14 mayo 1983

En España su difusión había sido adquirida por el Grupo Zeta a través de la revista TIEMPO

Ridículo mundial de la revista STERN [G+J] de la República Federal de Alemania al difundir unos supuestos ‘Diarios de Hitler’ que resultaron ser falsos

Hechos

En mayo de 1983 se conoció la falsedad de los ‘Diarios de Hitler’.

Lecturas

La revista STERN, de la República Federal de Alemania, aseguró haberse hecho con los diarios del excanciller alemán Adolf Hitler (1933-1945). Y negoció su difusión internacional, vendiendo sus derechos a las publicaciones en sus respectivos países a la revista Panorama (Italia), Paris Match (Francia), Sunday Times (Reino Unido) y Tiempo (España). El 6 de mayo de 1983 se difundió en todas estas publicaciones el primer capítulo que mostraba unos diarios de un Adolf Hitler que deseaba profundamente la paz con Reino Unido y  era quien había ordenado a Rudolf Hess ir a Londres a lograr esa paz en 1941. Ese mismo día e Gobierno de la RFA difundió un comunicado acreditando la falsedad de los documentos. 

El ministerio del Interior de la República Federal de Alemania entregó este 6 de mayo de 1983 a la prensa un informe oficial, según el cual los diarios secretos de Hitler, publicados por la revista STERN, no son más que falsificaciones.

El peritaje científico realizado por los Archivos Federales, la Oficina Federal de lo criminal y la Oficina Federal de Documentación, basado en análisis químicos, indica que el papel de los diarios contiene políester poliamida, un material desconocido hasta 1955.

La tinta, el papel, la cola y el hilo de la encuadernación datan igualmente de la posguerra. Por otra parte, el autor o los autores de la falsificación han plagiado extensamente una obra del historiador alemán Max Domarus, ‘discursos y proclamas de Hitler 1931-1935’ publicados en 1962.

El semanario STERN que ha realizado cuantiosas inversiones en la publicación de los ‘seis diarios secretos de Hitler, perderá sumas fabulosas, y su fiabilidad informativa ha quedado seriamente comprometida. La revista alemana, así como PANORAMA de Italia, la francesa PARIS MATCH, la británica SUNDAY TIMES de Londres, han suspendido la publicación de los presuntos documentos secretos. La española TIEMPO, tras pedir explicaciones a STERN, también suspendió su publicación.

Todo indica que la falsificación es obra del reportero Gerd Heidemann, de STERN, sobre quien seguramente recaen responsabilidades penales. Pero nadie ha podido explicar cómo revistas tan prestigiosas cayeron en la trampa de las falsificaciones que por otra parte eran bastante burdas, obra de un aficionado sin talento.

PAPELÓN DE TIEMPO, SU EDITOR Y SU DIRECTOR

El Grupo Zeta de Antonio Asensio Pizarro, fue el que compró en España los derechos en exclusiva de la difusión de los ‘diarios de Hitler’ y, como todas sus colegas, difundió el 5 de mayo de 1983 el primer capítulo con una gran campaña publicitaria: «Documentos que cambian la historia».

ENFRENTAMIENTO ENTRE PEDRO J. RAMÍREZ Y JULIÁN LAGO POR LOS DIARIOS DE HITLER

A pesar de que el Grupo Zeta y su revista TIEMPO había comprado los derechos exclusivos de los ‘Diarios de Hitler’ en España. El director de DIARIO16, Pedro J. Ramírez encargó a sus reporteros en Alemania que hicieran un resumen del primer capítulo publicado en STERN y publicó un resumen en su edición de DIARIO16 del 5 de mayo de 1983. Ese mismo día Julián Lago, director de TIEMPO anunció que demandarían a DIARIO16 por haber cometido un delito para su propiedad intelectual.

En su edición de la mañana del 6 de mayo de 1983 Pedro J. Ramírez publicaba en DIARIO16 una nota en la que defendía que el reportaje pertenecía en última instancia a la revista STERN y que el Grupo Zeta no podía atribuirse la propiedad de los Diarios de Hitler. La nota terminaba con un visionario: «DIARIO16 tan sólo mencionará a la revista TIEMPO, tal y como ayer demandaron los ejecutivos del Grupo Zeta en el caso de que finalmente se demuestre que el autor de los mismos no fue el führer, sino el director del mencionado semanario».

Ese mismo 6 de mayo de 1983 Julián Lago entra en el programa de radio de Luis del Olmo, ‘Protagonistas’ (Cadena COPE), para anunciar con tono crispado que volverá a querellarse contra Pedro J. Ramírez por esa referencia jocosa, esta vez por injurias. En un tramo posterior del programa ‘Protagonistas’ de ese mismo día también intervino Pedro J. Ramírez para adelantar que cada vez había más indicio de falsedad en los diarios de Hitler. Y asegurando que por esas dudas de autenticidad el Grupo16 había renunciado a comprar sus derechos de publicación exclusiva (algo llamativo porque para desconfiar de su autenticidad, bien que se hizo eco del primer capítulo en la edición de DIARIO16 del 5 de mayo).

06 Mayo 1983

Adolfo Hitler

ABC (Director: Luis María Anson)

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La revista TIEMPO, que dirige Julián Lago, se ha apuntado un innegable éxito periodístico al publicar en España los polémicos diarios secretos de Adolfo Hitler, que, descubiertos por el semanario alemán STERN, han despertado las más encontradas opiniones en torno a la autenticidad de los escritos. La tirada de TIEMPO de esta semana, que publica la primera entrega, ha superado los 400.000 ejemplares.

07 Mayo 1983

La recuperación de Hitler

Manuel Vázquez Montalbán

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Un fantasma exculpador recorre el mundo. Ese fantasma exculpador trata de exculpar al gran culpable de la II Guerra Mundial, ofreciendo un retrato humano de una de las bestias más estúpidas y feroces que han existido en la historia de la humanidad. Están apareciendo diarios y diaretes del propio Führer, de sus médicos y hasta se sabe que en el Caribe hay un submarino nazi hundido, lleno de secretos reveladores y a veinticinco metros de los hombres rana de Reagan

La relativización de la maldad histórica de Hitler forma parte de una operación consciente e inconsciente de relativización de la guerra. Esa operación hay que escribirla dentro de una propaganda parabelicista que de momento se limita a inculcar la necesidad de asumir la probabilidad de la guerra y la necesidad de que los pueblos y las familias construyan refugios antiatómicos.

Si el capitalismo fracasa en su autorreforma y descubre que por las vías de la austeridad no consigue seguir acumulando lo indispensable, romperá la baraja y apretará el botón.

Para entonces tal vez estaremos convencidos de que una guerra cada cuarenta o cincuenta años depura la sangre, alivia la presión demográfica y aumenta la redacción de diarios secretos que serán muy apreciados dentro de cincuenta años, en las vísperas de la IV Guerra Mundial.

07 Mayo 1983

Rigurosamente falso

ABC (Director: Luis María Anson)

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La falsedad de los diarios de Hitler ha sido oficialmente establecida por las autoridades de Alemania Federal. EL microscopio electrónico demuestra, entre otras cosas, que la fibra del papel tiene una edad inferior a cuarenta años. Nos hallamos ante un capítulo más de las intoxicaciones entre el Este y Oeste, digno de este caso de la pluma de le Carré.

La Alemania del Este autorizó e impulsó las investigaciones de los periodistas occidentales en su suelo, proporcionó documentos y dio todas las facilidades para montar el escenario con vierta verosimilitud.

¿A quién beneficia el escándalo?

Por supuesto, a Alemania oriental, que al desprestigiar a una revista de relieve sabe que daña el prestigio de toda la prensa occidental. Por eso los periódicos solventes del mundo democrático se encargan de desmontar por sí mismos el aventurerismo impreso.

Los segundos interesados en inventar estos diarios eran los viejos generales nazis que, curiosamente de acuerdo con las autoridades de Alemania oriental, querían devolver a Hitler una imagen moderada y humana, empeñada en el pacto con Inglaterra.

Mientras las revistas más series, empezando por el MATCH francés, interrumpen la publicación de las falsas memorias, la prensa del mundo se pregunta el modo de evitar escándalos como éste, con los que se siembra el descrédito subliminal contra todos los periódicos.

07 Mayo 1983

Comunicado de la revista TIEMPO

TIEMPO (Director: Julián Lago)

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Ante la polémica que sobre el Diario secreto de Hitler se ha desatado, el semanario TIEMPO anuncia a la opinión pública la suspensión del mismo en tanto no haya un dictamen definitivo que avale su autenticidad.

A la firma del contrato para la compra del referido diario al grupo alemán Gruner Jahr Ag [Grupo G+J], el editor de STERN – revista propietaria del material documental – aportó las pruebas de tres expertos mundiales en grafología, entre los que se encontraba el profesor Butner, en la Jefatura de Policía de Cobienza. El estudio certificaba que la escritura de los diarios, una vez comparada con la de Hitler que se conserva en los archivos de Alemania Federal, era auténtica. El documento incluía una prueba de que el papel, las tintas y el estilo eran de la época. Se acompañaban, además, certificaciones del Instituto de Investigación de Suiza y del departamento federal de Investigación de los Estados Unidos, que confirmaban también su veracidad.

Estamos, por tanto, a la espera de que la revista STERN justifique ante TIEMPO y nuestros lectores las razones por las que, a pesar de obrar dichas pruebas en su poder, suspende la publicación del Diario secreto de Hitler.

14 Mayo 1983

El honor perdido de una revista alemana

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

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LA SUPERCHERÍA de los Diarios de Hitler ha durado pocos días. Otros fraudes del mismo género, sin embargo, han sobrevivido a las irrefutables pruebas de su grotesca falsedad para servir posteriormente incluso de coartada a los asesinos. Baste recordar los siniestros Protocolos de los sabios de Sión, el descabellado panfleto antisemita que sirvió de justificación a los pogroms de la Rusia zarista y a los. campos de exterminio nazis y que sigue alimentando todavía el mito de la conspiración judía mundial. Para fortuna de todos, sobran en nuestros días los procedimientos científicos que permiten desenmascarar de inmediato este tipo de estafas. Los Archivos del Estado de la República Federal de Alemania no han tenido la menor dificultad a la hora de demostrar, mediante el análisis de laboratorio del papel, la goma de encuadernar, el lacre de los sellos y la tinta utilizados en los sesenta cuadernos apócrifos, que los supuestos diarios de Hitler fueron escritos varios años después de concluida la guerra mundial. El contenido de esa burda falsificación, salpicada de anacronismos y errores de fechas, tampoco resiste el más superficial examen de los historiadores.El patinazo de la revista Stern, que ha arrastrado en su desprestigio a los medios de comunicación extranjeros que habían comprado a peso de oro la fraudulenta exclusiva, plantea, ante todo, la delicada cuestión de la responsabilidad informativa de la Prensa. ¿Cómo una publicación como Stern pudo caer en la doble trampa de dar por bueno un descubrimiento que hedía a falsedad desde el principio y de seguir respaldando con uñas y dientes ese chapucero fraude hasta que las pruebas de laboratorio hicieron imposible negar la evidencia? Es cierto que los periódicos más serios del mundo pueden ser víctimas de intoxicaciones informativas, algunas de gran sutileza. Pero la envergadura de esta falsificación -6.000 páginas supuestamente escritas por la mano de Hitler y descubiertas casi cuarenta años después de su muerte- y la docilidad de los incautos para dejarse engañar y para convencer a los demás carece de precedentes.

En un país donde la información sobre Hitler, sus ideas, su lenguaje y sus costumbres es simplemente abrumadora, y donde existen también -como ha podido comprobarse- procedimientos de laboratorio para analizar con enorme precisión el soporte material de la escritura, resulta casi inverosímil que los responsables del Stern, antes de hacer el escandaloso lanzamiento de la exclusiva, no aplicaran a los supuestos diarios otros métodos de verificación que unos estudios caligráficos superficiales y parciales. Para mayor gravedad, la revista alemana manipuló indecorosamente el nombre de historiadores tan prestigiosos como el británico Trevor-Roper mediante la fórmula de presentar su asombrada disponibilidad a admitir hipotéticamente la existencia de esos fantasmales diarios, cuyo contenido no se les permitió investigar, como la prueba irrefutable de su veracidad. No se trata sólo de que el simple olfato de un periodista no pueda ocupar el lugar de una investigación en regla. Las omisiones de pruebas elementales de laboratorio, la sesgada presentación de las opiniones de unos expertos a los que no concedió la oportunidad de examinar seriamente los fraudulentos cuadernos y el esfuerzo por imponer publicitariamente una situación a golpe de hechos consumados y de intereses creados da pie para hablar de culpabilidad antes que de error. La cuarentena previa a la difusión de una noticia cuya urgencia era inexistente -los supuestos diarios, dormidos durante treinta y ocho años, podían aguardar unas semanas antes de despertar- era una exigencia elemental para cualquier periodista dotado de una mínima moral profesional.

¿Cuáles han sido entonces las causas de un error informativo mucho más próximo a la estafa que al desliz? Tal vez se trate, fundamentalmente, de la enloquecida búsqueda de una exclusiva sensacionalista que permitiera a Stern aumentar su tirada y conseguir nuevos lectores, escalón previo para el incremento de las inserciones publicitarias, de los beneficios empresariales y de la cotización laboral de los descubridores del reportaje. Pero quizá ese móvil no sea suficiente para dar cuenta de un fraude demasiado cargado de implicaciones ideológicas para ser políticamente inocente.

En efecto, no se puede descartar la posibilidad de que la codicia de la revista alemana, que cometió la imperdonable ligereza de comprar su propio éxito en el mercado de las sensaciones, haya sido utilizada como vehículo de una maniobra política de alto vuelo. La mitificación de los hechos y de los delirios de un fantasma del pasado tan ominoso como Adolfo Hitler puede ejercer una influencia directa sobre el presente y el inmediato futuro. El oscuro papel desempeñado en la historia de la falsificación por el turbio Heidemann, relacionado con los medios neonazis alemanes y con criminales de guerra hitlerianos instalados en Latinoamérica, y el carácter exculpatorio para su autor de los diarios apócrifos abren paso a la sospecha de que Stern pudo ser elegida como involuntario vehículo de una falsificación situada en la estela de los Protocolos de los sabios de Sión y llamada a servir de instrumento ideológico para un relanzamiento del nazismo. En tal caso, el honor perdido no tendría como víctima a la muchacha de la novela de Heinrich Böll sino a quienes han sacrificado los principios más elementales de la moral periodística en beneficio de la vanidad o del dinero, instrumentos de la repugnante tarea de reivindicar fraudulentamente la memoria de uno de los mayores genocidas de la historia de la humanidad.

El 1 de mayo de 1983 la prensa había apuntado por error que harían falta años para saber si los diarios eran verdaderos o falsos. Y el día 3 de mayo de 1983 se había publicado la opinión del historiador David Irving, asegurando que los diarios eran auténticos.