21 julio 2024
Cambio en el rival de Trump pocas semanas antes de la convención y sin pasar por primarias
Joe Biden es forzado a renunciar a la reelección como presidente de los Estados Unidos, Kamala Harris la sustituirá como aspirante del Partido Demócrata
Hechos
El 21 de julio de 2024 el Sr. Joe Biden anunció su renuncia a la candidatura a la presidencia de los Estados Unidos por el Partido Demócrata en las elecciones de noviembre.
Lecturas
El 20 de junio de 2024 se celebra en los Estados Unidos de América entre los dos inminentes candidatos a la presidencia del país por los dos grandes partidos, Donald Trump por el Partido Republicano y Joe Biden, presidente en funciones, por el Partido Demócrata para las elecciones de noviembre. En el debate los distintos analistas coinciden en que Joe Biden dio tal imagen de debilidad que no debía continuar siendo candidato del Partido Demócrata.
A pesar de las negativas del presidente para retirarse, el incremento de la presión le forzará a renunciar el 21 de julio de 2024 a ser el candidato del Partido Demócrata en las elecciones de noviembre. Le reemplazó su hasta ahora vicepresidenta, Kamala Harris, sin pasar por primarias.
Las elecciones de noviembre de 2024 serán, por tanto, entre Donald Trump y Kamala Harris.
29 Junio 2024
Grave fracaso de Biden
La desastrosa imagen de fragilidad proyectada por el presidente Joe Biden durante el primer debate presidencial, celebrado el jueves en Atlanta, ha hecho saltar por los aires el delicado consenso que existía en el Partido Demócrata para ignorar las dudas acerca de la capacidad física de su candidato para estar cuatro años más en la Casa Blanca. No caben medias tintas a la hora de calificar la actuación de Biden, que titubeó y pareció perder el hilo de sus pensamientos en varias ocasiones ante 48 millones de espectadores. En algunos pasajes mostró una mirada desorientada, en otros respondió con un hilo de voz inaudible. No hacen falta memes ni vídeos editados con malicia. Su desempeño mejoró con los minutos, pero el daño a su imagen provocado en la primera media hora fue profundo y parece irrecuperable.
En la era de polarización extrema que vive Estados Unidos, prácticamente no hay permeabilidad entre partidarios del demócrata Biden, de 81 años, y su oponente republicano, Donald Trump, de 78. Ambas campañas se basan menos en propuestas que en la movilización contra el otro. Solo en ese contexto, y por el hecho de que son los dos candidatos de más edad en la historia, cobra relevancia la cuestión de la fortaleza física y mental. Una de las razones para aceptar un debate tan pronto (faltan semanas para que ambos sean oficialmente candidatos) era la necesidad de dejar atrás de una vez por todas el argumento de la senilidad de Biden, una preocupación legítima de un sector de votantes exagerada por los republicanos y con una influencia incierta sobre el voto. Lejos de cumplir su objetivo, Biden regaló a Trump una actuación que justifica plenamente tanto las dudas como las exageraciones. La cuestión senil en la campaña, periférica hasta el jueves, es ahora el asunto central.
Quedó así completamente enterrado el contenido de un debate en el que Biden trató de contestar a los temas con datos y defendiendo su desempeño en estos cuatro años. Enfrente, Donald Trump dio la versión argumental más extrema de sí mismo. El republicano, al que su propio partido intentó descabalgar de la nominación por todos los medios, confirmó su estilo caótico y paranoico. Acusarle de mentir, como hizo Biden repetidamente en el debate y como es evidente para cualquiera que escuche con atención sus palabras, no hace justicia al nivel de toxicidad de lo que dice. Las afirmaciones de Trump desafían el concepto mismo de mentira: son bulos salidos de rincones siniestros de internet y repetidos en horario de máxima audiencia. Pero habló con energía y convicción frente a un Biden frágil, que incluso se enredó en intentar contrarrestar los disparates en directo. El gran fracaso demócrata se concreta en que hoy se hable más de la capacidad de Biden que de los argumentos peligrosos y delirantes de Trump.
Los demócratas se enfrentan ahora a un momento grave de crisis de confianza. Tratar de cambiar al candidato, especialmente si Biden no quiere, es una operación de altísimo riesgo a estas alturas que no se puede ejecutar al calor de los tuits o las columnas de opinión. Los demócratas ganan elecciones con el argumento de que Trump es un peligro para la democracia misma, porque lo es. Una mayoría de votantes así lo entiende. Pero han confiado demasiado en que poner a Trump en el centro de la campaña era suficiente para ganar por oposición. Ahora, la campaña es sobre Biden, y para eso no parece haber una estrategia preparada. Las presiones para buscar una solución se han disparado en las últimas horas. El dique contra Trump se resquebraja, y el mundo contiene la respiración.
29 Junio 2024
Biden proyecta una inquietante imagen de fragilidad al mundo
EL DETERIORO cognitivo y físico que Joe Biden mostró este jueves en su debate con Donald Trump proyectó una imagen de debilidad difícilmente borrable, e impropia de la presidencia de la primera potencia democrática del mundo. La derrota del líder demócrata, incapaz de enfrentarse dialécticamente a su rival republicano, ha encendido todas las alarmas en su partido, pero también lanza un inquietante mensaje al tablero internacional. En un momento de pulso autocrático a las democracias liberales, con Rusia amenazando el estilo de vida occidental y con las fuerzas soberanistas tomando posiciones en la UE, el mundo observó en directo a un presidente de Estados Unidos senil, dubitativo y acorralado por su predecesor. Trump, que, tras acelerar el declive democrático del país en su primer mandato, quiere regresar al poder, sale ahora fortalecido de cara a las elecciones de noviembre, cuando ya encabezaba los sondeos.
Las dudas que existían sobre la salud de Biden, de 81 años, se han multiplicado. Dada su actuación en la CNN, por momentos ausente, parece evidente que no está preparado para afrontar otros cuatro años de mandato. Si Trump, que apostó por mantener la calma y deslegitimar a Biden a base de sarcasmo, ganó con facilidad, no fue sólo por sus métodos populistas, ajenos a las reglas clásicas del juego político, sino porque no tuvo enfrente a un contrincante que le devolviera los golpes. Biden no supo rebatir las falsedades con las que Trump pintó una América en caída libre, «destruida» en el interior por la inflación y por una inmigración que identificó con el crimen, y ninguneada en el exterior por la fragilidad del demócrata. «Si hubiera un presidente de verdad, respetado por Putin, Ucrania no habría sido invadida», dijo. También tachó de «palestino débil» a Biden, cuestionado por el ala izquierda de su partido, que le reprocha su falta de contundencia con Netanyahu en Gaza.
Pudiendo contrarrestar ese discurso con la gestión económica saneada que ha capitaneado, Biden apenas alcanzó a insultar a su oponente tachándolo de «idiota y perdedor». Tampoco presionó a Trump en dos de sus puntos débiles: el asalto al Capitolio, por el que está siendo procesado, y las restricciones al aborto, a las que se opone gran parte de la sociedad.
Las escenas resultaron tan elocuentes que importantes medios del espacio demócrata plantean ya abiertamente la necesidad de que Biden sea reemplazado. La operación debería partir de la renuncia voluntaria del presidente para dejar paso a la nominación de otro candidato. Ayer los líderes del partido salieron a respaldarle, pero el horizonte es incierto y requiere una reflexión de los demócratas, que se han mostrado incapaces de articular una candidatura sólida y fuerte frente al enorme riesgo que, también para Ucrania y para toda Europa, supondría la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca.
21 Julio 2024
El último servicio de Biden
La renuncia de Joe Biden a la candidatura demócrata a la presidencia de Estados Unidos convierte de nuevo la carrera a la Casa Blanca en una competición abierta. Biden ha sido un buen presidente y supo cerrar el paso a Donald Trump en 2020, pero que no se hallaba ya, en su actual estado de salud, en condiciones de repetir tal empeño. Su retirada a tiempo como candidato, junto a la gestión presidencial hasta el relevo del 20 de enero, será su último servicio al país y sobre todo a la democracia. A la mejora económica interna hay que añadir la recuperación del liderazgo de Washington como aliado, su compromiso con Ucrania y sus esfuerzos —aunque infructuosos— para alcanzar una tregua en Gaza, evitando además peligrosas escaladas con Rusia e Irán.
Su candidatura se había convertido en insostenible, sobre todo después del magnicidio frustrado contra Trump, aprovechado por el candidato republicano para suavizar sus perfiles más agresivos, una vez exonerado de los múltiples procesos judiciales como primer expresidente convicto por 34 delitos de fraude en documentos públicos y responsable de una grave interferencia en el proceso electoral. Una nueva presidencia de Trump, protegido por las inexplicables decisiones y dilaciones de jueces nombrados por él mismo, es una amenaza efectiva para el sistema democrático que solo el voto de los ciudadanos puede frenar. Su brutal y despiadada respuesta al anuncio de la retirada de Biden —en contraste con el respeto demócrata tras el atentado sufrido por el magnate— demuestra que su apelación a la unidad en la convención republicana solo era un espejismo.
Tras el último mes y medio, el Partido Demócrata estaba obligado a encontrar la fórmula para llegar a las urnas en condiciones de disputar las mayorías parlamentarias y la presidencia. No es fácil el procedimiento para la nominación de quien sustituya a Joe Biden como candidato a la presidencia a poco de tres meses de las elecciones y apenas unas semanas de la convención demócrata. Biden ha señalado ya a Kamala Harris, pero la estructura del partido deberá organizar el procedimiento y el nombramiento del candidato de la forma más adecuada para mantener la unidad, asegurar que se mantienen los apoyos de los delegados y de los donantes y llegar al último tramo de la campaña en condiciones de vencer a Trump. Las flagrantes debilidades de este volverán a surgir en las actuales condiciones, una vez desaparecido el debate sobre la edad y la salud del presidente. Buena parte de las dificultades atribuidas a Biden valen también para Trump, solo tres años más joven y con una capacidad de desvarío oratorio muy superior a su rival.
La renuncia de Biden debe actuar pues como un revulsivo para el deprimido campo demócrata y para las democracias liberales aliadas de Estados Unidos, temerosas de una nueva presidencia de Trump. Si la primera fue el imperio del caos y de la incoherencia, con la hipótesis de una segunda presidencia y el pleno control trumpista del partido republicano quedan pocas dudas respecto al significado de una nueva victoria del trumpismo. Empezaría una etapa aislacionista y proteccionista, marcada por el liberalismo, la concentración de atribuciones por parte de un presidente protegido por una inmunidad monárquica y el desequilibrio en la distribución de poderes en favor de un tribunal supremo dominado por los jueces más reaccionarios del último siglo, dispuestos a revertir todas las conquistas en igualdad y en bienestar social de los últimos 50 años. Es al menos un alivio que los demócratas no den por perdido el combate antes de empezar.
22 Julio 2024
Biden deja paso a la renovación y cambia la campaña en EEUU
LA RENUNCIA de Joe Biden a presentarse a la reelección a la Presidencia de EEUU es un paso acertado, obligado y valiente. Presionado por la imagen de fragilidad que había proyectado en los últimos meses, su retirada no deja de ser un gesto de sacrificio personal, con el que Biden también trata de salvar un legado que peligraba en caso de aferrarse a un cargo para el que, evidentemente, ya no tiene fuerzas. Un legado que pudo forjar en sus primeros años, devolviendo la normalidad institucional a la Casa Blanca, revitalizando las alianzas internacionales -especialmente con Europa- que había malogrado Donald Trump en su convulsa etapa, con grandes avances a nivel legislativo, al menos hasta que los republicanos obtuvieron una estrecha mayoría en la Cámara. Y guiando al país tras la pandemia. Su papel como líder de la mayor democracia del mundo está reconocido en su compromiso con el Estado de Derecho, en su apoyo inquebrantable a un orden mundial basado en el multilateralismo, en su respaldo a la OTAN, a Ucrania y, en definitiva, a la defensa de los valores de las democracias liberales. También deja sombras: no hay que esconder que en estos años EEUU ha presenciado las mayores protestas universitarias desde la Guerra de Vietnam y la sociedad sigue polarizada, sin olvidar la retirada caótica de Afganistán.
La decisión no tiene precedentes e introduce un elemento de incertidumbre que también tendrá una reverberación internacional, en un momento de inestabilidad geopolítica y del pulso de las autocracias a la democracia liberal. Con todo, se trata de un movimiento responsable. Las palabras que Biden utilizó en la carta de renuncia que hizo pública ayer lo explican a la perfección: «Me retiro por el interés de mi partido y de la nación». Biden ha protagonizado un gesto patriota, aunque empujado por la fuerte contestación interna en el partido, donde su incapacidad para argumentar en el debate contra Trump produjo una inquietud alarmante. Desde entonces, este lo adelantó en las encuestas y se reforzó tras sobrevivir al intento de atentado. Sin embargo, el paso a un lado abre un nuevo tiempo en la campaña y ahora es el turno de que el Partido Demócrata se mire en el espejo.
Su renovación, según Biden, pasa por su vicepresidenta, Kamala Harris, que no goza de especial carisma. Los demócratas pueden adelantar la votación que los delegados elegidos en las primarias celebran al inicio de cada Convención para designar al candidato. Sería un voto online en próximas semanas. La otra opción sería votar normalmente en la Convención. Por el momento, todo apunta a esa segunda opción. Con independencia de cuál sea la herramienta escogida, el partido debe evitar una imagen de fragmentación. En todo caso, es crítico que, como dijo ayer Barack Obama, los líderes demócratas logren elegir un líder a través de un proceso que permita la elección del candidato más cualificado. Biden ha dado la oportunidad de cambiar el eje de la campaña: ahora ya no importa la edad del presidente, sino el peligro populista que encarna el candidato Trump.
05 Agosto 2024
Harris revoluciona la campaña
En una democracia con los mecanismos electorales engrasados desde hace casi 250 años es muy difícil que se den situaciones sin precedentes en el sentido literal de la expresión, pero en la campaña de 2024 los historiadores van a ciegas. Donald Trump, el primer candidato condenado penalmente y con causas pendientes, se enfrenta a Kamala Harris, de 59 años, una mujer de padre negro y madre india, que se ha asegurado esta semana los votos suficientes para ser la nominada del Partido Demócrata para la presidencia en la convención que se celebrará a mediados de este mes. Convencer a Joe Biden, el presidente con más votos de la historia, de que se retirara a menos de cuatro meses de las elecciones era una operación de altísimo riesgo, y, sin embargo, estas primeras dos semanas desde la histórica renuncia permiten concluir que la jugada no ha desestabilizado la campaña demócrata, sino todo lo contrario.
Las dudas en torno a la figura de Harris estaban justificadas. La senadora fracasó estrepitosamente en las primarias por la presidencia en 2020, en la que no fue capaz de conectar con las bases demócratas y ni siquiera llegó a las primeras votaciones, después de un año haciendo campaña y con un importante apoyo financiero. No pocas voces en el partido trataban de promover a otros candidatos para competir por la nominación ante el vértigo por la ausencia de una figura unificadora como Biden.
Esas dudas se despejaron en las primeras 24 horas desde la renuncia del 21 de julio. Harris rompió el récord de recaudación de fondos en un solo día con 81 millones de dólares en donaciones, sin haber hablado en público siquiera. Un día después había llegado a 100 millones, según cifras de su campaña. Lo más relevante no es la cifra en sí, sino el hecho de que ese dinero procedía de 1,1 millones de personas distintas. Más relevante aún es que el 62% de ellas donaban dinero por primera vez a un candidato en esta campaña. Se puede concluir que la alternativa a Biden sacó de su letargo a muchos partidarios demócratas que quizá habrían votado por el presidente igualmente, pero no estaban dispuestos a movilizarse por la campaña. Desde entonces, la energía renovada entre los demócratas no ha hecho más que crecer. La cifra final de donaciones a la campaña en el mes de julio ha superado los 300 millones, la mayoría tras la retirada de Biden.
En este tiempo, las encuestas que de manera constante desde el año pasado mostraban la incapacidad de Biden para recortar terreno a Donald Trump, por fin se han movido. La media de las encuestas a nivel nacional muestra un empate entre Harris y Trump, con una tendencia claramente ascendente para Harris. Se espera que en las próximas horas Harris anuncie quién será el candidato a vicepresidente, y los nombres que compiten por el puesto son todos hombres blancos moderados, con apoyo electoral probado y con buen dominio de los medios.
Cien días en política son una eternidad. Más aún, en el evento político más observado del mundo, como una campaña presidencial norteamericana, donde cada gesto y cada frase están sometidos a un escrutinio público sin igual. Las dos últimas elecciones, además, se han decidido por unas decenas de miles de votos en determinados Estados que producen el desempate, a pesar de la abrumadora mayoría demócrata en votos totales. Pero una campaña que estaba perdida, ahora está empatada. Después de muchos meses deprimentes, el momento de energía e ilusión es de los demócratas.
10 Agosto 2024
Las elecciones del óxido
La próxima elección presidencial de Estados Unidos pasa casi únicamente por la victoria en un puñado de Estados del norte industrial del país, como demuestran los perfiles elegidos por ambos partidos para los candidatos a la vicepresidencia. El pasado martes, la aspirante demócrata, Kamala Harris, presentó como compañero de candidatura a Tim Walz, gobernador de Minnesota, y terminó así de confirmar que ambas formaciones consideran imprescindible ganar en el arco formado por Pensilvania, Míchigan, Minnesota y Wisconsin. Juntos albergan menos del 15% de la población del país, pero la aritmética del sistema los ha convertido desde hace una década en el árbitro de la Casa Blanca.
“No puedo esperar a debatir con ese tipo”, dijo Walz, de 60 años, en su primer acto público como candidato. El rival en cuestión es J. D. Vance, senador por Ohio, de 39 años, elegido por Donald Trump para acompañarle en el cartel presidencial del Partido Republicano. Con Walz, los demócratas sacan al terreno de juego a un hombre que ha construido su carrera como un padre de familia simpático, al que nadie puede acusar de izquierdista (un término muy dañino políticamente entre el electorado moderado o dudoso) con experiencia en el ejército y como profesor de instituto. Se ha construido una carrera política como congresista y gobernador ganando en distritos republicanos. Tanto Walz como Vance son hombres blancos del interior y representan a un tipo de electorado que, fuera de la diversidad de las ciudades, comparte cierta idiosincrasia tradicional, familiar y rural. Son perfiles que contrastan de manera drástica con los candidatos a presidente: un pomposo millonario de Manhattan y una mujer negra progresista de San Francisco. La urbes de la costa y el interior. Son prácticamente países distintos. El Medio Oeste y el llamado cinturón del óxido, sin embargo, están lejos de tener un electorado homogéneo. La tibieza de la Casa Blanca para condenar las atrocidades de Israel en Gaza divide a las bases demócratas en lugares con fuerte presencia de musulmanes que tienen un poder político no menor. Las únicas dos mujeres musulmanas en el Congreso son demócratas de Minnesota y de Míchigan.
La lección del fracaso de 2016 sigue supurando en los estrategas demócratas. Hillary Clinton obtuvo tres millones de votos más que Donald Trump, pero perdió por apenas unas decenas de miles de votos en Míchigan, Wisconsin y Pensilvania. Las consecuencias de aquel error las ha pagado el mundo entero. La victoria de Joe Biden en 2020 se cimentó en su gran predicamento en esa zona del país. Recuperó para los demócratas los tres Estados, más Arizona y Georgia. Este noviembre, no pueden estar más claras las prioridades: Harris y Walz, a la vez que Vance, han comenzado su campaña juntos esta semana con una gira, precisamente, por esos cinco Estados.
EN ESTADOS UNIDOS:
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El 21 de julio de 2024 Joe Biden confirma su retirada:
El Análisis
Era cuestión de tiempo, pero el verano de 2024 nos trajo la confirmación de lo que ya se mascaba en las redacciones de The New York Times, The Washington Post y hasta en los pasillos de la CNN: Joe Biden, tras un mandato marcado por su estilo dubitativo y un deterioro físico cada vez más evidente, decidió retirarse de la contienda presidencial. Su actuación en el debate contra Donald Trump en junio fue la gota que colmó el vaso. Dubitativo, errático y sin la chispa necesaria para convencer incluso a su base, Biden pareció resignarse a que el momento de pasar la antorcha había llegado. Y así, sin aspavientos, el Partido Demócrata coronó a Kamala Harris como candidata a la presidencia, en un movimiento tan apresurado como inevitable, y eso sí, sin siquiera pasar por primarias.
Que Harris no haya tenido que competir internamente es, como mínimo, peculiar en un sistema que alardea de democracia interna, pero, seamos honestos, ¿alguien veía a Biden derrotando a Trump en noviembre? Aunque Harris no es precisamente la candidata soñada por los demócratas (sus índices de popularidad parecen diseñados para causar insomnio en el DNC), incluso sus críticos más duros coinciden en que es una apuesta menos arriesgada que un Biden cada vez más frágil. En resumen: la elección de Harris no entusiasma, pero al menos permite soñar con un combate más equilibrado. Con Biden, el desenlace parecía escrito en piedra, y no precisamente a favor de los demócratas. ¡Adelante, Kamala! Pero sin olvidar que las expectativas son tan bajas que superar a tu predecesor es más un requisito mínimo que una hazaña.