29 mayo 2016

Juan Soto Ivars ‘cuela’ como acróstico en un artículo en el suplemento de ‘El País’ un insulto hacía el presidente del Grupo PRISA: «Cebrián es un tirano como Calígula»

Hechos

El 29 de mayo de 2016 se viralizó en la red social Twitter el acróstico que figuraba en un artículo del suplemento ‘Tentaciones’ del diario EL PAÍS en el que se descalificaba al presidente del periódico y de su empresa editora.

Lecturas

En  mayo de 2016 la revista ‘Tentaciones’, editada como suplemento del diario El País del Grupo PRISA publicó el artículo «Aquí, sufriendo», firmado por el escritor D. Juan Soto Ivars, el artículo decía lo siguient:

Aquí, sufriendo. La imagen virtual, reflejada en la pantalla, ya puede mostrar lo que quiera. Enfrente, en la vida real, lo estamos haciendo todo mal. 

Cuando los veo tan sonrientes observo lo que pasa después y me da por reír. Escenas como la que voy a describir se reproducen cada día en la ciudad donde vivo en cada valle, cuando voy a comprar el pan o a por tabaco en el chino de urgencia, Barcelona es un estudio de fotografía callejero. Riadas de carne, entregadas a la tarea de sonreír ante la cámara, estiran el palo que les ha vendido un paquistaní en la plazuela y estiran más todavía los músculos faciales o muestran el símbolo de la victoria. 

Inmediatamente después de hacer la foto las caras se ponen serias, las sonrisas se desvanecen en recelo, los ojos son satélites espía alrededor de las órbitas. Amenazantes, rodean el teléfono y escrutan la pantalla, fiscalizan si el selfie hace justicia a la idea de un viaje apasionante. Negocian entre sí. Es fundamental que todos los contactos de Facebook rompan a salivar la envidia cuando vean la foto. Soportar la sangría hedionda, la paella de contrachapado, las estafas de chiringuito, las picaduras de los insectos, todo eso es parte de la campaña de marketing vital, de rodaje. Una aventura fabulosa en la ciudad más loca del Mediterráneo.

No les importa la experiencia sino la recompensa intangible, la respuesta inmediata plagada de smiles y corazoncitos, el guapa – guapa como de señoras que ven pasar a la infanta. Titanizados por su Itaca, arrastrarán por todo el periplo sus mamas, exhaustas en una yincana pegajosa, embadurnados de crema de protección solar que en realidad es un mejunje lubricante para penetrar en la popularidad.

Igual van a restaurantes y sacan la foto de la comida que van a meterse entre pecho y espalda con el gesto desangelado y la mirada perdida. Robots, que se alimentan y alimentan al mismo tiempo el estómago inagotable de la celebración virtual. Aspiran a llenar la panza de los demás. No, intentan nutrir su imagen pública, que es una obesa, y por eso los verás meterse en la boca la comida que han fotografiado mientras repasan, móvil junto al plato, el banquete de retuits y de felicitaciones. Ojo, si el primer plato tuvo poca repercusión habrá que colocarle el segundo un filtro de Instagram diferente, otro aderezo, un poco más de pimienta o de sal.

Comer y ser comido al mismo tiempo. Orquídea fantasma en lo más apartado de la jungla. Manada de seres humanos, «aquí, sufriendo», como santos con un estigma de plástico y grafeno. Obligados a vivir sin el teléfono seria condenarlos a una vida peligrosa, pero lo más alucinante es que antes y después de la foto lo están haciendo todo mal. Cuando se acaba la batería se termina el oxígeno de la nave espacial.

veces se le pone a un rubio la mirada loca y coloca el libro encima de las piernas para que la playita aparezca en segundo plano en la foto, o deja que el helado se derrita porque no ha conseguido una buena toma a la primera, o tapona la salida del aeropuerto porque quiere aprovechar la oportunidad de hacerse una foto en la que se vea claramente el cartel de Madrid Adolfo Suárez.

Lo que cuento, este proceso de locura colectiva, se intensifica con el calor del verano. Infinitos corpúsculos se aproximan a nuestras ciudades para hacerlo todo mal. Gamberro mal, nadie se cree esa cara de rapero que pones, sibarita mal, ni siquiera sabes lo que estás comiendo, festivalero mal, que la música no acalle tus garras de destacar, enamorado mal, has mirado más minutos a tu chica por la pantalla que a través de los ojos del amor.

Un día todos vamos a ser viejos. Los momentos que nos secuestró la cámara se habrán podrido como flores de lirio entre las páginas de un best seller barato. Alguna vez nos preguntaremos qué hacíamos mientras se iba la vida por las redes y no quedará nadie en Twitter que nos pueda responder.

Juan Soto Ivars

El 29 de mayo de 2016 se viralizó en la red social Twitter que el artículo contenía un acróstico. Si se cogía la primera letra de cada párrafo, el Sr. Soto Ivars había colado un insulto contra el presidente del Grupo PRISA, D. Juan Luis Cebrián Echarri: la frase «Cebrián es un tirano como Calígula«.

31 Mayo 2016

Por qué llamé tirano a Cebrián en su propia casa

Juan Soto Ivars

Leer
Hace ya años que Cebrián, que dicen que fue periodista, parece más acostumbrado a la opacidad de las altas esferas que a la transparencia y la información

Hace un mes, Juan Luis Cebrián amenazó con denunciar a los medios que informaban de su papel en el escándalo de Panamá. Antes había pasado algo extraño: cuando contábamos que aparecían Pilar de Borbón, Messi y Almodóvar, ‘El País’ se limitó a señalar a Putin, y aunque eludió mencionar la fuente, sí que metió veces la palabra Venezuela, que nunca está de más.

Ni el más ingenioso de los conspiranoicos hubiera podido deducir de este extraño ángulo informativo que cierto directivo podía tener en ese momento los cojones de corbata. Cuando días más tarde la palabra Cebrián apareció en El Confidencialy La Sexta, y cuando ‘eldiario.es’acudió raudo a difundir la información, las palabras ‘acciones legales‘lo hicieron en ‘El País’. Nos arriesgábamos a soportar un juicio más patético que el del plagio de Flo a Chiquito de la Calzada, pero, por lo visto, los abogados de Prisa desaconsejaron al empresario la vía judicial.

Ese mismo día, en lo que parecía una pataleta estilo búnker asediado por los rusos, el subordinado del presidente ejecutivo de Prisa prohibió a los periodistas de su grupo que asistieran a programas de La Sexta o que participaran con colaboraciones en El Confidencial y ‘eldiario.es’. Era Cronos devorando a su descendencia.

¿Qué habían hecho estos medios? Informar. Hace ya años que Cebrián, que dicen que fue periodista, parece más acostumbrado a la opacidad de las altas esferas que a la transparencia y la información. Irritado por la salida de tono del presidente, escribí en Twitter que cualquier empresa hubiera decapitado ya a un directivo que la encamina a la ruina por activa y por pasiva, y recibí una llamada de mi jefe del ‘Tentaciones’ para advertirme de que en esta vida hay que ser coherente.

Mi padre siempre me ha dicho que la actitud más coherente no es siempre la más lucrativa, y en pos de la coherencia decidí decirle a Cebrián lo que pienso de él en su propia casa. Deslicé un mensaje cifrado en la que iba a ser mi última colaboración en ‘Tentaciones’ ese mismo día, envié el artículo y tres semanas después llegaba a los quioscos. Redondeando la primera letra de cada frase de ese texto podía leerse «Cebrián es un tirano como Calígula«.

Esta no es una idea original mía, esto debo admitirlo. Esa frase la he copiado, se repite en ‘petit comité’ entre muchos de los trabajadores de su empresa. Pasa lo mismo fuera: hace muchos años que trabajo en este mundillo y jamás he oído a un solo profesional que defienda a Cebrián, pero en cambio es rarísimo leer una crítica por escrito. Cebrián no impone respeto, sino miedo.

El sábado, con el ‘Tentaciones’ en los quioscos, escribí al director de la revista para confesarle lo que había hecho y para que la explosión no le pillase desprevenido. En el mismo ‘mail’dimitía de mi colaboración, por seguir con la coherencia, y por no darle el gusto a quien tiene el poder para despedir a quien le dé la gana de allí.

El terror que impone el poder libra a los poderosos de muchos dardos de poetas y sátiros, pero alguno se les clava de vez en cuando a traición. En los tiempos de Calígula, aparecían pintadas en las paredes de Roma que lo retrataban follándose a su hermana, porque cada época tiene sus códigos de subversión.

Dado que los periodistas están acojonados por los despidos, los recortes de sueldo y las amenazas políticas y financieras que se ciernen sobre la prensa, tuve que hacer yo la astracanada, porque tengo la suerte de recibir la mayor parte de mi sueldo de un medio verdaderamente independiente. Había decidido enviar un mensaje sincero a Cebrián por un canal que sabía que llegaría directamente a él antes de saber lo que iba a escribir.

¿Por qué lo he hecho? Porque yo me he criado leyendo ‘El País’, me he formado leyendo ‘El País’ y he conocido España leyendo ‘El País’; porque llevo años viendo cómo convierten un periódico lleno de profesionales excelentes en un cortijo al servicio de su acreedor. No quiero que lo que he hecho se entienda como un ataque al periódico, porque es una defensa. Tengo muchas ganas de que ‘El País’ vuelva a ser lo que fue.