4 abril 1946
Juicio de Nüremberg, Walter Funk (ex ministro de Economía y presidente del Reichbank): «El pueblo se puso al lado de Hitler»
Hechos
El 4 de abril de 1946 el acusado Walter Funk declaró en el juicio de Nüremberg.
Lecturas
El antiguo ministro de Economía del III Reich manifestó que la política de las potencias democráticas, Francia y Reino Unido, tras la Primera Guerra Mundial, fue la que favoreció que triunfara el nacional-socialismo en Alemania. Las reparaciones de guerra que el Reich tenía que hacer provocaron un derrumbamiento económico, un gigantesco forzoso y el descontento de las masas.
«Fue un desatino – manifestó – que Alemania tuviera que pagar tributos, al mismo tiempo que los vencedores de la Primera Guerra Mundial se negaban a recibir la deuda en la única forma que podíamos pagar, por medio de productos y servicios. El nacional-socialismo se enfrentó con estos problemas, resolvió la crisis económica, hizo desaparecer el peso y reconstruyó Alemania. El pueblo se puso al lado de Hitler».
Walter Funk puso de relieve ante el tribunal que estaba convencido, en efecto, que Alemania no podía resolver todos sus problemas a base de medidas económicas, por lo que apoyó el principio del caudillaje en la persona de Hitler, sobre todo después de que el sistema parlamentario democrático había fracasado en Alemania, donde no existía tradición de un sistema democrático.
Funk restó importancia en su declaración a los cargos que ocupó él en el III Reich y culpando de los crímenes a Hitler. Respecto a los judíos, dijo que, en su opinión, eran «una influencia perniciosa para la cultura alemana» y por eso apoyó las leyes que los excluían de la vida cultural, aunque asegura que se opuso a los asesinatos de judíos».
El Análisis
La declaración de Walter Funk ante el Tribunal de Núremberg el 4 de abril de 1946 es la de un tecnócrata que intenta diluir su responsabilidad entre las sombras del contexto histórico y la figura absorbente de Adolf Hitler. Funk, antiguo ministro de Economía y presidente del Reichsbank, presentó su defensa como una disertación sobre los errores del Tratado de Versalles, culpando a las potencias aliadas de haber ahogado a Alemania económica y políticamente tras la Primera Guerra Mundial. Con ese argumento quiso justificar su adhesión al nacionalsocialismo, al que atribuyó la «recuperación» del país, pasando por alto que esa recuperación fue construida sobre el saqueo, la represión y el antisemitismo institucionalizado.
Pero más allá de sus intentos por minimizar su papel, Funk fue una pieza clave en la maquinaria económica del Tercer Reich, responsable de financiar la guerra y facilitar la confiscación de bienes de los judíos deportados y asesinados. Su afirmación de que apoyaba las leyes antijudías «por motivos culturales», pero se oponía a su asesinato, revela una hipocresía abismal y un cinismo moral. Funk no fue un ideólogo, pero sí un engranaje consciente y eficaz en la estructura del genocidio. Su testimonio en Núremberg no fue el de un inocente, sino el de un hombre que trató de esconderse tras cifras y decretos, pero que no pudo borrar su complicidad con el horror. A Funk le esperaba una condena a prisión perpetua.