12 marzo 1942

Japón invade totalmente Filipinas forzando a las tropas del general norteamericano MacArthur a retirarse al grito de «¡Volveré!»

Hechos

El 12 de marzo de 1942 MacArthur se retiró de Filipinas.

Lecturas

Japón ya había conquistado Malasia y Singapur. 

Este 12 de marzo de 1942 por orden del presidente Franklin Delano Roosevelt, el general norteamericano Douglas MacArthur abandonó ayer la isla de Corregidor, en Filipinas, con rumbo a Australia.

La partida del jefe militar ha desmoralizado aún más, si cabe, a las tropas de Estados Unidos que todavía resisten en Japón, junto al diminuto ejército filipino sin preparación ni equipo apropiado, la ofensiva aérea y naval japonesa, iniciada el mismo 8 de diciembre, fecha del ataque sorpresa a Pearl Harbor.

Las fuerzas norteamericanas han quedado reducidas a una quinta parte de los efectivos iniciales, y desde Washington no se brindará ningún alivio a su situación.

El grueso de las tropas americanas se replegó el 6 de enero, por orden de MacArthur hacia la península de Batán.

La guerra en el Pacífico cambiará tras la batalla de Midway. 

El Análisis

Filipinas bajo el yugo del sol naciente

JF Lamata

La caída de Filipinas en manos del Imperio Japonés marca otro golpe doloroso para los Estados Unidos y sus aliados en el Pacífico. Las fuerzas niponas, bajo el mando de los generales Tojo, Yamashita y Masaharu Homma, han demostrado una eficacia militar apabullante, arrasando posiciones americanas y obligando al general MacArthur a una retirada que, sin embargo, ha sido hábilmente revestida de simbolismo con una sola promesa lanzada a su paso: “Volveré”. Tres letras que han encendido la esperanza de millones de filipinos que hoy sufren una nueva ocupación, más severa aún que las anteriores.

Lejos de ser liberadores, como proclamaba la propaganda del Eje, los japoneses han impuesto un régimen brutal que ha hecho añorar incluso el dominio colonial estadounidense, e incluso el más remoto recuerdo del imperio español. La designación de José Laurel como presidente bajo la tutela japonesa no ha engañado a nadie: se trata de un gobierno títere, sin soberanía ni poder real. Laurel, consciente de su papel limitado, parece mover sus hilos más con la intención de mitigar el castigo sobre su pueblo que de gobernar con independencia.

El caso filipino desenmascara el verdadero objetivo del Imperio Japonés en Asia: no liberar a los pueblos del yugo occidental, sino reemplazarlo por otro aún más despiadado. “Asia para los asiáticos” ha resultado ser, en la práctica, Asia para Tokio. Pero la resistencia moral del pueblo filipino y su fe en el regreso del general MacArthur constituyen una llama que los ocupantes no han logrado apagar. Filipinas no ha sido conquistada del todo: su corazón sigue esperando el día del regreso.

J. F. Lamata