Search
Los tertulianos anti-aznaristas intentarán dar a entender que Aznar estaba elogiando a ETA como "movimiento de liberación", cuando lo que hacía era referirse a la organización MLNV a través de la cual negociaría con ETA

José María Aznar anuncia que ha autorizado contactos con ETA a través del Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV)

HECHOS

El 03.11.1998 el presidente del Gobierno, D. José María Aznar, anunció que había mantenido contactos con el Movimiento de Liberación Nacional Vasco.

¿QUÉ ES EL MOVIMIENTO DE LIBERACIÓN NACIONAL VASCO? 

El Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) es un complejo entramado de organizaciones políticas, sociales y sindicales de caracter independentista. El MLNV está formado por todos los grupos que componen la izquierda abertzale, desde Herri Batasuna hasta el movimiento internacionalista Askapena, pasando por la Gestoras pro Amnistía, los ecologistas de Eguzki, el colectivo de alfabetización de adultos AEK y la Coordinadora Abertzale Socialista (KAS), que es el grupo que cuenta con mayor peso específico e influencia dentro de todo el MLNV.

A su vez, forman parte de KAS la organización terrorista ETA, calificada como «brazo armado»; HASI, el partido político que durante muchos años fue punta de lanza y que ha perdido parte de su relevancia; el sindicato LAB; el movimiento popular ESK; las juventudes de Jarrai y EGISAN, colectivo feminista de la coordinadora.

Los comunicados de ETA hacen referencia siempre al MLNV como dinamizador del movimiento independentista, y recalcan indefectiblemente que todas las acciones de la organización terrorista se enmarcan dentro de los intereses generales del movimiento.

04 Noviembre 1998

Abre Aznar

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

El presidente del Gobierno anunció ayer que ha autorizado contactos directos con el entorno de ETA para afianzar el proceso abierto tras el alto el fuego. Sorprende que esta decisión fuera previamente comunicada al PNV, pero no así al PSOE, lo que dio lugar a una destemplada reacción socialista.Es razonable que mes y medio después del anuncio de tregua el Gobierno intente verificar las intenciones de la banda, sobre todo acerca de un abandono definitivo de las armas, como cabría deducir de las palabras del portavoz que habló por la BBC. Y ello, para ver si se cumple la condición establecida en el pacto de Ajuria Enea -«actitudes inequívocas»- para activar un diálogo que ayude a cerrar el problema terrorista. Se formule como se formule, la idea depaz por presos forma parte central de cualquier intento de reconciliación, y está en el planteamiento de Ajuria Enea.

Lo que está expresamente excluido es que alguien intente extraer ventajas políticas de la violencia. Es posible que a los 20 años de la aprobación de la Constitución y casi tantos de los primeros estatutos de autonomía sea conveniente renovar los consensos que los hicieron posibles, e incluso incorporar a los mismos a quienes han permanecido deliberadamente al margen. Pero tal eventualidad no podrá ser el pago por dejar las armas. Pretender contraprestaciones políticas por dejar de matar equivale a exigirlas por haber matado. De ahí que cualquier diálogo de alcance político deba plantearse, como marca Ajuria Enea, entre representantes legítimos de la voluntad popular. Con ETA puede hablarse de la reinserción de sus miembros, y para ello hay que establecer algún contacto. El Gobierno dice que quiere evitar secretismos que puedan un día volverse contra él. Bien está que comunique sus intenciones. Pero parece lógico que el primer destinatario del mensaje sea el primer partido de la oposición.

04 Noviembre 1998

Horizonte de esperanza

ABC (Director: Francisco Giménez Alemán)

A las once treinta de la mañana de ayer, un despacho de agencia informaba que el presidente del Gobierno había autorizado el «establecimiento de contactos» con interlocutores del entorno del MLNV con el fin de «acreditar la voluntad» de la banda terrorista de dar los pasos precisos para el «cese definitivo de la violencia».

La esperanza, precaria todavía, de que el proceso que se anuncia fructifique en la pacificación del País Vasco, exonerando a esa entrañable porción de España de la servidumbre del terror, nos lleva a subrayar la fecha del 3 de noviembre como el posible punto de partida de una andadura que ningún español de buena voluntad puede dejar de desear que culmine venturosamente.

La noticia no puede considerarse sorprendente. Con dosificada cautela, no ha dejado de sugerirse en todas las manifestaciones de Aznar, sobre todo en su importante discurso de Victoria cuando reclamó «compromisos claros» y advirtió que la paz no podía tener el precio de la democracia ni habría de ser administrada por quienes quisieran «retorcer la voluntad de los ciudadanos».

Se abre un proceso arduo y de resultado incierto. Los precedentes —la disolución sólo parcialmente lograda de los «polis-milis», Argel, las sucesivas «tomas de temperatura» de los gobiernos socialistas— aconsejan mantener la más rigurosa cautela. Pero es un camino que merece la pena y hay que alentar el valor de Aznar por decidirse a recorrerlo.

Creemos que la metodología adoptada es la única capaz de alcanzar resultados. Sin mediadores melífluos, instalados en una equidistancia inadmisible, ni interferencias de los partidos que pretendieran sacar réditos de su intermediación. Sólo el Gobierno de la Nación tiene en sus manos la única contrapartida a la que la banda puede aspirar: la indulgencia.

En este momento, no cabe olvidar a las víctimas del terrorismo y a sus familias. Su más plenaria reparación y su reconocimiento son un auténtico prerrequisito para cualquier buen fin de las conversaciones. Estamos ciertos de que el Gobierno no dejará de tenerlo en cuenta. Como tampoco, por obvio, nos parece necesario subrayar que las reglas del juego, la Constitución, el Estatuto, no pueden ponerse sobre la mesa. Aznar lo ha dicho hasta la saciedad. Cumplidas esas condiciones, es hora de grandeza de miras. Es la hora también de consenso: el Gobierno debe implicar en su propósito a todas las fuerzas políticas.

Para un periódico es duro admitir que la reserva más escrupulosa es una condición imprescindible para el éxito de los contactos. No podemos abdicar del deber de informar responsablemente. Pero somos muy conscientes de la importancia de lo que está en juego y nos sentimos comprometidos con el logro de la paz. Por ello, procuraremos no perjudicar el proceso, mediante un muy prudente y sereno ejercicio de nuestro derecho a informar y opinar. Nunca pondríamos en riesgo la posibilidad cierta de un País Vasco libre y en paz a cambio de la satisfacción efímera de una portada de tan seguro como fácil impacto.

04 Noviembre 1998

Otro valiente paso de Aznar hacia la paz

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

El Jefe del Gobierno confirmó ayer lacónicamente que ha autorizado la toma de contactos con el entorno de ETA. Poco después el portavoz del Ejecutivo aclaró que esos contactos «con el llamado MLNV» (Movimiento de Liberación Nacional Vasco) apuntan a acreditar que la decisión de la organización terrorista de abandonar la violencia es definitiva. Obvió decir —era innecesario— que, de confirmarse tal cosa, habrá negociación.

¿Cómo? ¿Entre quiénes? ¿Cuándo? ¿Dónde? El Gobierno no quiere entrar en detalles, y se entiende. Se sabe, eso sí, que José María Aznar está decidido a seguir el proceso muy de cerca, no delegando en nadie salvo para lo imprescindible. Lo más probable es que la tarea acabe subdividiéndose: habrá diálogo directo con ETA, de un lado, para evaluar el problema de los presos —aunque no sólo—, y habrá por otro lado conversaciones más específicamente políticas, en las que todas las fuerzas parlamentarias habrán de tener participación.

Estamos, en todo caso, ante un giro fundamental de los acontecimientos, que afecta hasta al lenguaje: nunca el Gobierno se había referido al MLNV, utilizando estas siglas, como lo hizo ayer. La iniciativa que ha emprendido desborda ampliamente no ya sus planteamientos iniciales —que para qué recordar— sino incluso posiciones más matizadas y recientes, como la que exigíia «un signo inequívoco» de ETAantes de pasar a mayores. Al final, ha optado por prescindir de los contactos exploratorios del Cesid —difícilmente podría encontrarse un organismo que suscitara más recelos en la otra parte— y tomar la iniciativa directamente y con valentía, como hizo John Major en su día con el IRA.

El Gobierno vasco ha manifestado la «gran satisfacción» que le produce la iniciativa de Aznar. IU la ha calificado de «fabulosa». EA dice que «éste es el camino». Incluso UPN la ve «correcta». Sólo los portavoces de la cúpula del PSOE la ha criticado. Se quejan con amargura de que no fueron advertidos de ella con la necesaria anticipación, lo que les mueve a calificarla de «imprudente». Pero hay que subordinar las formas a los contenidos. Así lo ha hecho el ex ministro Enrique Mújica y así lo ha remachado el portavoz de la Junta de Andalucía, para quien una decisión como ésta «no debería ser objeto de polémica».

Ante asunto de tanta trascendencia, los celos partidistas están de más. Si la paz acaba por lograrse, nunca será exclusiva de Aznar: corresponderá a todos cuantos la hayan propiciado.

04 Noviembre 1998

Con tacto

Federico Jiménez Losantos

Tengo la impresión de que la sorprendente, intempestiva e inesperada confirmación por parte de José María Aznar de su autorización para el establecimiento de contactos con ETA guarda estrecha relación con la noticia filtrada ayer acerca de una supuesta escisión dentro de la banda terrorista entre los que quieren tener un trato directo con el Gobierno y quienes prefieren que se lleve a cabo a través de Herri Batasuna, que tomaría así un carácter de intermediario y no de simple brazo político del terrorismo. Si mis suposiciones son ciertas, el Gobierno habría mostrado una preocupación razonable sobre el proceso, pero también una preocupante prisa por no perder pie en acontecimientos de los que no es responsable y que dificilmente puede controlar. Además, da pie a que los partidos de oposición critiquen un protagonismo exclusivo y excluyente del proceso de paz, en perjuicio del consenso necesario de los partidos democráticos. Lo primero sería malo y lo segundo, peor.

Puesto que es el fin del terror lo que se busca y el camino es necesariamente, como en la canción de Georges Harrison, «largo y sinuoso», convendría no apresurarse en los trámites y contar con los inevitables retrocesos y tiempos muertos de lo que de una u otra forma será la negociación, aunque se salven los principios éticos y democráticos que el Gobierno de un país respetuoso de sí mismo nunca debe perder de vista. Y si hay algo que en estos contactos y los que vengan tampoco se puede perder es, precisamente el tacto, el cuidado, la precaución de no enajenarse el apoyo de los partidos políticos democráticos. En ese sentido, la impresión de ayer, con el abrupto anuncio confirmatorio deAznar y la vaga explicación de Piqué relativa a aspectos colaterales, aunque posiblemente ciertos y sin duda importantes, así el fin del «impuesto revolucionario» o el fin de atentados «incontrolados» contra sedes de partidos, no es precisamente confortable, ni siquiera satisfactoria. Se entiende y se disculpa que una precipitación de problemas internos en el bando terrorista haga correr al Gobierno para no perder el tren de los acontecimientos. Se entendería mucho peor y no admitiría disculpa que esa prisa sólo pretendiera mantener ese «liderazgo en el proceso de paz» sobre el que hablan demasiado los políticos populares, lejos ya de la inevitable batahola de las declaraciones electorales vascas. Cuidado con ese asunto.

Que el Gobierno español debe dirigir el proceso de pacificación es evidente. Que no entienda que tal dirección implica la permanente atención informativa y la eventual consulta al resto de partidos democráticos es una posibilidad preocupante. En la opinión pública el consenso visible de los grandes partidos nacionales es un elemento fundamental. Si por «apuntarse un tanto» el Gobierno perdiera el partido, perderíamos todos. También Aznar.

06 Noviembre 1998

Cartas cruzadas

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

El mensaje del Gobierno a ETA, anunciando su disposición a entablar diálogo directo con los representantes del MLNV (sic), se ha cruzado con el de ETA a los partidos nacionalistas para recordarles que la tregua no es definitiva. Algo ha debido fallar para que el Gobierno se adelante a reconocer como movimiento de liberación a lo que hasta ayer era una banda, que en su último comunicado no deja de lanzar múltiples advertencias. Tal vez sea inevitable en un proceso que casi por definición exige muchos sobreentendidos, pero da la impresión de que el diálogo ha comenzado en términos de adónde vas, manzanas traigo.Si nos atenemos al precedente irlandés, lo importante no es lo que digan los comunicados de los grupos terroristas, sino lo que hagan (o dejen de hacer). Pero eso no significa que haya que pasar por alto cualquier cosa que digan. Parte del secreto del éxito del proceso es que quienes estaban acostumbrados a un discurso sin réplica posible -el de la muerte- aprendan que la democracia es algo diferente a la aceptación por parte de los demás del propio punto de vista, por muy indiscutible que a ellos les parezca.

Ya el comunicado del 17 de septiembre, en el que se anunciaba la tregua, era un monumento a esa lógica. Su argumentación venía a sostener que ETA había conseguido forzar a los partidos nacionalistas a abandonar su propio punto de vista y asumir el correcto: el estatuto está agotado, la integración de Navarra (y el País Vasco francés) no es una cuestión opinable, no habrá libertad sin autodeterminación, etcétera. El abandono definitivo de las armas quedaba condicionado a que los nacionalistas fueran consecuentes y no volvieran a las andadas. En lo inmediato, les exigía la ruptura de cualquier relación con los partidos españoles, entendiendo por tales a los que no se pliegan a las exigencias de la construcción nacional tal como la interpreta ETA.

A su mensaje inicial añade ahora el argumento de que las elecciones han consagrado la mayoría de quienes defienden estas posiciones expresadas en el pacto de Estella, pese a que han «podido votar guardias civiles, policías y militares» y a que las elecciones se han celebrado «bajo la amenaza y el control» de esos cuerpos y de las «fuerzas armadas zipayas». Ahí está el punto de partida de ETA para el diálogo: no se trata de hablar de presos, sino de un nuevo marco político.

El Gobierno sostiene, por su parte, que antes de cualquier movimiento debe quedar claro que el abandono de la violencia es definitivo. Entonces podrán entrar en juego las previsiones del Pacto de Ajuria Enea sobre medidas de reinserción social de los presos. Y sólo tras la culminación del proceso de paz podrá eventualmente discutirse de asuntos políticos, siempre por cauces institucionales.

Llegados a este punto es urgente conocer cuál es la posición de los partidos firmantes del acuerdo de Lizarra: si piensan que sus votantes han respaldado la interpretación que hace ETA de la situación actual y de los resultados electorales; en particular, si consideran que el Estatuto de Gernika sigue teniendo vigencia o ha sido superado, y si se atienen a los principios del Pacto de Ajuria Enea.

En los últimos meses, los nacionalistas reprochaban a las demás fuerzas de ese foro democrático su pasividad en la búsqueda de vías de acercamiento al mundo radical que permitieran una salida dialogada. Es inútil seguir discutiendo de ello una vez que la propia ETA ha declarado una tregua indefinida. La cuestión es ahora si existe acuerdo sobre el contenido esencial del pacto: la negativa a que alguien pueda sacar ventajas políticas de la violencia. Si existe, deberán ser los partidos vascos, firmantes o no de Lizarra, los que respondan a ETA que no es el estatuto ni la Constitución, sino el pluralismo de la sociedad vasca, lo que obstaculiza la realización de su ideal independentista.

Aceptar la vía política significa reconocer que otros ciudadanos tienen diferentes ideales y que no es democrático intentar cambiárselos a tiros, o con la amenaza de reanudarlos.

 

by BeHappy Co.