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Hasta nueve veces habían sido nominadas al Óscar películas españolas sin lograr llevarse la estatuilla

Premios Oscar 1983 – José Luis Garci se convierte en el primer director de cine español en ganar un Óscar con ‘Volver a Empezar’ en una gala en la que ‘Ghandi’ fue la película más premiada

HECHOS

El 18.04.1983 la Academia de los Óscar de Estados Unidos de América concedió el premio a mejor película de habla no inglesa a la película española ‘Volver a Empezar’ de D. José Luis Garci.

‘Gandhi’ se convierte en la gran ganadora con ocho estatuillas incluyendo a mejor película, mejor director (Richard Attenborough) y mejor actor (Ben Kingsley)

Meryl Streep, que ya había ganado el Óscar a la mejor actriz secundaria por ‘Kramer contra Kramer’, este año ha ganado el óscar a mejor actriz protagonista por ‘La decisión de Sophie’.

Jessica Lange gana el premio de mejor actriz secundaria por su personaje en ‘Tootsie’ mientras que Lou Gosset lo gana por su personaje en ‘Oficial y Caballero’.

DERROTA DE SPIELBERG:

A pesar del éxito mundial de su película ‘E. T., el extraterrestre’, Steven Spielberg fue derrotado en el galardón a ‘mejor director’ por Richard Attenborough.

13 Abril 1983

El 'oscar'

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

NUEVE VECES ha estado España a las puertas del Oscar, con películas no inferiores en mérito a la que ahora lo ha obtenido: Volver a empezar, de José Luis Garci. Hay quien ha señalado que era necesario que el régimen de Franco desapareciese para que una película española ganase un oscar: no hay que entenderlo sólo como una condición política o un bloqueo de prejuicios, sino como el hecho de que un cine ahogado o determinado por unas circunstancias podía estar cargado de símbolos, de claves o de sentidos especiales para los españoles, pero que no eran fácilmente interpretados por el espectador ajeno. El hecho de que el Oso de Berlín y el Oscar de Hollywood hayan premiado a dos películas españolas en muy poco tiempo podría indicar por lo demás que una producción cultural en libertad, hecha por una generación nueva, tiene más posibilidades de conexión y de apreciación por un mundo igualmente libre.Puede que sea demasiado pronto para emitir este concepto de generación pero se vislumbra, efectivamente, un grupo cultural, en torno a los 40 años, que no sólo en el cine, sino en la política o en el periodismo, en el ensayo y en la poesía, comienza a dar importantes frutos. Quizá sea llamada, alguna vez, y si la historia de España y las condiciones sociales lo permiten, la generación del cambio, y otros prefieren referirse a ella como la de los años sesenta. José Luis Garci ya señaló en algunas de sus películas -Asignatura pendiente o Las verdes praderas-la transformación de esta sociedad, la angustia y la soledad de sus predecesores inmediatos, la irrupción de unas formas nuevas de vida que estaban quemando los viejos monumentos de cartón con los que la inmovilidad del régimen anterior había hecho una escenografía. Sería interesante y deseable que saliéramos de los a veces heroicos esfuerzos individuales y aislados y se constituyera realmente un movimiento, una generación, un impulso que indicara la resurrección, con los moldes de hoy, de una cultura soterrada. Con toda la libertad que suponen estos movimientos, con relaciones inmateriales entre sus componentes, pero con una traducción real del mundo que representan. Un Ministerio de Cultura -cuyo ministro actual y la mayoría de su equipo pertenecen a esa generación- tiene mucho que hacer simplemente en el hecho de permitir que los soportes, los medios, las bases industriales y comerciales de esa cultura, obtengan las condiciones adecuadas para expresarse; y sabiendo que no es una política de premios -de brillo, de espectáculo- lo que tiene que fomentar, sino la creación de un espacio de libertad.

El oscar para Garci es por lo demás una satisfacción para todos. La fortuna, o la casualidad, el propio curso de los tiempos, han querido que directores españoles más importantes como Berlanga, Saura y el propio Bardem se hayan visto relegados por un realizador todavía menor. También es notable el hecho de que el más universal de nuestros cineastas, Luis Buñuel, recibiera la preciada estatuilla por una película realizada en francés. Esta es la primera vez en cualquier caso que un largometraje en castellano -de cualquier nacionalidad- recibe el premio de Hollywood. Doble motivo de satisfacción para José Luis Garci y mayor causa de meditaciones para la Academia que concede los premios, pues sin depreciar el mérito de Volver a empezar, hay que decir que la filmografía en nuestra lengua tiene obras muy superiores a la ahora galardonada, y guionistas y directores más cuajados. En cualquier caso bienvenido sea el premio, que repara en la persona de Garci las injusticias o carencias cometidas con los otros realizadores y que sin duda tiene una proyección específica cara a los castellanoparlantes de los Estados Unidos, y una justificación ideológica acorde con los sentimientos moderados de la Academia.

29 Marzo 1983

La sólida biografía del resistente pacífico

Diego Galán

Luchaba desde hace años Richard Attenborough por llevar al cine una biografía de Gandhi, el resistente pacífico que fue capaz de lograr la independencia de la India insistiendo con tesón en la validez de sus fórmulas de desobediencia civil. Tan curiosos métodos debieron de fascinar a Attenborough por su contraste con la época actual, en la que el lenguaje de la violencia se ha impuesto como principal recurso para la protesta.Su película, de cualquier forma, no hace hincapié en esa teoría ejemplar, y se limita a seguir, con gran precisión, los pasajes fundamentales de la vida de Gandhi: la larga estancia en Suráfrica, donde el líder de la revolución hindú comenzó su insólita lucha defendiendo los derechos de los indios inmigrados; su regreso a la India, y el lento desarrollo de sus campañas de resistencia, ampliadas más tarde con el ayuno voluntario con el que Gandhi supo enfrentarse a los colonizadores británicos; sus disputas políticas con Nehru; su negativa a aceptar la escisión de Pakistán… Una larga vida dedicada a la libertad, interrumpida gratuitamente por un asesinato inesperado.

Attenborouhg se encuentra ahora, concluido su trabajo, con un excelente lanzamiento de compañías norteamericanas y el apoyo adicional que suponen las numerosas selecciones para los próximos oscars de que es objeto su película. Una meta cumplida. Otras posibles metas referidas a la importancia de su trabajo son, sin embargo, más discutibles. Porque, si bien Attenborough ha realizado la película con rigor histórico, no se ha permitido un criterio tan rico como para invitar a la emoción o a un juicio más complejo que el tópico. Su Gandhi es ilustrativo, pero no creador. La narración se mantiene en tono plano, informativo, ajeno, sin que la excelente calidad de su intérprete central, el no actor Ben Kingsley, que encarna un Gandhi eficaz y sensible, sea suficiente para acercar al espectador por el camino de la complicidad.

Recreación dramática

La secuencia de la matanza de Amristar, en donde los británicos asesinaron a centenares de indios, es un buen ejemplo del estilo elegido por Attenborough: se cita el dato exacto, se ilustra con una recreación dramática, pero pasa por la película como un momento más, sin que la puesta en escena haya aportado otros datos que los oficiales. El director no busca con su cámara, no se arriesga con. el guión. Ha respetado a Gandhi pero no le ha dado vida: sólo historia.Pero esa seriedad en el planteamiento general de la película es algo que no puede despreciarse. El cine norteamericano no ha sido precisamente fiel en sus películas biográficas. Hay que agradecer, pues, que la falta de imaginación de Attenborough le haya obligado a inspirarse sólo en la realidad. Aunque, vista por él, esa realidad sea la de un manual de lectura dominguera.

Gandhi

Director: Richard Attenborough. Guión: John Briley. Fotografía: Billy Williams, Ronnie Taylor. Música: Ravi Shankar. Intérpretes: Ben Kingsley, Candice Bergen, Edward Fox, John Gielgud, Trevor Howard, John Mills, Martin Sheen. Drama biográfico. Norteamericana, 1983. Locales de estreno: Callao y Carlos III.

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