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Ante los insultos, el presentador, Albert Om respondió con risotadas, mientras el público aplaudia eufórico

Indignación contra TV3 por los insultos de Pepe Rubianes en ‘El Club’ ante las risas de Albert Om: «¡Que reviente la puta España!»

HECHOS

El 20.01.2006 el programa ‘El Club’ de TV3 de D. Albert Om realizó una entrevista al Sr. Pepe Rubianes en las que se refirió con exabruptos a la unidad de España.

27 Enero 2006

FASCISMO COTIDIANO

Federico Jiménez Losantos

El público de TV3 y el presentador se tronchaban de risa con Rubianes. ¡Claro, la costumbre! ¿Y la Izquierda? Gemma Nierga ya ha salido a exculpar a Rubianes y situarlo en su contexto: sólo insultaba a la Derecha. Bien hecho. El fascismo es un contexto.

Hay que situar en su contexto la penúltima hazaña de la televisión pública de Maragall, Carod y Saura. Cuando Pepe Rubianes dice en horario infantil «que se vayan a tomar por el culo estos españoles», cuando precisa «ojalá les exploten los cojones y vayan al cielo sus cojones» y cuando resume «que se vaya a la mierda la puta España» no está haciendo nada raro. Cuando en el AVUI, ese periódico varias veces quebrado y otras tantas reflotado por la Generalidad de Cataluña, (sea mediante subvención directa, sea mediante el «impuesto revolucionario» a los editores de periódicos en castellano) su columnista Oriol Malló amenaza de muerte a los intelectuales firmantes del manifiesto contra el despotismo lingüístico nacionalista, cuando otro columnista del diario de Godó, Lara y el Gobierno de Maragall y Carod dice que los militares golpistas que vayan a Barcelona lo hagan sin sus madres porque en Barcelona está prohibida la prostitución, hacen lo que deben. Cuando un juez dice que en vez de un tiro en la rodilla los chicos de ERC que antes eran de Terra Lliure y el MDT (su Otegi era Puigcercós) tenían que haberme pegado un tiro en el corazón, que no tengo, hace muy bien. Tan bien que el Colegio de Periodistas de Cataluña sale en defensa del «compañero Fanlo».

Cuando a la COPE en general y a mí en particular nos insultan a diario en TV3 o en el AVUI con cargo al bolsillo de todos los catalanes, empezando por mi editor Lara y el que lo era en ANTENA 3, Godó, antes de entregársela ilegalmente a Polanco para que la cerrase, no hacen sino cumplir un rito de todos los fascismos, cuyo modelo de perfección es la Alemania nazi: buscar un chivo expiatorio que no se pueda defender y al que achacarle todos los males de la patria pasados y presentes, reales o inventados, desde la ruina de los obreros, hasta la crucifixión de niños pasando por los insultos a la nación indefensa. El mensaje de odio y de exterminio debe calar en toda la población, empezando por los niños. Así, tras llegar al poder por las urnas, pueden cerrar entre aplausos los medios que no obedezcan al imperativo patriótico del nacionalsocialismo y luego expulsar o eliminar a los enemigos de Alemania. O de Euskadi. O de Cataluña. Lo del cómico Rubianes es lo mismo que lo del cómico de Cabaret cuando deja de hacer chistes verdes y hace el número de la gorila que, claro, es judía. Ja, ja. El público de TV3 y el presentador se tronchaban de risa con Rubianes. ¡Claro, la costumbre! ¡Y a ver quién silba! «Media Extremadura come de Cataluña» insiste el gracioso en e-noticies, «ni los perros rabiosos muerden la mano que les da de comer». ¿Y la Izquierda? Gemma Nierga ya ha salido a exculpar a Rubianes y situarlo en su contexto: sólo insultaba a la Derecha. Bien hecho. El fascismo es un contexto. La dictadura es cosa de todos los días.

Federico Jiménez Losantos

26 Enero 2006

UNA MÁS DE ADOCTRINAMIENTO

Ignacio Villa

Después de escuchar lo dicho en TV3 por Pepe Rubianes –a quién muchos recordarán por aquella serie nefasta de televisión llamada Maki Navaja– es difícil explicar como todavía el programa en los que ha vertido esas declaraciones contra España, los españoles y la COPE sigue en antena. O sería difícil de explicar si Cataluña no viviera secuestrada por una clase política que sólo mira con lupa hacia los medios de comunicación críticos con el poder establecido. La escena de Rubianes en TV3 confirma muchas denuncias ya realizadas con anterioridad: desde el poder político se persigue a los adversarios y se fomenta con la comprensión a aquellos que hacen el trabajo sucio de crear y azuzar un ambiente hostil contra el consenso constitucional y los principios establecidos en la democracia española.

Programas como “El Club”, en el que Rubianes ha vomitado su odio hacia todo lo que se mueve fuera de los objetivos independentistas, son más eficaces que muchas iniciativas parlamentarias. Cuando esa actitud es consentida y reída por el presentador del programa, y cuando esos insultos contra España y la normalidad constitucional son escuchados durante las 24 horas de la programación es que estamos ante una clara estrategia de adoctrinamiento. No es una frivolidad, sin más; es un diseño de ataque sistemático contra todo lo que no representa a los intereses del independentismo. Estamos, sin ninguna duda, ante esa catarata constante azuzada desde el Gobierno catalán de un pensamiento único, radical y violento contra lo que signifique un modelo cohesionado de España.

Esta estrategia política de fondo dirigida desde el poder es lo que explica que las declaraciones realizadas por Rubianes en horario infantil, con importantes índices de audiencia y en una cadena pública no hayan tenido repercusiones oficiales. Es más, el Consejo Audiovisual ha dicho –lacónicamente– que ha recibido una denuncia de lo ocurrido y se está estudiando. Eso es todo lo que ha dicho sobre el caso, mientras añadía que TV3 es la televisión más imparcial de todas, una imparcialidad que sólo forma parte de la imaginación de los redactores del informe del CAC.

¿Se pueden figurar que hubiera pasado si en TVE alguien como Rubianes insulta a Cataluña y a los catalanes? Pues sencillamente que desde el Totopartito se hubieran pedido una larga lista de dimisiones en el Ente público. En cambio, todavía no hemos escuchado ningún reproche del gobierno Zapatero y, por su silencio, pareciera que TV3 no tiene ninguna relación con el Tripartito. Los nacionalistas catalanes simplemente ríen, satisfechos de su sectarismo y su propaganda doctrinaria.

01 Febrero 2006

El disfraz

Elvira Lindo

De la intervención del cómico Rubianes en una tele pública me duelen para empezar las palabras elegidas, es una violencia verbal que se va asentando en España y a la que fatalmente nos acabaremos acostumbrando. No quiero decir que las personas que forman el mundo de la cultura deban servir de ejemplo, pero sí se les debiera presuponer una manera diferente de expresar una idea. Hay dos cosas en torno a este asunto que me preocupan, no sólo a mí, sino a personas como yo, a las que integraría en el resbaladizo pero significativo calificativo de «democráticas», término que se repite mucho pero se practica poco. La primera es la dificultad que existe en nuestro país de afear la conducta a alguien que tú consideras de los tuyos. Es una carencia que tenemos, que debe estar relacionada con lo que suele decirme un amigo angloespañol: «Inglaterra ha vivido 300 años de democracia; España, 30, y eso se nota». Se nota en que los primeros que tendrían que haber afeado la conducta del cómico de verbo rabioso debieran haber sido los suyos; de igual forma que mal futuro le espera a la derecha si deja que sus voceros sean de corte cromañónico. Mi segunda preocupación, la que comparto con gente que está espantada del tono general y que se siente ajena al país y desconsolada, es la idea de que unas comunidades (presuntamente más laboriosas) alimentan a otras. Es una idea latente que emerge en cuanto algunos relajan su discurso, y se podría decir que hay hoy una alegre relajación general: hablamos en los medios públicos como en los bares. La diferencia debiera ser que en el bar uno está en su derecho de dar puñetazos en la barra, faltaría más, mientras que en un medio público uno debiera pensar lo que dice dos veces. Esto de que el pobre ha de estar agradecido al rico no sólo es reaccionario, sino radicalmente falso: los inmigrantes andaluces, extremeños, murcianos que trabajaron en otras zonas de España o en Alemania se ganaron el pan con el sudor de su frente, de la misma forma que al ecuatoriano o al polaco que llegan a nuestro país no sólo nadie les regala nada, sino que contribuyen a nuestro bienestar. Es el mismo ejemplo, sólo que uno luce el disfraz progresista y el otro carca, y así nos va.

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