldrán retratadas en el caso. No puede, ni debe ese viejo gallo hacer el juicio crítico de nadie. Por eso del tejado de vidrio y porque con mirarse en un espejo le basta. Malo es hacer en este mundo de escarabajo pelotero, que ya sabemos lo que almacena en su casa. ¿Es que el intransigente humor del gallo hemos de estar los españoles soportando siempre, con los malos modos de antaño? Desde aquí, cualquier manta de la cual se tire es una manta del señor Romero, y podría escribirse un libro delicioso, al estilo del A retino, si algún sofá fuese capaz de relatar las memorias del parado. ¡Que libro sería ese, entre Casanova y el caballero audaz y solo para mayores de dieciocho años! Porque todo gallo tiene su harén y la diferencia del gallo del señor Romero con otro cualquiera es que aquel salía del presupuesto y era como un harén damasquiano. Aquí el caviar y el champán corrieron a cántaros. Antes de sacudir a nadie un ladrillazo, hay que tener l tejado propio muy aprueba de pedradas.

No me acucia ningún deseo de polémica barata, como al que inspira la citada columna de INFORMACIONES, donde el gallo aparece modestamente en la primera página, recordándonos la más triste época del periodismo en España. ¿Cuántos son los que no han recibido ningún agravio de ese viejo gallo en los pasados tiempos de la impunidad de la prepotencia y del uso y abuso del favor público? Pueden ser gracioso algunas veces, pero cada gracia se hacía a costa de la vida o del honor de alguien desde el diario MADRID, hasta quienes por censura o por miedo, no podían dar la respuesta adecuada. Todo fue bien mientras el gallo vivió en su primer corral, con ínfulas dictatoriales, pero después vinieron los tiempos difíciles de la Delegación Nacional de Prensa- ¡aún duran allí las deudas contraídas – y de LA JAULA, y de EL IMPARCIAL y ahora de INFORMACIONES, cuando las experiencias es mejor hacerlas con gaseosas y no desde empresas privadas que se ganan los enemigos que el gallo va sembrando. Lo malo es acabar de gallo de Morón y digerir la citica como en los viejos tiempos dictatoriales, cuando ante el gallo se temblaba. Lo malo de esa gallinácea son sus humores, que le llevan a buscar enemigos entre sus paisanos, entre sus amigos, entre sus compañeros de tarea diaria. ¡Cuánto podría decirse de ese pintoresco y viejo gallo, si se quisiera sacar también la navaja cabrilera y enzarzarse en pelea de rufianes! Hay terrenos a los cuales esta pluma no baja, porque entre caballeros los buenos odos son indispensables. Que lo comprenda el gallo y que no provoque más de la cuenta a quién conoce su historia párrafo a pa´rrafo, de cabo a cárcle. Aquí tenemos sus obras completas y este periódico es, en parte, obra suya, sobre todo en sus defectos más graves e irremediables. Hay momentos en lso que la elegancia social del silencio, se hace necesaria. Hubo mucho de podrido en esta pequeña Dinamarca.

Una polémica entre directores de una misma ciudad y de unos mismos medios debe mantenerse-  y esto el gallo parece no comprenderlo – sin chulecas peleas en la calle. El gallo de Romero, que tiene pésima fama ha comenzado a salirse del tiesto y ya el título de su concemantiro, ‘El capón’ debe esta referido a la acción o metáfora de dar paripotazo, porque en cualquier otro sentido o intención demostraría este cronista al gallo en cuestión que eso que se quitan los capones los lleva bien puestos, lo cual no podría afirmarse de ese polémico esquelético y procaz gallo de corral, criado con el maíz de los Sindicatos. Cada gallo canta en su muladar, como dice el refranero. ¿Qué este cronista tiene hoy al tiempo dos ocupaciones paralelas por cierto? Pues el gallo tiene al menos cuatro, pues, además de director de INFORMACIONES es plumífero en la AISS y ex censor de otro departamento del Estado, donde ya no están las censuras de Motesquinza, cuando las consignas eran el pan de cada día de nuestra doliente prensa. ¿No pasó el gallo por los servicios secretos de Información de la Falange? ¡Silencio, gallito, que te has pegado con otro dispuesto a dejar tu biografía hecha una lástima! Y por escribir queda mucho y para rato. Haríamos una película S con los datos completos de este gallo malhumorado.

En definitiva, silencio, gallo, porque has dado con otro dispuesto a ponerte colorado y a que de los espolones no quede ni rastro. Mala cosa es provocar a quien no tiene por qué callarse. Aquí guardamos las cuentas del viejo harén y aún conservo el botón que enciende la luz roja de la puerta cuando el despacho se convertía en gineceo y había que pagar prenda para entrar en la casa. Podría hacer del gallo una biografía escandalosa, pero no quiero caer en el libelo, ni me lo permite el rubor de las viejas amistades. Demasiado hay para contar desde las consejería cumera por Ávila hasta la buena y noble casa de San Roque, 7, donde ahora el gallo vuelve a cacarear cada tarde. Guarde el pollastre sus malos humores para donde se los aguanten, porque aquí se ha equivocado. Daríamos demasiado trabajo a la crónica negra de ese gallo que en un sitio canta y en otro pone los huevos que ya le faltan. En cuanto a PUEBLO confieso haberlo pilotado desde el verticalismo hasta la democracia, sin arrepentirme de nada. Y la paz a no ser que la experta gallinácea prefiera conocer su biografía más al o ancho. Habría trapitos para muy largo.

José Ramón Alonso

P. S.- Mi pluma e incluso mi conciencia se rebelan contra estas polémicas. ¿Es que nuestro periodismo debe volver a esto? ¿Será preciso la navaja para defenderse? ¿Hemos caído tan bajo? 

10 Diciembre 1979

Polémica ejemplar (I)

DIARIO16 (Director: Miguel Ángel Aguilar)

Hay que restregarse los ojos y lavarse la cara para comprobar que no estamos dormidos cuando se leen ciertas cosas como las escritas la pasada semana en la polémica abierta entre José Ramón Alonso, director de PUEBLO y gerente de los Medios de Comunicación Social del Estado, y Emilio Romero, director de INFORMACIONES y funcionario de la AISS agregado al Ministerio de Cultura (con una retribución en nómina por encima de las setenta mil pesetas y sin dedicación conocida alguna, según CAMBIO 16).

Cuentan que Eugenio Suárez, editor de una larga cadena de publicaciones, discutía agriamente con Tomás Cerro Corrochano, director general de Prensa del inolvidable Gabriel Arias Salgado. Una vez, exasperado por la cerrazón de su interlocutor, le dio ese último argumento: “¿Y para esto hemos muerto un millón de españoles?

Vista la polémica ejemplar de estos días nos atrevemos a preguntarnos ¿y para esto se hizo el referéndum de la reforma política y las elecciones  del 15 de junio de 1977 y la Constitución votada el 6 de diciembre de 1978 y las nuevas elecciones generales del 1 de marzo de 1979 y todo lo demás?

Vayamos a los textos. El lunes día 3, J. R. A. escribía de E. R. que había sabido convivir con el franquismo en todo su esplendor y variada gama, sentarse en todas las mesas y cacarear en todos los corros; se preguntaba si iba a tener aquella ‘libertad oficiosa de antaño y le advertía que se guardara de la zorra y no olvidara sus tiempos pasados de ave cortesana.

El martes día 4, bajo el sugestivo título de ‘El capón’, E. R. recordaba a J. R. A. que durante ‘los cuarenta años’ fue ardoroso y eficaz servidor del Estado franquista y del glorioso Movimiento y que la convivencia de J. R. A. con el pasado régimen había sido, si cabe, más brillante que la suya. E. R. enumeraba algunos cargos ostentados por J. R. A.

El jueves día 6, tras una jornada de descanso J. R. A. vuelve con más espacio y ahínco al tema. J. R. A. precisaba que E. R. fue promovido a censor por el ministro Gabriel Arias, insistía en que la biografía de E. R. ofrece algunas facetas impresentables y aseguraba que podría escribirse un libro delicioso al estilo de Aretino, si algún sofá de PUEBLO pudiera relatar las memorias del pasado. Bajando a la arena afirmaba que si todo gallo tiene su harén, la diferencia del gallo de E. R. con otro cualquiera  que aquel salía del presupuesto y era como un harén damasquinado. “Aquí el caviar y el champán corrieron a cántaros”, dice J. R. A., que, al parecer, guarda las cuentas del viejo harén y conserva el botón que encendía la luz roja de la puerta cuando el despacho de E. R. se convertía en gineceo y había que pagar prenda para entrar en la casa de PUEBLO.

De aquellos tiempos proviene aquel desplante de E. R. que hizo época en la picaresca degradante del franquismo: “Prefiero las piernas de la hija que la pluma del padre”, frase que sirvió para deshacerse de un redactor de entonces.

J. R. A. añade que E. R. se empeña en recordarnos la más triste época del periodismo en España y se pregunta: “¿Cuántos son los que no han recibido algún agravio de ese viejo gallo, en los tiempos de la impunidad, de la prepotencia y del uso y abuso del poder público?”

El viernes 7 E. R. se refirió la texto de J. R. A. para sentenciar que la posteridad va a ser generosa con él. Tampoco le ha faltado al presente esa condición.

11 Diciembre 1979

Polémica ejemplar (y II)

DIARIO16 (Director: Miguel Ángel Aguilar)

¿Por qué J. R. A. no entrega todos esos testimonios de corrupción de E. R. en PUEBLO - incluidas las cuentas del harén y el caviar - al Juzgado de Guardia y a la comisión del Congreso correspondiente? Los pícaros aprovechados no pueden estar en la nómina de la democracia a cargo del contribuyente ni un día más.

Hoy nos parecen obligadas algunas consideraciones elementales sobre una cuestión que ejemplifica el momento que vive la prensa de este país y permite observar con la técnica de análisis del caso los costes de la reforma.

He aquí algunas de las preguntas que plantean los textos intercambiados entre J. R. A. y E. R. ¿Cómo es que J. R. A. acumula al cargo de director de PUEBLO el de gerente de Medios de Comunicación Social del Estado? ¿Cómo persiste todavía ese bodrio de los Medios de Comunicación social del Estado? ¿Por qué no se devuelven a sus legítimos propietarios los periódicos que les fueron incautados – ahí continúa sin eco alguno, por ejemplo, la reclamación de los propietarios de HERALDO DE MADRID – y se subastan los restantes, tras ofrecérselos primero a los propios trabajadores? ¿Cómo explicar que E. R. figure en las nóminas del Ministerio de Cultura, donde según CAMBIO16 no se le conoce dedicación alguna, salvo la de enjabonar desde el periódico que dirige al titular del departamento? ¿Qué sentido tiene que mientras los demócratas que lucharon contra la dictadura y aguantaron sus zapatos siguen a la intemperie, sus represores a sueldo en las filas del verticalismo y del Movimiento hayan sido en pago a estos servicios elevados ahora al rango de funcionarios? ¿Es que no hay pensiones para las víctimas pero sí nóminas vitalicias para los verdugos, los censores y toda esa ralea que dedican su ocio retribuido a practicar el deporte de escarnecer a la democracia? ¿Por qué J. R. A. no entrega todos esos testimonios de corrupción de E. R. en PUEBLO – incluidas las cuentas del harén y el caviar – al Juzgado de Guardia y a la comisión del Congreso correspondiente? ¿Hasta cuándo llegará el abuso de esos dómines, que se alzaron con el santo y la limosna, que posaron durante décadas como ‘maestros’ del periodismo, que edificaron sus prestigios sobre el solar desierto por la muerte y el exilio de Javier Bueno, de Julián Zugagagoitia, de Corpus Barga y de tantos otros? ¿Es que no se advierten los estragos causados por estas ‘figuras’ en las generaciones nacidas a la actividad periodística después de la Guerra Civil, huérfanas de referencias dignificadoras?

Ahí está, por citar otro ejemplo, el caso de Lucio del Álamo, que dejó a la Asociación de la Prensa de Madrid una deuda de más de mil quiniestos millones de pesetas, con unas cuentas altamente acusadoras para sí mismo. Ahora percibe como jubilación mensual de esa misma corporación, a la que arruinó con sus actividades, más de doscientas veinte mil pesetas. En justa correlación, ciento noventa viudas y pensionistas de la Prensa se reparten mensualmente novecientas mil pesetas, lo que supone una media inferior a cinco mil pesetas, y eso cuando tienen la suerte de que se les pague.

Entonces vienen los elegantes y dicen que no hay que remover el pasado. Amnistía para los franquistas, de acuerdo. Pero los pícaros aprovechados no pueden estar en la nómina de la democracia a cargo del contribuyente ni un día más.

El Análisis

¿A QUÉ VENÍA 'JUDICIALIZAR' LA POLÉMICA?

JF Lamata

El combate entre D. Emilio Romero y D. José Ramón Alonso fue, en efecto, una polémica ejemplar. Dos directores de periódicos de ámbito nacional sacándose las vergüenzas a la vez que intentaban dar lo mejor de la prosa. Como siempre, la política de fondo, al margen de que ambos se acusaran mutuamente de lo muy franquistas que habían sido cada uno en el pasado, la clave de la polémica era que el Sr. Romero era un periodista anti-Suárez y el Sr. Alonso era un periodista pro-Suárez. Al 100% no se pueden saber los motivos, pero al Sr. Romero lo había sacado de la prensa del Estado el Sr. Suárez, mientras que al Sr. Alonso lo había puesto al frente de la prensa del Estado el Sr. Suárez.

Dejando al margen algunas dudas como el extraño echo de que el Sr. Romero tuviera un sueldo del ministerio de Cultura sin que se supieran bien los motivos, lo más chocante de esta historia es la querella judicial. Vale que lo del ‘perro no come carne de perro’ siempre ha sido una chorrada puesto que ningún periodista en ningún momento de la historia española ha respetado esa norma. Pero… que sean periodistas los que demanden a periodistas… no es lo que se espera con profesionales de la pluma con tanta trayectoria. Que se ataquen e insulten, vale… ¿pero a cuento de qué usar el recurso de la demanda? ¿No se dieron cuenta los Sres. Alonso y Romero lo absurdo que suponía que se consideraran con derecho a injuriar al otro, pero que a la vez negaran al otro el derecho a injuriarles a ellos?

J. F. Lamata

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