26 marzo 1903

El que fuera brevísimo jefe de Estado durante la I República española está considerado uno de los mejores oradores políticos del momento

La Asamblea del Partido Republicano designa a Nicolás Salmerón Alonso y a Joaquín Costa Martínez como sus líderes

Hechos

El 25.03.1903 se celebró la Asamblea del Partido Republicano.

Lecturas

El 25 de marzo 1903 se celebra la Asamblea del Partido Republicano de España que trata de reorganizar a estos después del derrumbamiento de la I República. D. Nicolás Salmerón Alonso asume la jefatura del Partido Republicano mientras que D. Joaquín Costa Martínez aparece como uno de los fichajes estrella.

EMERGE JOAQUÍN COSTA

JoaquinCosta Aunque el líder del Partido Republicano sería D. Nicolás Salmerón Alonso, en aquella Asamblea fue D. Joaquín Costa Martínez, señalado como el ‘hombre fuerte’ de los republicanos de cara a las elecciones a diputados a Cortes en las que el Sr. Costa sería candidato a diputado por Madrid.

El Análisis

De ideas y urnas: la Asamblea republicana

JF Lamata

Se ha reunido en estos días en Madrid la Asamblea del Partido Republicano, ese grupo político que, si bien no rebosa papeletas en las urnas del régimen, sí atesora más talento por metro cuadrado que muchos ministerios juntos. Bajo la mirada vigilante de don Nicolás Salmerón —que lleva la república en el verbo y en la frente— y del señor Joaquín Costa —ese regenerador inconformista que parece venir del porvenir—, los republicanos han celebrado sus sesiones con más pasión doctrinal que cálculo parlamentario, como suele ser costumbre en la casa.

No nos engañemos: el Partido Republicano, en este régimen de turnos pactados y notables bien avenidos, es todavía cosa de minorías ilustradas y tribunas más que de ayuntamientos y diputaciones. Pero si el país se gobernara por inteligencia, y no por influencias; por reformas urgentes, y no por equilibrios viejos, otro gallo cantara. Porque lo cierto es que, mientras los partidos monárquicos —el Liberal de don Sagasta en horas bajas, y el Conservador que el señor Silvela intenta recomponer— reparten destinos y presupuestos, los republicanos conspiran con cabeza.

La Asamblea ha dejado clara su fractura entre los que quieren ir paso a paso y los que sueñan con proclamas inmediatas, entre los que miran al sufragio universal con respeto estratégico y los que desconfían del sistema como quien desconfía del prestidigitador que juega con las cartas marcadas. Pero también ha dejado una certeza: que mientras haya ciudadanos como don Nicolás y el señor Costa, este país tendrá conciencia crítica. Los republicanos saben que no ganarán las elecciones, pero están preparados para recoger el poder si los monárquicos permiten que se le escurra de las manos.

J. F. Lamata