19 marzo 2010

Fernández-Lasquetty le reemplaza como consejero y Lucía Figar como portavoz

Dimisión y retirada política repentina de Juan José Güemes Barrios, uno de los escuderos de Esperanza Aguirre Gil de Biedma.

Hechos

El 18.03.2010 D. Juan José Güemes anunció su dimisión como Consejero de Sanidad, portavoz del PP de Madrid y diputado.

Lecturas

El 18 de marzo de 2010 en una rueda de prensa conjunta Dña. Esperanza Aguirre Gil de Biedma, presidenta de la Comunidad de Madrid y D. Juan José Güemes Barrios, consejero de Sanidad, anuncian la dimisión de este último de todos sus cargos y su retirada de la política tras 16 años en los equipos de Dña. Esperanza Aguirre Gil de Biedma. El motivo oficial de la dimisión es por motivos ‘personales’. El nuevo consejero de Sanidad será D. Javier Fernández-Lasquetty.

Entre las muchas teorías sobre los motivos reales de la marcha del Sr. Güemes Barrios se incluiría algunas que vinculan el posible temor a que el Sr. Güemes pudiera verse manchado por las investigaciones de corrupción en torno a su suegro (está casado con la diputada Dña. Andra Fabra cuyo padre, D. Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón, está siendo investigado por presunta corrupción).

19 Marzo 2010

El 'niño bonito' de Aguirre

Jesús Sérvulo González

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Juan José Güemes, hasta ayer consejero de Sanidad, escapa de la luz de los focos que ha buscado casi obsesivamente en los últimos años. Se siente cómodo ante los medios. Tiene tal seguridad en sí mismo que cree que conquistará a todo el que se le ponga por delante. Pero la situación cambió cuando Esperanza Aguirre le propuso que fuera la cara y la voz del PP regional. Quería que fuera su ariete político y eso ha desgastado su imagen pública. Su vanidad le ha hecho cometer varios excesos dialécticos que no han gustado entre algunos compañeros de Gobierno. Y le ha enfrentado con otras corrientes de su partido. Pero nadie se ha atrevido a decir nada porque ha sido el niño bonito de Aguirre.

El ex consejero formó parte del pequeño grupo de colaboradores que Génova montó a la presidenta para presentarse en 2003 a la Comunidad de Madrid. Entonces Aguirre no tenía tanto poder político y la empresa era arriesgada. La idea era que la ex ministra ganara al calor de Alberto Ruiz-Gallardón, presidente regional saliente. Güemes se tomó aquello como un reto y se ganó la confianza de la presidenta, que le ha perdonado algunas infidelidades políticas. Como cuando en el pasado congreso del PP nacional en Valencia, en junio de 2008, en plena batalla entre Aguirre y Rajoy para controlar el partido, Güemes coqueteó con sus rivales para ganarse un puesto entre los notables. De hecho, el ex consejero era el único miembro del Gobierno regional con silla en la ejecutiva nacional del PP. Desde entonces se ha esforzado por limar asperezas entre ambos líderes y ha intentado acercarse a Rajoy.

Güemes (Madrid, 1969) procede de una familia conservadora. Estudió en un colegio del Opus. Es padre de tres niñas y está casado con Andrea Fabra, diputada nacional del PP e hija del polémico presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra.

Algunos compañeros de partido dicen de él que es «el guapo del Gobierno». Quizá por eso, Aguirre llegó a relacionarle en broma con la actriz Angelina Jolie. «Tendría más credibilidad que otras cosas que se dicen», deslizó entre risas la presidenta durante un acto público. Su aspecto de pijo guaperas le ha dado algún dolor de cabeza, recuerdan compañeros de partido. La propia presidenta regional desmintió irónicamente una supuesta relación con la ex modelo Sofía Mazagatos.

Güemes siempre ha sabido rodearse de personas con poder. Cuando terminó la carrera de Económicas y ejercía de becario en el departamento bursátil de una importante entidad financiera comenzó a colaborar con la oficina económica del PP. Allí se adoctrinó. Siempre le había interesado la política, pero hasta entonces no se la había tomado en serio. Se afilió al partido y empezó a codearse con gurús económicos como Cristóbal Montoro o Juan Costa. Al frente de todos ellos estaba Rodrigo Rato, quien se fijó en su obsesiva capacidad de trabajo. El ex consejero recuerda de aquella época la cantidad de informes y discursos que preparó. Era un momento en que el Gobierno de Felipe González se tambaleaba y los populares acariciaban la victoria. Allí entabló buena relación con Rato.

Poco después, el PP ganó las elecciones y «su jefe» se convirtió en ministro de Economía. Nombró a Güemes secretario de Estado de Turismo.No olvida la actividad frenética de aquella época. Vivía en los aeropuertos. Allí comenzó a familiarizarse con los focos que tanto ha perseguido. Aquellos que no le iluminaban cuando era consejero de Empleo y Mujer. Demasiada tranquilidad para su ambición. Tiene instinto político. Por eso esperó pacientemente. Hasta que hace tres años le cayó como regalo del cielo la cartera de Sanidad. Aguirre apartó al polémico Manuel Lamela del área más conflictiva del Gobierno. La que más presupuesto y más personal aglutina. Enviaba a un gladiador para poner en marcha los nuevos hospitales, fajarse con los sindicatos y aprobar una ley de libre elección que reestructura la sanidad. Güemes tenía una complicada misión que contó con sonoras protestas. «El ruido sólo es el 1% de mi vida. El resto es trabajo», dijo entonces. Quizá el ruido se convirtió en tumulto. Ahora dejará de oírlo, pero también los susurros de Aguirre.

19 Marzo 2010

Güemes se va, pero se queda

Pedro Blasco

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Se va Güemes. Y él contestaba: «No. No me voy. Soy fiel al PP y a Esperanza Aguirre». Cuando se suponía que Ignacio González se iba a ir a Cajamadrid, se decía que Aguirre no tendría otro remedio que nombrarle vicepresidente. Y Juan José Güemes decía: «No es verdad. Yo soy fiel al PP y a Esperanza Aguirre». Cuando Ignacio González cayó como candidato a presidente de Caja Madrid, tuvo su corazón partido. Hombre de Rato, pero en el Gobierno de Aguirre. «Lo pasó mal», decía un consejero.

Ayer, lo que se venía diciendo en los últimos meses se confirmó, por sorpresa, y Juan José Güemes abandonó el Gobierno de Esperanza Aguirre, pero dijo que seguiría siendo «fiel al PP y a sus ideas».

Se va del Gobierno, pero no de la política. Se queda en el comité de dirección del PP-Madrid, «como Manuel Pizarro», y también en el comité ejecutivo nacional del Partido Popular, donde trabajará con Mariano Rajoy y su equipo más cercano. Poco antes de dimitir le informó al presidente del PP.

El sustituto es Javier Fernandez-Lasquetty, consejero de Inmigración, cuya consejería se funde con la de Empleo y Mujer que preside Paloma Adrados. Lucía Figar, muy cercana a Güemes, le sustituye como portavoz en el PP.

Juan José Güemes se va por «razones personales», que nadie cree. No le ficha la General Motors para aumentar las ventas de coches ni el Banco de Santander para mejorar sus resultados. Se va de presidente del Centro Internacional de Gestión Emprendedora del Instituto de Empresa Business School, con prestigio en el mundo de la formación y basta.

Las interpretaciones eran ayer muy variadas. Pero lo mejor era escuchar a los diputados del PP en la Asamblea de Madrid, que estaban desorientados. ¿Qué ha pasado? ¿Se han peleado? ¿Qué va a hacer? ¿Tan mal se llevaba con los jefes? El mosqueo era general.

Los más cercanos a Esperanza Aguirre decían que la presidenta estaba molesta con su consejero, que no le defendió con la suficiente fuerza en un famoso comité ejecutivo del PP. Aquel día, Manuel Cobo explicó sus declaraciones contra Aguirre publicadas en El País. La presidenta de la Comunidad no acudió y su defensor fue Güemes.

Ayer, Aguirre, seria, acudió a la rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno de la Comunidad y se sentó junto a Ignacio González y el propio Juan José Güemes. «Nunca me ha defraudado», dijo en una cariñosa despedida en la que reconoció haberse sentido sorprendida por la decisión de su ex consejero. «Nos ha entristecido enormemente».

La presidenta dejó contar a Güemes, antes de que anunciara su dimisión, que el Gobierno envía al Consejo Económico y Social los dos decretos por los que se desarrolla la ley de la libre elección de médico. Este proyecto es, dicen las malas lenguas, uno de los motivos de roce dentro del Gobierno Aguirre. Elimina todas las áreas sanitarias y las funde en una sola, aunque habrá algunas divisiones y siete zonas de asistencia primaria.

En el fondo de este proyecto está la reducción de liberados sindicales, algo que el Gobierno regional considera un escándalo y que Güemes estaba negociando con los sindicatos.

La presidenta cree que volverá a la política dada su fuerte vocación. Lo dijo por la mañana y lo repitió por la tarde en la Asamblea. El ex consejero les comunicó a sus compañeros que se iba a la empresa privada, que estaba cansado y que quería dedicar tiempo a su mujer e hijos.

Otra de las interpretaciones que circulaba ayer por la Asamblea es que Juan José Güemes se va, como los árbitros de fútbol, una temporada a la nevera. Trabajará con Aguirre en Madrid y en España con Rajoy y esperara pacientemente por si Rodrigo Rato le llama. Ayer, ya se le preguntó en la rueda de prensa si iría a Caja Madrid. La presidenta dijo que lo ignoraba, pero que no era un sector incompatible con su anterior ocupación.

Aguirre, ayer más seria que de costumbre, se queda sin uno de los consejeros que más ha recibido de la izquierda. Le han dado en la calle, en los hospitales y en la Asamblea. Ayer se le veía serio y triste, aunque decía estar alegre. No ha contestado mensajes de su móvil desde hace días. «A partir de ahora tendré tiempo de hacerlo, mucho tiempo», dijo.

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APOYO

#Una carrera política meteórica

>Juan José Güemes (Madrid, 1969) es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales. Se incorporó a la vida política en 1993 como asesor de Economía en la Asesoría Parlamentaria del Grupo Popular en el Congreso.

>A la escena madrileña llegó en marzo de 2003 después de que Esperanza Aguirre ganara sus primeras elecciones a la Comunidad. Era el número tres de la lista y asumió el puesto de portavoz adjunto en la Asamblea.

>Ha sido coordinador de Participación Ciudadana del PP de Madrid, secretario de Comunicación, secretario general de Turismo, consejero de Empleo y Mujer y consejero de Sanidad. Desde el lunes trabajará en el sector privado.

19 Marzo 2010

Tamayo. El regreso

Casimiro García-Abadillo

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Eduardo Tamayo acudió ayer a la Puerta del Sol para entrevistarse con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. No tenía cita, aunque él asegura que la había conseguido a través del gabinete del consejero de Interior, Francisco Granados.

Ahora bien, ¿qué pretendía Tamayo con ese amago de encuentro aderezado con cobertura mediática?

Tamayo, recordarán, fue el diputado del PSOE en la Asamblea de Madrid que, junto a su inseparable María Teresa Sáez, dejó a Rafael Simancas con la miel en los labios de un gobierno de izquierdas en la Comunidad. Pero de aquello hace ya casi siete años.

La versión del propio Tamayo sobre el tamayazo es que el PSOE incumplió sus acuerdos con la facción que él representaba (los Renovadores por la Base, de José Luis Balbás) y que hubiera supuesto el reparto de carteras en el gobierno de Simancas. El secretario de organización del PSM, Antonio Romero, no acudió a la cita para concretar el pacto y Tamayo y Sáez se ausentaron de la votación, lo que impidió la investidura del entonces líder de los socialistas madrileños como presidente de la Comunidad. Meses después, se repitieron las elecciones en Madrid y Aguirre ganó por mayoría absoluta.

Mucho se especuló entonces sobre las razones que llevaron a este avezado militante socialista a dejar compuesto y sin gobierno a Simancas.

El PSOE habló de «contubernio del ladrillo» a favor del PP e insinuó el pago de importantes cantidades de dinero a Tamayo y su compañera. Pero nada se demostró.

Sin embargo, Tamayo volvió a reaparecer en la vida política, de forma discreta, hace unos meses. Coincidiendo con el asunto del supuesto espionaje a Manuel Cobo, Tamayo solicitó una entrevista al consejero Granados.

Según fuentes solventes, Tamayo, abogado de profesión, relató al secretario general del PP la crítica situación que atravesaba su bufete. Luego, entró en harina. Le dijo que, en su día, Ricardo Romero de Tejada (entonces secretario general del PP de Madrid), le había ofrecido seis millones de euros por la operación. Que desde entonces no había cobrado nada y que ahora pretendía saldar aquella deuda.

Posteriormente, Granados habló con Romero de Tejada y éste no sólo le desmintió la suculenta oferta, sino que le dijo que no conocía de nada al tal Tamayo.

El consejero se tranquilizó, pero Tamayo insistió e incluso llegó a remitir una carta a la presidenta de la Comunidad de Madrid.

Ayer, el propio Tamayo daba, en conversación con EL MUNDO, su versión sobre los hechos. «Yo no he cobrado ni un duro, no soy un golfo. Me he entrevistado en cuatro ocasiones con Granados, pero no le he pedido dinero».

Entonces, ¿por qué reaparece tras siete años de silencio?

Ésta es su explicación: «Ahora tengo datos que antes no tenía. He hablado con empresarios, con políticos, con mucha gente. De eso es de lo que quería hablar con Esperanza Aguirre. Si Aguirre es batalladora, yo también lo soy. Si le ajusté las cuentas a Simancas, también se las puedo ajustar a Aguirre».

Tamayo llegó incluso a vincular la salida de Juan José Güemes del Gobierno autonómico con sus posibles revelaciones sobre el tamayazo. «Se va porque pertenece a un grupo muy concreto del PP, al de Romero de Tejada», afirma.

En la versión de Tamayo hay cosas que no cuadran.

¿Si no busca dinero, qué es lo que pretende ahora? ¿Si no cobró entonces, por qué el PP le iba a pagar ahora, siete años después?

Lo único claro es su pretensión de que la mera sospecha pueda serle rentable de algún modo. Si sabe algo, que tire de la manta. Y si no, que haga mutis por el foro.