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Los directores de ABC (Torcuato Luca de Tena) y EL DEBATE (Ángel Herrera Oria) se ofrecieron a pagar la multa

La dictadura del General Primo de Rivera cierra el diario conservador LA ÉPOCA durante 13 días por un artículo que consideraron ofensivo

HECHOS

  • El 17 de abril de 1926 el Gobierno del General Primo de Rivera suspendió la publicación del diario LA ÉPOCA.
  • El 30 de abril de 1926 el Gobierno del General Primo de Rivera re-autorizó a LA ÉPOCA para difundirse.

El periódico La Época, propiedad D. Alfredo Escobar Ramírez, marqués de Valdeiglesias es suspendido el 16 de abril por la dictadura de D. Miguel Primo de Rivera Orbaneja. El periódico volverá a salir el 30 de abril tras gestiones a su favor realizadas por D. Torcuato Luca de Tena Álvarez-Ossorio (Prensa Española) y D. Ángel Herrera Oria (Editorial Católica).

18 Abril 1926

Nota del Gobierno de Miguel Primo de Rivera

LA ÉPOCA de anoche publica un fondo tan tendencioso y mal intencionado que el Gobierno ha creído conveniente divulgarlo, como justificación de la medida, excepcionalmente rigurosa, que no ha tomado con el expresado periódico. No valdrá alegar que pasó por la Censura. Esta se ejerce sobre la letra clara y precisa de los textos periodísticos, no sobre la malevolencia que pueda inspirarles en casos como este, en que ella pueda engendrar graves males.

El artículo es el siguiente:

“El homenaje a los aviadores – ha sido una dolorosa coincidencia que el homenaje a Franco, Ruiz de Alda, Rada y Durán por el glorioso vuelo Palos-Buenos Aires, se vea enturbiado por la pesadumbre que en el ánimo de todos pone la ignorancia en que estamos acerca de la suerte que por las tierras del desierto de Siria haya podido caber el aviador Estévez y su mecánico. Pero la vida no tiene compartimientos estancos para los dolores y alegrías, y al lado de una satisfacción que conforta hay siempre una tristeza que le contrarresta.

La modestia del comandante Franco, su deseo de escapar a los homenajes, le hicieron llegar a Madrid de modo inopinado; pero no podía dejar de recibir el testimonio de admiración sincera y simpatía cordial en todas partes. Madrid vibra siempre con el resto de España y es estación receptora de todos los latidos del territorio español. En las calles, en los restaurantes, en el Ayuntamiento, en cuantos sitios se han puesto en contacto con el pueblo madrileño el comandante Franco y sus compañeros han recibido un entusiasta homenaje.

Culminación de él es la fiesta de Cuatro Vientos.

Con ser grande el aparato oficial de ella, su mejor ornato ha sido la asociación íntima de las clases populares. Han concurrido al homenaje evocando todos el nombre de España, que, por feliz consorcio del saber y del querer, del estudio y de la voluntad, han llevado en el Plus Ultra, a través de tierras y mares, nuestros esforzados compatriotas.

Ese es el significado de la fiesta de hoy. Franco es el que con su nombre y con su hazaña ha impregnado el amiente de sano optimismo. A él han ido todas las miradas y para él han sido todos los placemes.

Felicitémonos todos de que haya beneméritos españoles a los cuales todos también podemos aplaudir, porque con la mirada en alto sólo como españoles actúan.

El general Primo de Rivera, que tenía el derecho, y nadie duda que autoridad, para reunir las tropas de la guarnición de Madrid para el acto reglamentario de la imposición de su gran cruz de San Fernando, fue defiriéndole para evitar este homenaje personal, y al proponer S. M. el que había de tributarse a los aviadores, para los que el Gobierno, partícipe de sus triunfos, ha acordado honrosísimas recompensas, solicitó, en evitación de singularizarse, que ambos actos se celebrasen reunidos, seguro y satisfechísimo de que el aura popular, amante de lo brillante y de lo juvenil, se manifestaría más calurosa para con los aviadores festejados, aunque el sentir honrado y limpio de insidias miserables del pueblo de Madrid, le hizo compartir ayer pródigamente todos los agasajos.

A esta conducta, que toda España reconoce y proclama, responde LA ÉPOCA con un artículo delictivo, insidioso, pleno de perversa intención, con tendencia a sembrar el descontento y la indisciplina entre jerarquías y núcleos militares, creyendo, sin duda, al Poder público tan débil y tan sandio que habría de consentir sus maniobras. No ha sido así: de mucho tiempo atrás viene señalándose el proceder de LA ÉPOCA y la perversa maestría con que trata de quebrantar a un Gobierno que tiene el fundamental deber de mantener su prestigio para mejor servir a la Patria; pero como toda prudencia tiene su fin y España entera tacharía al Gobierno de débil si vacilara en la adopción de una medida gubernativa ajustada a la clase e intención de la falta, éste ha resuelto sea suspendida la publicación del periódico LA ÉPOCA e imponer a su propiedad una fuerte multa, haciéndolo público para satisfacción de todos los ciudadanos honrados y enemigos a un tiempo de falacias en el ataque y de tibieza e hipocresías en la defensa’.

30 Abril 1926

LA ÉPOCA a sus lectores

LA ÉPOCA (Director: Alfredo Escobar, marqués de Valdeiglesias)

De acuerdo con la nota oficiosa facilitada a la Prensa por la Presidencia del Consejo de Ministros en 17 del actual y por virtud de Real orden emanada de dicho organismo, fue impuesta a LA ÉPOCA.

Nuestros colegas madrileños han mostrado un espíritu de compañerismo tan grande con LA ÉPOCA que por vida quedará grabada la gratitud en nuestra alma, siendo prisioneros voluntarios y vitalicios de su cordial afecto.

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