30 agosto 1957
Apodado 'Face' o 'Petronio' había sido un destacado militante del grupo anarquista CNT
La policía franquista acaba con el guerrillero líder de los maquis Josep Lluís Facerías en un tiroteo en las calles de Barcelona
Hechos
El 30.08.1957 murió por disparos Josep Lluís Facerías.
Lecturas
La propaganda franquista ha comunicado este 30 de agosto de 1957 que ‘el peligroso forajido’ José Luis Facerías, de 36 años, ha muerto en un enfrentamiento con la policía cerca del manicomio de San Andrés, en la ciudad de Barcelona. Uno de los máximos líderes del ‘maquis’.
Completando el brillante servicio – en palabras del régimen – en el que han participado miembros de la Jefatura Superior de Policía, de la IV Brigada Regional de la División Social, de la Policía Armada y de la Guardia Civil, se ha logrado la detención de dos cómplices de Facerías: Luis Agustín Vicente, detenido en Sabadell y el subdito italiano Coliardo Fiaschi.
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El Análisis
La muerte de Josep Lluís Facerías, abatido en Barcelona en 1957, marca el final de una etapa convulsa de la posguerra española: la de los maquis. Para algunos, aquellos guerrilleros armados representaban la resistencia contra la dictadura, hombres y mujeres que, tras haber combatido en la Guerra Civil o en la resistencia europea durante la Segunda Guerra Mundial, pretendían continuar la lucha armada en España con la esperanza de derrocar al régimen. Para otros, sin embargo, se trataba de bandoleros modernos, dedicados al pillaje y a la extorsión, que en nombre de una causa política justificaban asaltos, secuestros y crímenes.
Facerías fue uno de los últimos símbolos de esa guerrilla urbana. Proveniente de la tradición anarquista, sobrevivió más de una década a la persecución policial, convertido en un fantasma temido y mitificado en la Cataluña de posguerra. Su final, emboscado y abatido en plena calle, es también la constatación de que el tiempo de los maquis había pasado. Ni las esperanzas depositadas en una supuesta intervención internacional tras 1945, ni el apoyo social que se fue diluyendo en un país agotado por la represión y la miseria, permitieron sostener esa estrategia de lucha armada.
Con Facerías desaparece uno de los últimos rostros de un fenómeno que dividió a la opinión pública entre quienes lo consideraron un héroe idealista y quienes lo veían como un forajido sin causa. Lo cierto es que, en 1957, la guerrilla antifranquista ya no tenía futuro: la represión había sido implacable, el contexto internacional favorecía la consolidación del régimen y la sociedad española buscaba sobrevivir más que sacrificarse en una guerra perdida. El eco de los maquis se apagaba, dejando tras de sí una huella ambigua entre la leyenda romántica y la violencia de los hechos.
J. F. Lamata