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EL PAÍS - en guerra contra Barrionuevo - asegura que la etarra no murió de forma fortuita durante el tiroteo

La terrorista Lucía Urigoitia del ‘Comando Donosti’ de ETA muere durante un confuso tiroteo con la policía, y se especula sobre si pudo recibir «un tiro en la nuca»

HECHOS

El 23 de julio de 1987 la policía desarticuló el ‘Comando Donosti’, en la operación murió de un disparo una de las terroristas, Lucía Urigoitia.

Lucía Urigoitia Ajuria era una joven militante de ETA que se había adscrito al ‘comando Donosti’, uno de los mayores comandos asesinos de la organización terrorista ETA. El comando estaba dirigido por Ignacio Erro, que era responsable de seis asesinatos. Lucía Urigoitia no tuvo ocasión de realizar una gran labor en ese comando puesto que este fue desarticulado en una operación de la Guardia Civil el 22 de julio de 1987 siendo Enrique Rodríguez Galindo, responsable de la Intxaurrondo y Luis Roldán, como Director de la Guardia Civil, los que dirigieron la operación.

En esa redada Lucía Urigoitia fue abatida de un disparo. Según denunció Herri Batasuna Lucía Urigoitia había muerto de un ‘tiro en la nuca’. Dando a entender que Urigoitia no había caído durante un tiroteo, sino en un supuesto crimen a sangre fría por parte de las tropas de la Benemérita. Sin que quedara claro de esta versión el por qué sólo ella, y no el resto del comando como el citado Ignacio Erro, que fue detenido. La teoría del Tiro en la nuca fue defendida por el diario El País el 25 de julio de 1987 y, a partir de 1995, con entusiasmo por Pedro J. Ramírez desde El Mundo (a pesar de que en 1987 Ramírez negó esa posibilidad).

El Gobernador Civil de Guipúzcoa, el socialista José Ramón Goñi Tirapu, defendió a la policía y a la Guardia Civil y criticó a la prensa por cuestionarles y secundar la versión de Herri Batasuna. Para Herri Batasuna el caso de Urigoitia era un asesinato de Estado del que eran culpables la Guardia Civil y el PSOE.

urigoitia Lucía Urigoitia, muerta en 1987 por disparos de la policía

El mismo día en que EL PAÍS hablaba de que la etarra había muerto de ‘un tiro en la nuca’ el diario ABC titulaba en portada ‘Maniobra para hacer creer que la terrorista Urigoitia fue muerte de un tiro en la nuca por la Guardia Civil”. Dos días más tarde, el 27, el propio director de ABC, D. Luis María Anson firmaba una tercera titulada ‘Sangre de España’ donde elogiaba la intachable labor de la Guardia Civil contra el terrorismo y también la del Gobierno de D. Felipe González y su ministro Sr. Barrionuevo. Nótese que el ABC del Sr. Anson mantenía una campaña de acoso y derribo contra el Gobierno felipista en todos sus frentes menos del terrorismo, donde siempre respaldaba al Gobierno en lo que el periódico conservador entendía que tenía una obligación patriótica. Por ello ABC niega la versión del ‘tiro en la nuca’ de EL PAÍS pero evita insultar a EL PAÍS o a PRISA porque quiere dejar al margen su habitual riña periodística con él hablando de lucha anti-terrorista. ABC no culpa a EL PAÍS de ser responsable del bulo, para ABC el culpable del bulo es ETA y el entorno etarra y EL PAÍS se ha limitado a hacerse eco de ese rumor.

Diferente es la actitud de DIARIO16. Su director, D. Pedro J. Ramírez publica el día 30 un editorial donde respalda al Sr. Barrionuevo contra EL PAÍS, pero aprovecha para meter dos collejas, una al Sr. Cebrián y otra al Sr. Anson:

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Los que se han empecinado en cargar el suceso de graves acusaciones, sin pruebas, deberán dar ahora razón de sus actos. La manipulación sistemática de la realidad para forzar la caída del ministro del Interior [EL PAÍS] es tan rechazable como la que exalta por principio a las Fuerzas de Seguridad y trata de mezclar a la Corona en todo esto [Sr. Anson en ABC]. Del tiro en la nuca a la muerte en legítima defensa hay un abismo. Los que se empeñan en forzar la caída de Barrionuevo están contribuyendo a mantenerlo. (DIARIO16, 30-7-1987)

Resulta difícil no acusar de oportunismo al Sr. Ramírez que en aquel momento respalda completamente la versión del Sr. Barrionuevo (y contradice, por tanto la de ETA / Batasuna), pero en 1995 publicará portadas totalmente alineadas con la versión batasuna asegurando que la etarra Urigoitia sí murió de un tiro en la nuca.

En una ocasión el entonces Gobernador de Guipuzcoa, D. José Ramón Goñi Tirapu fue entrevistado por J. F. Lamata en PERIODISTA DIGITAL y habló de manera rotunda cuando se sacó el tema del caso Urigoitia: “Los jueces, y esto se lo digo a todos los periodistas, son los que dicen la verdad. En el caos Urigoitia la verdad es que está archivado aquello. Todas las denuncias que en este momento se repiten como ‘se denunció aquello’. Todas las denuncias son falsas. Y fíjate que se investigaron aquellas cosas, meses y años investigando. Y el juez, cuando no encuentra nada. Y ya está. Se acabó. Repetir otra vez al tiro en la nuca, es volver a entrar en un debate cerrado y es imposible volver a reabrirlo. ¡Y ya está!”.

Después de 7 años de investigación la Audiencia de San Sebastián dictó en octubre de 1990 el sobreseimiento de la causa, pero en julio de 1995 a raíz de unas informaciones publicadas en el periódico dirigido por Pedro J. Ramírez facilitadas por los periodistas interlocutores del comisario Villarejo, aseguraba que agentes del Gobierno habían fabricado pruebas falsas sobre la muerte de la etarra según figuraba en documentos del CESID sustraídos por el coronel Perote. (Según la cuál se había disparado artificialmente sobre el chaleco de un guardia para justificar la defensa propia).

La investigación por tanto se reabrió para verificar la autenticidad de lo afirmado en ese documento. Se llamó a declarar a Antonio Rubio y Manuel Cerdán (los dos hombres de Villarejo en El Mundo), y al propio Perote. Sin embargo el auto de la Audiencia de San Sebastián echo público el 11 de septiembre de 1999 señaló que “no había pruebas que acreditaran la veracidad del contenido” del citado documento. Y, ni siquiera, podían estar seguros de que el documento no había sido manipulado. Para el abogado de la Guardia Civil, que en ese caso fue Humberto de la Torre, el cierre del sumario del caso Urigoitia era un triunfo del Estado de Derecho.

25 Julio 1987

UNA BALA EN LA NUCA

Editorial (Director: Juan Luis Cebrián)

El conocimiento de que el cuerpo de Lucía Urigoitia, miembro de ETA, que resultó muerta durante una operación antiterrorista en San Sebastián, presenta un impacto de bala a bocajarro y en la nuca abre graves interrogantes respecto al comportamiento policial. Estas interrogantes explican, a su vez, la celeridad del juez de instrucción en tomar declaración al resto del comando detenido, celeridad que ha sido criticada sin fundamento alguno por el Ministerio del Interior.La responsabilidad legal en la que haya incurrido el autor material de la muerte de la etarra debe ser determinada por los tribunales, y sería precipitar acontecimientos emitir un fallo sobre ello. La posibilidad de que la terrorista haya sido rematada cuando estaba en el suelo, en un acto de nerviosismo por parte de algún número de la Benemérita, debe ser. investigada. La presión a la que las fuerzas de seguridad vienen siendo, sometidas en Euskadi -ayer mismo, un coche bomba hizo explosión frente al cuartel de Éíbar- explicaría actitudes incontroladas del género de la que ha podido llevar a la muerte a la presunta terrorista; pero, explicándolas, ni las justifica en absoluto ni pueden evitar el castigo ejemplar que merece quien sea hallado culpable tras un juicio en regla.

Por lo demás, nada de eso explica, en cambio, las incontroladas declaraciones del gobernador civil de San Sebastián, las presiones sobre la judicatura, que trata de cumplir con su deber en el País Vasco, y la ignorancia en la que, al parecer, se ha mantenido al Gobierno sobre las circunstancias de los hechos por parte de los mandos de las fuerzas de orden público. Si la defensa de la vida y la dignidad humana, incluso en el caso de delincuentes de la calaña de los terroristas, debe ser ejercida siempre por las autoridades del Estado, los intentos desde sectores de los institutos armados por secuestrar la voluntad del poder Ejecutivo a este respecto deben ser abortados tajantemente.

El Gobierno se encuentra hoy sometido a serios acosos -empezando por el propio acoso terrorista- que tratan de debilitarle. No es ajeno el propio Gobierno a. la naturaleza de ese asalto, en parte fruto de sus errores, sus arrogancias o sus precipitaciones. Pero sigue siendo el Gobierno apoyado por la absoluta mayoría de los ciudadanos españoles, representante de la, voluntad de éstos y símbolo de un sentido de renovación democrática, consistentemente combatido por las fuerzas reaccionarias y la prensa de la caverna. No cabe la más mínima duda de que las irresponsables declaraciones que desde el Ejecutivo han querido desprestigiar al aparato judicial, y la pusilanimidad, del ministro de Justicia en su respuesta, contrihuyen a esta situación, que desfigura el verdadero perfil del proyecto socialista y que es utilizada ampliamente por fuerzas y sectores que ya enmascaran mal su añoranza de los viejos tiempos.

La virulencia del ataque terrorista sólo puede ser contestada desde la confianza social y desde la eficacia de los gobernantes. Millones de votos han depositado esa confianza, y repetidamente, en el partido de Felipe González. No es un acto gratuito, y esto debe entenderlo la oposición, pero también el Gobierno. Las características esenciales que han definido a éste y a su presidente han sido la oferta, y en muchos casos la consecución, de una transparencia nueva y difícil para la sociedad, española. Sigue siendo, la violencia criminal de ETA la primera amenaza contra esos proyectos de transformación. Pero no es la única. La respuesta convulsiva del terrorismo de los GAL o la lenidad y el descontrol de los institutos armados por parte del Ejecutivo contribuyen también a la desestabilización. Y ésta es alimentada, además, por los portavoces de la nostalgia.

Le sobran recursos, y puede estar seguro de que también apoyos, al presidente del Gobierno para resolver los graves problemas de este género en los que se ve envuelto el país, precisamente en un momento en que los indicadores económicos y la promesa de un acuerdo social permitían alegrar el horizonte de nuestra convivencia. Sin duda, Felipe González tiene en mente las similitudes que la situación actual guarda con el famoso caso Arregui (febrero de 198 l), que desencadenó el enfrentamiento entre los ministros de Justicia (Fernández Ordóñez) e Interior (Rosón) de la UCD y desató un descrédito policial, merecido, pero tan extendido, también, que sirvió de caldo de cultivo al golpismo, que se hizo patente ese mismo mes. Todas estas consideraciones, en las que la presencia en el Gabinete, esta vez como ministro de Exteriores, de uno de los protagonistas de aquellos hechos puede ayudar a la meditación, han de ser tenidas en cuenta a la hora de un balance de situación tan sereno como, sea posible. Pero ninguna de ellas empaña la pecesidad de la aplicación de la ley contra todo el que la infrinja, y la exigencia a los servidores del Estado de ser especialmente rigurosos con su propio cumplimiento de las normas.

El Gobierno debe informar claramente sobre las circunstancias de lo sucedido en San Sebastián y, al .margen los procedimientos judiciales, ser consecuente con la exigencia de responsabilidades administrativas y políticas. No sólo por la comisión de los hechos, sino por la ocultación de los mismos, si ésta se comprobara.

26 Julio 1987

SANGRE DE ESPAÑA

Luis María Anson

Los lobos del terrorismo internacional han metido sus hocicos entre los tobillos de España. Nuestra patrai vive en la zozobra del asesinato de cada día. La dictadura del miedo oprime a las provincias vascas. La violencia erosiona cada vez más profundamente la encarnadura política de la joven democracia española. Y es tan frondosa la verborrea parlamnetaria que padecemos que apenas permite contemplar la realidad. (…)

ETA ha comprendido ya que no se puede domar el espíritu de la Benemérita. No hay quien asuste a la Guardia Civil. No hay quien la doblegue. No hay quien laamilane. El terrorismo ha encontrado en los hombres duros del tricornio su adecuada medida. A pesar de los crímenes soportados en la propia carne, la moral de las Fuerzas de Seguridad en las Vascongadas carece de fisuras. Y porque no se la puede derrotar con la violencia armada, ni con la amenaza, ni con el crimen, se ha desencadenado desde hace años, una tenaz campaña en desprestigio de la Guardia Civil.

Por eso se la calumnia. Por eso se la difama. Por eso se la enloda. por eso recibe las coces de la Prensa manipulada. Por eso se deslizan en ciertos periódicos y en ciertas emisoras las más insidiosas especies contra ella. Por eso se la trata de complicar en delitos comunes. Por eso se agigantan sus errores aislados y se silencias sus millares de aciertos. Por eso se la injuria, se la hostiga, se la emporca. Por eso se la baldonea. Por eso se le ha enroscado al cuerpo la larga serpiente del rumor y del bulo. (…)

La GUardia Civil se siente estrechamente unida al Rey, y Don Juan Carlos sufre junto a ella, como si fueran propios, agravios e incompresiones. Los gestos y palabras del joven Monarca hacia este Cuerpo militar son inequívocos y constituyen el mejor estímulo para los que velan por la segurida de los españoles y lo entregan todo por la patria, en la callada acción a través de los caminos y las ciudades de la geografía nacional. Felipe González, hombre de ánimo sereno y pulso firme, se opondrá siempre a cualquier campaña que ultraje a la Guardia Civil. Que nadie espera una debilidad en este sentido. ETA calcula mal sus fuerzas si cree que podrá cuartear la voluntad del jefe del Ejecutivo.

Hay que exigir que se legisle, de forma todavía más nítida, el caraácter militar de la Guardia Civil y su dependencia del Ejército. Exigir que se aumenten sustancialmente sus plantillas. Exigir que se mejoren armamentos, vehículos e instalaciones, con el blindaje adecuado de los automóviles. Exigir la adaptación de las normas jurídicas a las nuevas formas de delincuencia, porque resulta descorazonado jugarse la vida para apresar a un malhechor y encontrárselo a los pocos días en libertad. Exigir viviendas más decorosas, pues la mayoría de los politicos desconocen como viven los guardias civiles. Exigir que se alcen sus salarios. Exigir que sean otros Cuerpos de Seguridad los que se hagan cargo de las cárceles. Exigir jornadas más cortas, puesto que doce horas de trabajo diario son muchas horas. Exigir que cuando falle un hombre no se generalice el juicio, porque garbanzos negros aislados existen en todos los cocidos, y no digamos en el turbio puchero político. Exigir, en fin, el honor y la gloria que se deben a los centinelas de la paz, a los héroes que se juegan sus vidas por la tranquilidad de todos.

No sé si se puede esperar mucho de los políticos-plañideras que padecen la sociedad española. La mediocridad y el lamento caracterizan, salvo excepciones, a nuestra clase política, tan mansurrona y lanar. No será fácil que los partidos abandonen la caravana de las palabras estériles y las exangües declaraciones. Pero la Guardia Civil puede permanecer segura de que el pueblo llano se encuentra a su lado. Como nunca lo ha estado. Porque nunca la Guardia Civil había defendido la tranquilidad de todos con tanto dolor y tanta muerte. El pueblo no ignora este sacrificio. Sabe que el terrorista acecha al guardia civil, cada día, cada hora, para asaltarlo por sorpresa, para llenar sus entrañas de fuego y metralla, para dejarle tendido sobre la querida tierra, con un puñado de rosas rojas en el vientre y los ojos heladoscontra el cielo. Sabe bien nuestro pueblo que esa sangre derramada no es sólo la de un hombre bien nacido, sólo la de un soldado, sólo la de un guardia civil. Es mucho más. Es la sangre de España.

Luis María Anson

27 Julio 1987

NO FUE EN LA NUCA

Editorial (D. Pedro J. Ramírez)

La etarra Lucía Urigoitia no murió de un tiro en la nuca. La autopsia no contradice la versión ofrecida por los guardias civiles que participaron en el asalto al piso de Pasajes. Los que se han empecinado en cargar el suceso de graves acusaciones, sin pruebas suficientes, deberán dar ahora razón de sus actos. Lo mismo que los que se apresuraron a ofrecer la versión envenenada.

La manipulación sistemática de la realidad para forzar la caída del ministro del Interior es tan rechazable como la que exalta por principio a las autoridades gubernativas y a las Fuerzas de Seguridad del Estado, hagan lo que hagan, y trata de mezclar a la Corona en todo esto.

La estampa del guardia incontrolado y sin esrúpulos. Del tiro en la nuca a la muerte legítima defensa hay un abismo normal.

Mientras no se aparten otras pruebas en contrario, del cometido de la autopsia se deduce que puede ser verdad la versión del presidente del Gobierno que el comportamiento de la Guardia Civil en este caso ha sido extraordinariamente correcto. No es extraño que, tras conocer la versión del forense y otros datos de interrés, en el Ministerio del Interior y en la Moncloa se detecten respiros de alivio, y hasta una cierta euforia. Los mismos que se empeñan en forzar la caída de Barrionuevo están contribuyendo con sus excesos a mantenerlo en su puesto.

31 Agosto 1987

Pido la dimisión de Juan Luis Cebrián como director de EL PAÍS

José Ramón Goñi Tirapu

Entrevista a Miguel Ángel Mellado

Miguel Ángel Mellado: "Nada más saludar al periodista, José Ramón Goñi Tirapu, gobernador civil de Guipúzcoa, pide la dimisión del director de EL PAÍS, Juan Luis Cebrián".

– Lo que digo y mantengo es que si un policía para salvar su vida tiene que dar un tiro en la cabeza, evidentemente yo no lo voy a impedir ni mucho menos. Es necesario evitar que mueran miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Quiero insistir en que mientras los etarras matan de veinte en veinte personas, como en Hipercor, que no fue un error de ETA, ya que tenían preparados otros atentados similares, hay quien se escandalizar, a una parte importante de la sociedad llamando ‘el tiro en la nuca’ al que salvó la vida de un guardia civil cuando una asesina de ETA llamada Lucía, intentaba matarle. El responsable de este escándalo nacional tenía que haber dimitido en vez de buscar justificación en no sé qué diccionario, que dice que la nunca puede llegar a ser toda la cabeza si fuera necesario. Y con su dimisión la sociedad estaría ya un poco más preparada.

– Cuando habla de dimisión ¿se refiere al director de EL PAÍS, Juan Luis Cebrián?

– Yo creo que el que quiera entenderlo lo puede entender suficientemente.

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