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El sacrificio del perro Excalibur desata una ola de protestas y homenajes hacia el can que no causó la muerte de dos misioneros españoles por la misma enfermedad

Una enfermera española se contagia de ébola destando una crisis que desemboca en la caída del Consejero de Sanidad de Madrid

HECHOS

El 4.12.2014 la Comunidad de Madrid informó del cese de D. Javier Rodríguez como Consejero de Sanidad.

Dos misioneros españoles contagiados de ébola fueron trasladados a España para que pudieran morir en su país de origen. A pesar de que Sanidad garantizó de que no había ningún tipo de riesgo, una enfermera española, Dña. Teresa Romero, se vio infectada por la temible enfermedad. Lo que causó que su marido fuera puesto en cuarentena y su perro fuera sacrificado por miedo a la posible expansión de la enfermedad. Aunque por unos días se temió por su vida, Dña. Teresa Romero logró ser tratada a tiempo y salir intacta de la enfermedad.

LOS POLÍTICOS CUESTIONADOS POR EL ‘CASO ÉBOLA’

mato_ministra Desde el primer momento que se conoció el contagio, miembros de la oposición y también de los medios de comunicación de la oposición pidieron la dimisión de la ministra de Sanidad, Dña. Ana Mato, responsabilizándola de lo ocurrido y de no dar la imagen de autoridad y entereza necesaria ante un caso de tal gravedad. Al final la Sra. Mato dimitiría aunque no tanto por el caso de Dña. Teresa Romero, sino porque aquel caso coincidió con la publicación del sumario Gürtel en la que se le citaba como beneficiaria por desconocimiento a título lucrativo.

JavierRodriguez La principal ‘caída política’ por el caso del contagio de Dña. Teresa Romero fue la del Doctor Javier Rodríguez, el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, que fue cesado el 1 de diciembre de 2014 después de una larga campaña político y mediática en su contra. La Sr. Rodríguez realizó una comparecencia en la que destacó mucho más que su preocupación en que se salvase la Sra. Romero, un interés en dejar claro que la Sra. Romero era la única responsable del contagio por, según él, haberse saltado el protocolo. Además el Sr. Rodríguez deslizó la idea de que la enfermera podía haber «mentido», en vez de utilizar la expresión «se pudo olvidar», «se pudo confundir», conjugó el verbo «mentir», que tenía una intencionalidad que llenó de indignación a parte de la opinión publicada. El Sr. Rodríguez trató de disculparse ante la familia de Dña. Teresa Romero, pero estos se negaron a recibirle.

LOS OTROS PERSONAJES DEL ‘CASO ÉBOLA’

teresaMesa La ‘tarotista’ Dña. Teresa Mesa fue la primera portavoz oficial de la familia de Dña. Teresa Romero cuando esta y su marido todavía estaban ingresados. Una vez fueron dados de alta D. Javier Limón la comunicó que prescindía de sus servicios para reemplazarla por el abogado D. José María Garzón, que se convertía en el único portavoz oficial de la familia. Se insinuó entonces si la Sra. Mesa había cobrado – en concreto el periodista de ABC, D. David Gistau (tertuliano en las mañanas de Atresmedia) denunció en su periódico que había firmado por las mañanas de Mediaset España por ir en exclusiva a su plató. La Sra. Mesa negaría posteriormente haber cobrado e insinuaría que quien sí quería cobrar era el abogado Sr. Garzón.

excalibur El perro Excalibur fue el gran ‘martir’ del caso Ébola. Las autoridades sanitarias de Madrid lo sacrificaron por temor a que estuviera contagiado de Ébola, seguidores animalistas tras intentar bloquear el piso en el que se encontraba para que la policía no pudiera penetrar en él, llenaron de flores el portal donde había fallecido e hicieron grandes manifestaciones en su memoria denunciando «su asesinato». Dándose el contraste de que no había habido casi ningún acto en memoria de los misioneros fallecidos, pero sí por el perro.

JavierLimon D. Javier Limón, marido de Dña. Teresa Romero,  realizó varios llamamientos a las redes sociales desde el hospital en el que estaba ingresado «a toda la población española» para que evitaran «el asesinato de su perro Excalibur». Tras el fracaso, el Sr. Limón desde que fue dado de alta no se cansó de denunciar el crimen que había supuesto para él la muerte del citado animal.

  •  D. Antonio García Ferreras: “Una auxiliar de enfermería que había atendido a un misionero con Évora estuvo haciendo vida normal durante varios días a pesar de estar con fiebre. Y a estas horas ningún responsable sanitario ha dimitido. Y las explicaciones ofrecidas han sido penosas. La ministra Ana Mato ha demostrado una vez más un nivel de incompetencia insuperable. Su rueda de prensa de anoche fue de la vergüenza y la desvergüenza. Aquí no buscamos alarmismo, hacemos periodismo. Le guste o no al gobierno y a sus pelotas” (Al Rojo Vivo, 7-10-2013).
01 Noviembre 2014

Mato no mata

Mariló Montero

Fue un accidente del que afortunadamente estamos saliendo. Pero más dichosos somos de que el ébola no se haya propagado por España. Sólo ha sido sacrificado un perro que tenía altas probabilidades de estar contagiado.

SI hemos de ser justos hablemos claro. Es cierto que la ministra Ana Mato confiesa no haber sido dotada de ser la mejor comunicadora entre quienes suspenden entre sus manos las carteras ministeriales del Gobierno. Como también es cierto que es una de las ministras más valoradas por el presidente, quien confió en ella para el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Ana Mato es una mujer que se dedica a trabajar y los resultados de su ministerio la avalan. Pero todo logro puede verse derrumbado por una mala actuación como la que se produjo en su primera rueda de prensa cuando quiso, tan sólo a media hora de haberse enterado de que se había producido el primer caso de ébola -fuera de África, en España-, comunicar a la sociedad dicho hecho.

La ministra salió vestida de negro ante los medios escoltada por los médicos expertos en el caso que debían abordar: el de Teresa Romero. Salió de negro porque ese día en su agenda no tenía previsto ningún acto público. El negro no es un color que suela usar para vestirse, pero así se escribe la casualidad. Era día para el despacho, pero la coyuntura desvió los planes. Su prioridad era comunicar que una enfermera se había contagiado por ébola y con la mínima información se expuso ante las cámaras. Ella no es médico, por lo que dejó que fueran ellos quienes explicaran los detalles del caso. En el colgador de su oficina prendía el abrigo con el que llegó a trabajar, pero era blanco. Valoró, por un momento, cubrirse la ropa negra con él, pero no le pareció oportuno lucir así para anunciar una noticia de gravedad. Priorizó el contenido a la forma. La rueda de prensa resultó tan inquietante como demoledora.

A pesar de ello, Ana Mato se dedicó a dar a conocer la noticia y acto seguido a crear los gabinetes necesarios para controlar el posible contagio. En 48 horas contuvo la situación obedeciendo los protocolos establecidos por la OMS, y fue más allá cuando los veía insuficientes. A la ministra no la defenestró Rajoy ya que la crisis del ébola, al implicar a varios ministerios, pasaba, como era natural y preceptivo, a manos de la vicepresidenta. Rajoy visitó el hospital, primero porque es el presidente y después porque Mato continuaba dando explicaciones en el Senado y el Congreso. Casi sin horas para dormir se encargaron a varios países medicamentos que pudieran salvar la vida de Teresa Romero. Todo se puso a disposición de la infectada mientras ejercía el loable trabajo de cuidar a los misioneros que fallecieron por ébola repatriados desde África. Fue un accidente del que afortunadamente estamos saliendo. Pero más dichosos somos de que el ébola no se haya propagado por España. Sólo ha sido sacrificado un perro que tenía altas probabilidades de estar contagiado. Sería simplista reducir la crisis del ébola, perfectamente controlado hasta ahora, pidiendo la dimisión de una ministra cuyo único defecto es ser tremendamente tímida pero magnífica gestora.

Mariló Montero

17 Octubre 2014

El agujero

David Gistau

Teresa Mesa ha firmado con el programa matinal de Ana Rosa Quintana un contrato en exclusiva, un horario específico, de 9 a 13, durante el cual la portavoz tiene prohibido emocionar a todo público televisivo que no sea el de la feria de TELECINCO.

Admito que con esto me pongo reiterativo. Pero el oficio del periodismo me obliga cada cierto tiempo a recomendar al lector una película de Billy Wilder, titulada en España ‘El gran carnaval’, que retrata con crudeza la comercialización de la tragedia, su conversión en divertimento popular, cuando no en atracción de una barraca de feria: el Increíble Hombre Moribundo, por ejemplo, pasen y vean. En la película, Kirk Douglas interpreta a un periodista, antaño importante en Nueva York, pero venido a menos por culpa del alcoholismo, exiliado en un periodicucho de Nuevo México, que detecta una oportunidad para relanzar su carrera convirtiendo en serial el accidente de un hombre atrapado por un derrumbe dentro de una cueva. Para no perder la historia, llegará incluso a convencer a los servicios de rescata que demoren su salvamento. Alrededor del agujero en que el hombre atrapado agoniza, la expectación morbosa irá en aumento hasta el punto de que acabará armándose una feria con vendedores de salchichas y una noria para los niños. En el juego del periodista participará por dinero una ex que emociona al público fingiendo emociones y angustias de las que en realidad carece. Es la visión más corrosiva, más incluso que la del condenado a muerte escondido dentro de un arcón en ‘Primera Plana’ con la que Wilder destapó las inmundicias del periodismo.

El periodismo ya ha instalado su noria junto a un agujero alegórico, aquel en el que Teresa Romero lucha contra su enfermedad mientras su marido se enfrenta a una doble ansiedad: la preocupación por su esposa y el miedo a un diagnóstico. Mientras ellos están aislados, una mujer sobre la cual ha caído la portavocía familiar, que entra y sale del hospital, ha firmado con el programa matinal de Ana Rosa Quintana un contrato en exclusiva idéntico al que habría gestionado el reportero de Wilder. Incluye un horario específico, de 9 a 13, durante el cual la portavoz tiene prohibido emocionar a todo público televisivo que no sea el de la feria de TELECINCO. Una vez que esto se supo, la productora negó la existencia del contrato. Lo negó también la portavoz, a la que Javier Limón ha pedido explicaciones. Pero ocurre que, antes de eso, la portavoz declinó solicitudes de entrevista en televisión alegando que un contrato se lo impedía hasta pasadas las 13 horas.

Estas prácticas son demasiado antiguas como para no aludir a ellas con un cinismo formado por la experiencia de lo que ocurre cuando el periodismo deriva al ‘show’. Pero este caso particular indica qué espera a Javier Limón y a Teresa Romero cuando por fin salgan del agujero: las más generosas propuestas fáusticas para que se avengan, ellos mismos, a convertirse en personajes de feria, a comerciar con su drama. Les deseo que pronto vivan su vida de siempre, olvidados por todos, incluso por Kirk Douglas.

David Gistau

El Análisis

¿Hay alguna posibilidad de no ser frívolo?

JF Lamata

Teniendo en cuenta el número de muertos que provoca al año una enfermedad tan terrible como es el ébola, debería estar prohibido frivolizar… pero cómo no hacerlo teniendo en cuenta todo el circo que se montó, porque si algo quedó claro es que la vida de los misioneros muertos importaba a todo el mundo un pimiento y la muerte de Dña. Teresa Romero importaba pimiento y medio. A los medios de comunicación de la oposición, lo que les interesaba básicamente es saber si podían cargarse políticamente a Dña. Ana Mato o no, y luego a D. Javier Rodríguez. A D. Javier Rodríguez básicamente lo único que parecía importarle era salvar su sillón (algo que no parece que consiguiera). A otros medios les importaba la audiencia y a la competencia de estos que quedara claro que si sus rivales les ganaban era porque pagaban más que ellos. A los animalistas les interesaba el caso Excalibur para poder aumentar su ‘looby’ mediático… en resumidas cuentas ¿a quién le importaba realmente la vida de Dña. Teresa Romero? ¿A quién le importaban de verdad los muertos por ébola en África? Estamos demasiado ocupados con todas estas importantísimas chorradas como para que nos importen esas menudencias.

J. F. Lamata

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