11 abril 1985
Los tertulianos del programa, Paco Umbral, Fernando Saveter y Giménez Caballero, realizaron comentarios burlones sobre las creencias católicas
La Conferencia Episcopal española protesta contra el programa ‘Si yo fuera Presidente’ de Tola en TVE por su trato a lglesia
Hechos
El programa ‘Si yo fuera Presidente’ de D. Fernando G. Tola emitido el 9.04.1985 desató una protesta de la Conferencia Episcopal española, por entonces presidida por monseñor Díaz Merchán.
Lecturas
PRINCIPALES PROTAGONISTAS DE AQUEL ESPACIO:
11 Abril 1985
Estulticia cerril
Si Fernando García Tola fuera presidente convocaría una sesión extraordinaria del Consejo de Ministros. Loable. Pero en su último programa hasta él mismo fue sorprendido: aquello no resultó siquiera una farsa: fue una aburrida acumulación de sandeces, a medio camino entre la taberna de barrio chino y el asilo de oligofrénicos. Visto entre profesionales, el espectáculo producía rubor. Porque éste es otro de los inconvenientes de la televisión única y estatal: el cronista venido de fuera siempre la identificará con el nivel cultural de la nación; lo cual no es pensable con una televisión plural y competitiva. En el programa del martes el plantel de ministros imaginarios se debatió entre la vulgaridad y la infamia, haciendo alarde, salvo contadas excepciones, de estulticia cerril. A quienes sí ofendieron los participantes no fue al Gobierno, sino a los españoles que contemplaban atónitos cómo hacían el payaso algunos santones, autodidactas o rapsodas de nuestra subliteratura…, hasta que la vergüenza ajena indujo a muchos a apagar los televisores. Algo ha quedado claro: Tola no controla a sus personajes; Calviño no controla su televisión, y el Gobierno no controla a Calviño.
11 Abril 1985
Una parodia deplorable
Spectador
Si el lunes gran parte de la audiencia se cansó de las peripecias eróticas, por otra parte vulgares en la colección Barbadillo, del pícaro Lucas en un convento – episodio en que se sometió, como sabemos por la anterior reposición, el buen hacer de Fernando Fernán-Gómez, la escatología, la irreverencia y chabacanería blasfematoria o casi – el martes se encontró con otra flatulencia programática en ‘Si yo fuera Presidente’. Probablemente si Tola – creador imaginativo al que nos hemos regateado méritos – fuera efectivamente presidente, sentiría rubor ante lo que estaba viendo: una institución del Estado, el Gobierno democrático de España, reproducido en sus sesiones secretas de los miércoles, el consejo de ministros, esta vez no con minúscula – en solfa. No es eso. No debe ser eso. No está la televisión para eso, aunque la programación socialista lo autorice y además, casi siempre en una misma dirección de burla y sarcasmo grueso.
Ya tuvimos ocasión de señalar al filo del minidebate sobre el Estado de la nación (también en minúscula) como este programa por ser original, busca audiencia, utilizaba recursos primero contrarios frontalmente a los principios básicos de la programación emanados del Estatuto; segundo, querellables desde y con los valores de seriedad y respeto a la audiencia y a las instituciones, y, tercero, fuera del contexto de buen gusto, de cortesía formal, de básico estilo de convivencia que debe cambear en una televisión ‘de la sociedad’ única y sujeta a la definición de ‘servicio esencial’. Puede haber subjetivismo en este juicio, pero ¿lo hay relamente? ¿No lo comparten, estamos seguros de que sí, cientos de miles de ciudadanos que, en la noche aludida, tuvieron que cerrar el televisor, asqueados, mientras marcaban el número o los números de la centralita de Torrespaña que utilizó el ‘no contesto’ una vez más?
Vamos a aportar un argumento válido por objetivo: en ninguna televisión europea, ninguna señor Calviño, se somete a mofa, en reproducción ni siquiera de humor, una institución del Estado, ni ninguna otra con legitimidad y raigambre y función sociales. Mañana, si sigue la racha, habrá otra parodia del Tribunal Constitucional, una más del Tribunal Constitucional, una más de la Conferencia Episcopal. Otra del consejo superior de Defensa y así hasta llegar a la Zarzuela. ¿Se percibe el olor a demagogia barata, a súcubo y letrina dialéctica que va a emanar de semejante planteamiento de ‘divertimento’ televisivo? Si estas son las esencias del frasco programático del señor Redondo – que ya nos saturó con las Vulpes, los experimentos a la horca y cuchillo para cristos de ‘La edad de oro’ y las pedorretas de la cultura antropológica – vale más que lo tapen de una vez, señor Guerra. Que lo tapen bien porque ese olor llega hasta incluso el cuarto de los niños.
O sea, el lunes pan y tomate irreverente, sofaldar monjas y darle caña al convento, y el martes Gobierno es una tertulia desternillante, descacharrante y medio mafiosa. Pues no, aunque no nos guste el Gobierno. Algunos de los invitados se honraron a sí mismos y a la audiencia “dimitiendo” del encargo y el cargo de ministros y señalando valientemente, mientras el autodidacta iniciaba una siesta malhumorado, la improcedencia de todo aquello. Tola vale más, sí señor. La audiencia valemos más. El ‘servicio esencial’ pide algo mejor y el humor tiene otros recursos. Parodiar las instituciones que tanto cuestan y tanto tienen que hacer por delante, no es bueno, Aunque entre charla y charla de los invitados se den el número de la cabra subiendo por la escalera, con trompeta de músico callejero. Esta vez fue al revés: la escalera subiendo por la cabra. No, no es eso.
Spectator