5 noviembre 2024
Elecciones Estados Unidos 2024 – Donald Trump derrota a Kamala Harris y se convierte en el primer expresidente de EEUU que regresa a la Casa Blanca
Hechos
El 5 de noviembre de 2024 se celebraron elecciones presidenciales en Estados Unidos.
Lecturas
Cuatro años después de las elecciones de noviembre de 2020 la polarización no ha descendido en Estados Unidos.
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, fue forzado a renunciar a presentarse a reelección como candidato del Partido Demócrata después de un mal papel en su primer debate frente a Donald Trump en junio de 2024, siendo reemplazado por Kamala Harris, que asumió la candidatura sin pasar por primarias.
El 5 de noviembre de 2024 se celebran las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos de América. La candidata a la presidencia por el Partido Demócrata es la hasta ahora vicepresidenta Kamala Harris, con Tim Walz como vicepresidente. El candidato a la presidencia del Partido Republicano es Donald Trump, que fue presidente en el periodo 2016-2020, y su candidato a vicepresidente es James Vance (su anterior compañero Mike Pence rompió políticamente con Trump tras su derrota electoral de 2020).
Los resultados son la siguiente:
- Donald Trump (Partido Republicano) – 76.962.889 votos (312 votos electorales).
- Kamala Harris (Partido Demócrata) – 74.453.184 votos (226 votos electorales).
Estos resultados convierten nuevamente a Donald Trump en presidente de Estados Unidos de América, siendo el primer expresidente que regresa a la Casa Blanca después de haber perdido el poder.
En Estados Unidos, a nivel mediático, la candidatura de Trump estaba apoyada por el propietario de la red social X (Twitter) Ellon Musk y por las cadenas Fox News y Newsmax. En el lado contrario la candidatura de Kamala Harris estaba apoyada por las publicaciones The New York Times, la revista The Atlantic (de Laurene Powell Jobs) y por las cadenas CNN (Grupo Discovery), NBC – MSNBC (Grupo Comcast), ABC (Grupo Disney) y CBS – Comedy Central (Grupo Paramount). Al contrario que en elecciones anteriores en esta ocasión The Washington Post no ha pedido el voto para nadie (en 2016 y 2020 pidió el voto para el Partido Demócrata).
En Europa occidental, como suele ser habitual desde 1980, todos los medios de izquierda y de centro-derecha apoyaban al Partido Demócrata y sólo la extrema derecha apoyaba al Partiod Republicana.
08 Noviembre 2024
Hundimiento demócrata
La contundente victoria electoral de Donald Trump obliga a la reflexión al Partido Demócrata. El magnate republicano ha perdido algo de apoyo respecto a 2020, pero lo ha ganado en todos los grupos demográficos y en todos los Estados del país por el hundimiento de sus rivales, que han obtenido alrededor de 10 millones de votos menos que hace cuatro años.
Pese a no presentarse, el primer señalado es el presidente Joe Biden. Su elección como candidato en 2020 permitió acabar por la vía rápida unas primarias cainitas y presentar un candidato muy conocido y con un amplísimo espectro de potenciales votantes, tanto que fue el presidente más votado de la historia. Se hizo al precio de cerrar todos los debates internos. Prometió que sería un líder de transición hacia una nueva generación y él es el único responsable de incumplir su promesa. Su entorno lo es de minimizar su declive físico hasta que el debate con Trump en junio forzó una catarsis de urgencia. Biden dejó a su partido descabezado y sobre él pesa buena parte de la responsabilidad de un segundo mandato del republicano.
La historia será injustamente cruel con Kamala Harris. La vicepresidenta apenas tuvo 100 días para montar una carrera presidencial, que normalmente requiere años. Su único mensaje posible era el de la estabilidad, pero sin el predicamento de su antecesor entre grupos clave como sindicatos y republicanos moderados. Prometía renovación sin propuestas nuevas. Sin embargo, es justo reconocer a Harris el arrojo de hacerse cargo de una campaña que nadie quería. Hombres con más trayectoria política que ella escondieron la cabeza y se guardaron sus opciones para competir en 2028, conscientes del riesgo de suicidio político. La segunda mujer candidata a la Casa Blanca se asomaba a un acantilado de cristal.
Pero más allá de los errores de la campaña, los demócratas deben sacar conclusiones de preocupantes tendencias de fondo. Unas cuentas envidiables con buenos datos macroeconómicos —con el PIB creciendo casi el doble que la eurozona— no significan mucho para grandes grupos de votantes si ven que sus sueldos no siguen el ritmo de la inflación. Y la mayor de este siglo se produjo bajo la presidencia de Biden, aunque luego haya logrado contenerla. Igualmente, el argumento del peligro que representa Trump para las instituciones democráticas no ha sido suficiente para convencer a quienes consideran que el sistema no acaba de mejorar su vida mientras se acumulan las incertidumbres.
Por último, este puede ser el fin de una política demócrata centrada en la suma de minorías. Trump ha demostrado que esa suma no produce necesariamente una mayoría. Si tanta gente ha votado a un racista misógino es porque muchos han subordinado sus sentimientos identitarios a una propuesta demagógica que promete resolver sus problemas materiales o de seguridad. Sería un error pensar que se trata de un voto cínico.
Las clases medias de EE UU llevan desde la crisis de 2008 diciendo que están perdiendo calidad de vida, un concepto difuso en el que influyen sobre todo los sueldos, los precios y la vivienda. El movimiento que lidera un multimillonario rodeado de otros millonarios más una cohorte de negacionistas y conspiranoicos ha sabido conectar mejor con ese sentimiento de malestar y falta de esperanza que sus rivales. Empezar a construir su propio discurso sobre esos problemas es la tarea principal de quienes se hagan cargo del Partido Demócrata tras la debacle.
10 Noviembre 2024
Bienvenido, Mister Trump
Antes de la jornada electoral, me dijo un amigo: «Si gana Trump, será una mala noticia; si gana Harris no será una buena noticia». Le contesté que lo peor de las elecciones de EEUU es que siempre votan los norteamericanos. No sé si la victoria de Trump habrá sido una sorpresa para muchos, como leo en cierta prensa. ¡Cómo han podido votar masivamente a un tipo grosero, que miente más que habla, que no respeta a las minorías, que es amigo de Putin, de Farage y de Bolsonaro, que quiere levantar un muro en la frontera con México, etc…! ¡Y que además ya le conocen, porque ha sido presidente cuatro años!
Pues ya ven, cosas de la gente. Lo que me parece indudable es que si en algún sitio no puede chocar demasiado este capricho de los votantes es en España. Aquí también el pasado julio se votó más de lo debido (aunque no mayoritariamente, hay que reconocerlo) a un candidato que ya había demostrado que mentía con una soltura que envidiaría cualquier vendedor de crecepelo, que después de haber renegado de su compañía se apoyaba para gobernar en los peores indeseables (separatistas, comunistas, etc…) de nuestro espectro -nunca mejor dicho- político, y que poco después estaba dispuesto a amnistiar a quienes habían intentado un golpe de Estado anticonstitucional tras haber jurado que jamás haría tal cosa.
Se dice, con toda razón, que Trump insulta a sus adversarios políticos y los denigra con calificativos indignos, pero nuestro presidente Sánchez, con mejores modos porque los europeos somos más hipócritas, también tacha de ultraderechistas y fascistas a sus adversarios sin preocuparse de la verosimilitud de sus dicterios. La última vez, en Paiporta, cuando damnificados que lo habían perdido todo protestaron con rabia contra él de modo indebido, aunque de ninguna manera criminal: según afirmó insultantemente después, a coro con los acólitos de su escolanía mediática, eran grupos «perfectamente organizados» (?) de ultraderecha, aunque luego se ha comprobado que eran sencillamente gente indignada del lugar por una asistencia estatal tardía, mutilada y probablemente delictiva.
Es graciosa la elección de acusaciones contra Trump que utilizan los más burros del izquierdismo de manual (es decir, El País, la Ser y alrededores). Por ejemplo, el triunfo del nuevo presidente electo es la victoria de la antipolítica. O sea, un combate por el poder que en lugar de atender a razones utiliza los sentimientos salvajes del «conmigo o contra mí». Supongo que esta canción les suena, porque es pegadiza: se la venimos escuchando a nuestro gobierno actual y su orfeón mediático desde la moción de censura. ¿O es que no es antipolítico rechazar el apoyo parlamentario de una oposición constitucionalista y preferir los votos comprados a precio de privilegios vergonzosos de los herederos del terrorismo o en su defecto funcionar a decretazo limpio?
Nada más antipolítico que reducir las opciones de votos de las minorías (convertidas obligadamente en tribus identitarias) a la defensa a ultranza de sus particularismos: los negros sólo piensan en los negros, las mujeres en cosas de mujeres, los latinos apoyan a los latinos, etc… Cada uno tiene ya prefigurado su rumbo en las urnas y de ahí no puede salirse sin ser considerado traidor a los suyos. Pero eso precisamente es lo que promovían los demócratas (como hacen en España las izquierdas fragmentadas) y por eso han perdido frente a Trump. Porque resulta que ellos son los antipolíticos, mientras que Trump -de modo más o menos burdo- ha propuesto planes políticos para todo el país, planes de reforma económica, contra la inmigración ilegal, etc… para hacer América grande de nuevo.
Y entonces se ha visto que muchas mujeres discrepan de Trump en el tema del aborto, por ejemplo, pero que no dan a esa cuestión tanta importancia como para convertirla en un automatismo contra él. Votan como ciudadanas con preocupaciones nacionales, no como hembras para las que sólo cuentan las cuestiones de género. Y lo mismo ha sucedido con los negros, los latinos o las demás minorías: han demostrado que querían ser mayoría, es decir, ciudadanos americanos y no minorías victimizadas. Ojalá en España tuviésemos más «antipolíticos» como ellos…
Varios de los corifeos del gobierno sanchista han proclamado que la victoria de Trump es el triunfo de la desinformación. Vaya, hombre, qué cosas. El País, la Ser, la Sexta, TVE… alertando contra la desinformación, es decir, contra lo que les ocupa principalmente. No sé cómo de informados están los votantes de Trump, pero sé demasiado bien lo informadísimos que están los de Sánchez, que se tragan la amenaza ultraderechista como clave política definitiva. Por cierto, hablando de desinformación, los que demuestran estar muy mal informados son todos los politólogos, tertulianos, influencers y demás predicadores de izquierda, convencidos de que Harris ganaba de calle porque a Trump nadie le podía ni ver.
Pues ale, toma del frasco, Carrasco. Saben de lo que piensan y quieren los americanos lo mismo que yo de la perversiones sexuales de los sapos cornudos. Y luego llaman malinformados a los que se salen del carril que ellos marcan… La verdad es que la mayoría de los votantes no se han equivocado con Kamala Harris: han visto que era una especie de Yolanda Díaz aunque con estudios (que no es poca ventaja). Y claro, ha pasado con ella lo que aquí con Yolanda. Que mucho jijí y jajá pero se ha quedado para vestir santos. Seguro que con el viejo Biden, con todos sus achaques, no les habría ido peor…
El Análisis
Contra viento, marea y un arsenal mediático diseñado para demonizarlo, Donald Trump ha vuelto a hacerlo. En noviembre de 2024, el expresidente recuperó la Casa Blanca tras una campaña que confirmó lo que todos sabíamos: Trump no cambia. Ni los escándalos ni los conflictos (ni el cambio de Mike Pence por J.D. Vance como compañero de fórmula) han moderado su estilo abrasivo, pero, paradójicamente, eso es lo que sigue fascinando a su base, representada mediáticamente por Fox News y Newsmax. Mientras tanto, el Partido Demócrata apostó otra vez por una estrategia de ataques casi caricaturescos, con un coro de medios afines —The New York Times, CNN (Grupo Discovery), CBS-Comedy Centrla (Grupo Paramount), ABC News (Grupo Disney), NBC-MSNBC (Grupo Comcast), y hasta The Atlantic— gritando al unísono, solo para descubrir que el griterío no bastaba. Curiosamente, The Washington Post decidió quedarse al margen esta vez, quizás para no reeditar el fiasco de 2016, cuando Hilary Clinton perdió contra el mismo Trump. Kamala Harris, la segunda mujer en aspirar a la presidencia por un partido mayor, siguió los pasos de Clinton: otra derrota frente al showman. Ironías del destino, las formas que tanto irritan a sus críticos son las mismas que han sellado su victoria.
J. F. Lamata