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El Partido Popular se pone a la cabeza de la oposición con dialogar con el terrorismo

La AVT convoca una manifestación contra el Gobierno del PSOE por dialogar con el terrorismo, respaldada por la plana mayor del PP

HECHOS

El 25.11.2006 se celebró en Madrid una manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo contra el Gobierno del Sr. Zapatero por establecer un proceso de diálogo con la organización asesina ETA.

IRENE VILLA ENCABEZÓ LA MARCHA

irene_villa_manifestacion_nov_2006 Dña. Irene Villa y Dña. Ana López, lisiadas en atentados terroristas, encabezaron la marcha en sendas sillas de ruedas.

LA PLANA MAYOR DEL PP ENCABEZADA POR RAJOY Y AZNAR

rajoy_nov_2006 D. Mariano Rajoy, D. José María Aznar, Dña. Ana Botella, D. Ángel Acebes, D. Eduardo Zaplana, Dña. María San Gil o D. Jaime Mayor Oreja estuvieron presentes en la manifestación. La presencia de los Sres. Aznar y Mayor Oreja era polémica puesto que el Gobierno del Sr. Aznar, con el Sr. Mayor Oreja como ministro de Interior esableció un proceso de diálogo con ETA en 1998.

LA POLÉMICA POR EL INVÁLIDO JOQUÍN MERINO Y EL CANAL CUATRO 

joaquin_merino D. Joaquín Merino y D. Iñaki Gabilondo.

D. Iñaki Gabilondo acusó en su informativo de ‘Noticias CUATRO’ (Grupo PRISA) a la AVT de colar a ‘falsas víctimas’ entre las víctimas el terrorismo por la aparición como manifestante del ciudadano D. Joaquín Merino en silla de ruedas, lo que podía hacer creer que era una víctima falsa para camuflarse con las verdaderas también en la manifestación como Dña. Ana López (víctima del 11-M) o Dña. Irene Villa, que también iban en silla de ruedas. El ciudadano D. Joaquín Merino era un hombre enfermo que a título personal quiso apoyar la marcha y en las grandes distancias debía ir en silla de ruedas.

26 Noviembre 2006

Velázquez esquina Zapatero

Rafael Martínez Simancas

El checkpoint Charlie, (el punto de encuentro de autoridades estaba en Velázquez con Goya), allí se presentaba un político y lo convertían en un manifestante agarrado a una pancarta. A esos lugares hay que saber llegar en el momento oportuno y Gallardón se adelantó en exceso y fue recibido con sonora fonética en contra, parece que ya tiene muchos lectores el libro de Esperanza Aguirre y lo hacen patente en la calle.

Para mayor serenidad global vino muy bien la aparición de Rajoy al que gritaban «¡presidente, presidente!» más que como deseo de futuro como una necesidad. Se hablaba de víctimas, pero el encuentro servía de rechazo frontal a la política del Gobierno, asunto que quedó muy clarito desde el primer minuto.

Pero Rajoy, el deseado, el coreado, el aclamado, se vuelve tímido en la multitud, conserva aún la vergüenza del niño que tenía que salir a la pizarra a dar la lección; saluda pero da tibio en la foto. Lo tenía todo a favor para que resultara su tarde, pero prefirió destacar por la discreción que nunca es virtud de político sino efecto secundario de opositor.

Quizá para ser líder de masas haya que ser experto en misas y darse un chute de popularidad que es lo suyo, y abrazar físicamente más que por gestos y hacer la diagonal en la calle cuando se le reclama. No es de buena educación señalar con el dedo, quizá se debió a un virus pasajero, pero contra Gallardón hubo inquina en Goya; mal empezábamos la concentración con las reclamaciones de los nada partidarios que le miraban como si estuvieran viendo a Bono reencarnado.

Todo lo contrario que con Aguirre que sabe elegir el momento para cruzar el checkpoint Charlie y además le da tiempo para departir con el manifestante sobre asuntos cotidianos. Incluso supo dar la prudente distancia en fama que se merecía su líder del partido, paso atrás y que hablen de otros.

Más adelante se incorporaron Jose María Aznar y Ana Botella y entonces el epicentro de la pancarta cambió de lugar, (aunque Rajoy mantenía las manos firmes ya más convertido en estatua de Benlliure que en líder caminante). De nuevo, la timidez y el sonrojo del piropeado en el candidato popular. En cambio el tirón del ex presidente sigue siendo claro cuando se echa a la calle, si hubiera comenzado la manifestación en Goya otros cánticos se habrían escuchado.

Aznar es el vivo ejemplo de que para que la vida te sonría y tu físico se recupere no hay otra cosa mejor que huir de la política a tiempo. Hasta es posible que se haya vuelto a cortar el pelo en la barbería de las Nuevas Generaciones. Caminaba aliviado de la solemnidad del cargo, más concentrado en la gratitud de las aceras. Contar las veces que se repetían los eslogan es más fácil que dar el número de manifestantes; el canto principal: «¡Zapatero dimisión!» que se alternaba con un «¡Zapatero embustero!», ése era el hit parade de la tarde de un sábado en Madrid.

Los presentes puede que usen la misma lengua que el presidente del Gobierno, pero queda claro que hablan en otro idioma, alejado, distinto, morfológicamente incompatible y sin posibilidad de traducción simultánea. Sería igual de laborioso que reducir un jeroglífico egipcio a un mensaje corto de sms. Un rechazo sin posibilidad de encuentro, dos galaxias en un mismo planeta, un teorema físico difícil de resolver, más que las dos Españas que es término rancio se expresaban dos maneras de hablar español.

Para la AVT y Francisco José Alcaraz cualquier acercamiento a ETA es un crimen que se debe pagar en las urnas. También salía escaldado el ministro del Interior, el club de amigos de Rubalcaba no hizo acto de presencia, muy al contrario le debieron pitar los oídos como cuando un avión pasa en mitad de una clase de piano y retumban los cristales y Chopin se tapa las orejas con la partitura.

Hubo quién llegó al extremo del mal gusto al colocar la foto del presidente del Gobierno junto a la de De Juana Chaos, Ternera y Otegi, culminando la creatividad del cartel con un charco de sangre roja a todo color, y se dieron gritos nada espontáneos de «Zapatero eres peor que tu abuelo» o «Zapatero vete con tu abuelo».

La nota curiosa es que los encargados del cordón de seguridad, jóvenes entusiastas del Partido Popular, fueran los que se dedicaran a enardecer a la masa con coplas de rima atronante. A la vez que tiraban de una soga ancha volcaban su esfuerzo en agitar al espectador y que su voz sonara oportuna ante los micrófonos hambrientos de noticia. Más que un cordón de defensa constituían una perfecta línea de ataque, sus manos encallecidas hablarán hoy de lo que fue ayer su concentración.

Lo más chic, con mucha diferencia, la camiseta de Cayetana Alvarez de Toledo, de color blanco y letras negras de molde: «Yo no me rindo». Cayetana era con mucho la que mejor sabía caminar por la arteria principal del barrio de Salamanca, se nota que maneja el subjuntivo del periodista y la puesta en escena del político. Hay futuro en su forma de caminar, eso no se aprende en ninguna escuela de telegenia.

Acebes tuvo su dosis de baño de popularidad, a su paso coreaban el famoso «queremos saber» y pronunciaban su nombre. Acebes encaja bien el elogio, ya no es el hombre de luto que se atropellaba dando datos en televisión. Para el anecdotario de los asuntos dispersos, nadie echó en falta a Gregorio Peces-Barba, aquel que fue nombrado Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo y posteriormente fue desnombrado con igual sigilo. Si no gritan tu nombre en contra es que no eres nadie en el llamado proceso de paz.

Si te apartabas del cordón de seguridad y ascendías unos cuantos cientos de metros por Velázquez, (tarea titánica parecida a la del salmón que remonta el río), podías escuchar otras voces más agudas, sin duda que más juveniles, desprovistas de consignas. Son los que más aplaudían a Irene Villa y a su madre, víctimas y ejemplo, detalle que se podría olvidar alrededor de la pancarta principal: se trataba de apoyar a las víctimas, aunque de paso se pedía la dimisión de Zapatero y «que la sociedad decida en referéndum», como decía un cartel de confección casera y muy captado por las cámaras.

Por delante se aplaudía a las víctimas y por detrás se pitaba al Gobierno; daba la sensación de que la primera parte de la manifestación era más sincera, constituida por el presente de indicativo del verbo sufrir. Lo triste sería que la oposición y el Gobierno se dieran patadas en las espinillas a costa de las víctimas; desde luego voluntad de acercamiento nula y para que nadie perdiera detalle Telemadrid envió un helicóptero, ese gran hermano aéreo que con guante de hierro capta detalles de seda.

La quinta manifestación de la AVT terminó con un frío otoñal y desabrido al que se unió una lluvia impertinente. Ya que se trataba de apoyar a las víctimas iría muy bien aquel verso que hizo Jardiel a Nueva York, para glosar el evento. Un final meteorológico que Jardiel definió como «un cruel frío que hace llorar».

26 Noviembre 2006

Víctimas y negociación

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

La manifestación convocada por la AVT, principal asociación de víctimas, que ayer recorrió las calles de Madrid es ya la quinta en poco tiempo contra la política antiterrorista del Gobierno de Zapatero. El lema que abría la marcha proclamaba: «Rendición, en mi nombre, no». Más explícitamente, la convocatoria de la AVT decía que el objetivo era «exigir al Gobierno que deje de claudicar ante los asesinos de ETA». Los convocantes identifican por tanto el intento del Gobierno de propiciar un final pactado de ETA con una rendición en toda regla ante los terroristas.

Seguramente habrá muchos ciudadanos solidarios con las víctimas y convencidos de la necesidad de que su voz sea oída que no compartan esas acusaciones. Incluso personas críticas con la forma como el Gobierno está conduciendo el proceso, o aspectos del mismo, pero que no pueden sumarse a planteamientos tan burdos como los que presiden desde hace algún tiempo los pronunciamientos y convocatorias de la AVT.

La acusada politización de esa asociación es una dificultad objetiva para que cumpla su papel mediador entre las víctimas (cada una con sus ideas y creencias) y la sociedad cuya solidaridad invoca con un derecho cierto, pero cuya legitimidad disminuye en la medida en que se limita a abanderar a una formación política determinada. Sin embargo, no es posible prescindir de las víctimas; cualquier planteamiento de negociación tiene que contar con sus preocupaciones, sentimientos y reclamaciones.

Incluso ETA (y su brazo político) tienen que reconocer que ya no pueden prescindir de la exigencia de justicia de las víctimas a la hora, por ejemplo, de plantear eventuales medidas de gracia para los presos. Tampoco puede dejar de tomarlas en consideración el Gobierno; no para esquivar su propia responsabilidad a la hora de decidir las medidas más eficaces para acabar con el terrorismo; pero sí para escuchar sus razones y responder a ellas, si no las comparte, con argumentos. Cualquiera puede ver que muchas de las declaraciones de algunos portavoces de los colectivos de víctimas tienen una fuerte carga demagógica y reflejan a veces obsesiones disparatadas (en relación al 11-M, etcétera); pero el Gobierno no puede limitarse a ignorarlas o despacharlas con apelaciones a su manipulación por el PP.

El respeto que las víctimas reclaman y los políticos proclaman no significa que haya que darles la razón a todo lo que digan, como a veces insinúan los portavoces del primer partido de la oposición. La demagogia de contraponer proceso de paz a derrota de ETA (como si lo uno no fuera consecuencia de lo otro) es más grave en boca de dirigentes como Acebes, que saben que las cosas no son tan simples, que en las del portavoz habitual de la AVT. Pero incluso éste tiene derecho a que se le responda con razones. Cada día que pasa es más evidente que debe hacerse todo lo posible y más para que el PP se sume al consenso del resto de partidos en la tarea de acabar con el terrorismo y con el desconcierto de una parte de la opinión pública. Otra cosa es que el primer partido de la oposición tenga interés en ello.

27 Noviembre 2006

Proceso

Enrique Gil Calvo

Cuando se han cumplido ocho meses desde que ETA declaró su alto el fuego permanente, el ya famoso proceso vasco (llamado por unos de paz y por otros de fin dialogado de la violencia) atraviesa su peor momento, hasta el punto de que puede decirse sin temor a errar que está en crisis o que se halla en un callejón sin salida. Tanto es así que ni siquiera puede descartarse su ruptura definitiva con regreso a los atentados potencialmente mortales, aunque también es posible que el presente bloqueo se pudra para empantanarse en la situación actual. ¿A qué factores se ha debido esta crisis tan difícil de superar? Observado el proceso desde el exterior, sin disponer de información confidencial, la crisis parece deberse a que el Gobierno se ha resistido hasta ahora a hacer ninguna concesión políticamente significativa, atrapado como está entre la espada de ETA-Batasuna, que plantea exigencias imposibles de atender, y la pared del aparato judicial, que aplica al pie de la letra interpretaciones legales implícitamente obstruccionistas.

No obstante, debe reconocerse que el Gobierno sí hizo dos concesiones menores. La primera era puramente retórica, pues aceptó redefinir un conflicto asimétrico, como es el terrorismo, en términos simétricos, como son las negociaciones de paz, a la espera de que eso redunde en la dignificación de la lucha armada y por tanto haga más tolerable la rendición de los terroristas. Y la segunda fue pragmática, dado que a través del PSE se iniciaron conversaciones exploratorias con Batasuna para pactar la metodología de la prevista Mesa de Partidos, destinada a renegociar un nuevo Estatuto futuro. Pero ninguna de estas dos concesiones ha significado hasta ahora pagar precio político alguno, pues al margen de eso, el Gobierno no ha cedido ni un milímetro en los puntos cruciales: legalización de Batasuna (Ley de Partidos), impunidad de los criminales (acercamiento y liberación de presos) y no digamos ya sus maximalistas exigencias de autodeterminación y territorialidad (Navarra), imposibles de satisfacer.

Por tanto, como el Gobierno parece decidido a no ceder ni un ápice, ETA-Batasuna ha optado por apretarle las tuercas con una espiral de órdagos en ascenso (escalada de kale borroka, tiroteos ante los medios en el monte, espectaculares ekintzas de rearme, nueva cosecha de extorsiones a empresarios…), con objeto de echarle un pulso cada vez más irresistible que le obligue a ceder ante sus exigencias de impunidad o a retirarse de la negociación, con las nefastas consecuencias políticas que el fracaso del proceso tendría para Zapatero. Todo ello justificado con un lenguaje totalitario y militarista que les lleva a entender la práctica de la agresión violenta como una respuesta que creen legítima ante la obligada represión del Estado de derecho. Con lo cual se demuestra la falacia de la Propuesta de Anoeta que hace justo dos años formuló ETA-Batasuna como una aceptación de la democracia. Más les valdría a Otegi y los suyos regresar a la ikastola, a ver si así aprendían las primeras letras del abecedario democrático…

A no ser que todo esto sea puro teatro y hayamos estado ante una nueva tregua-trampa como aquella otra en que tuvieron que caer, bien a su pesar, Aznar y Mayor Oreja. ¿Tenía ETA realmente intención de negociar su abandono de las armas? ¿O se trataba de un proceso puramente propagandístico, tal como insinué hace seis meses, cuando lo comparé en esta misma columna con la guerrilla mediática del subcomandante Marcos? Al fin y al cabo, su proclamación de un «alto el fuego permanente» muy bien pudiera significar que los terroristas pretendían permanecer blandiendo las armas indefinidamente, aunque fuera sin usarlas más que para amenazarnos con no abandonarlas. Pues en realidad, lo mismo que antes conseguían usándolas para matar, que era robar el protagonismo mediático para dictarnos su agenda política, lo logran ahora blandiéndolas de forma permanente para dejar de matar, ya que con su actual bloqueo del proceso están alcanzando los mismos efectos que antes obtenían con sus atentados.

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