12 octubre 1958

Los cardenales eligen al anciano patriarca de Venecia, el italiano Roncalli como nuevo Papa con el nombre de Juan XXIII

Hechos

El 28.10.1958, El Vaticano proclamó a Juan XXIII nuevo Papa de la Iglesia Católica.

Lecturas

El cardenal italiano Angelo Giuseppe Roncalli, de 77 años, hijo de una modesta familia campesina ha sido elegido hoy nuevo papa, con el nombre Juan XXIII. La elección del nuevo pontífice resultó difícil, y monseñor Roncalli, en razón de su avanzada edad, no figuraba entre los candidatos con mayores posibilidades.

Muchos creen que, tras el pontificado del papa Pío XII – fallecido a las 3 horas 52 del 9 de octubre de 1958 – el de Juan XXIII será apenas un periódico de transición.

Sin embargo, no faltan opiniones según las cuales el nuevo Papa – que ha sido Patriarca en Venecia – se caracteriza por un contacto más vivo y estrecho con el mundo contemporáneo que el de Pío XII. Como se sabe, Pío XII recibió desde el fin de la Segunda Guerra Mundial numerosas críticas: se le reprochaba cierta pasividad de la Iglesia frente a las atrocidades cometidas por la Alemania nazi y la Italia fascista.

Al contrario que su predecesor en el trono de san Pedro, Juan XXIII posee un conocimiento acabado de los principales problemas sociales que agitan el mundo en la actualidad.

Monseñor Roncalli no ha vacilado en discutir incluso con dirigentes comunistas los problemas que plantean la pobreza, las deficientes condiciones de trabajo y las carencias de los sistemas de seguridad social que rigen en Occidente.

Es probable que con Juan XIII a pesar de los pronósticos, la iglesia entre en u período de auténtica renovación.

En 1959 se convocará el Concilio Vaticano II.

El Análisis

Juan XXIII: ¿papa de transición o sorpresa del Espíritu?

JF Lamata

La elección de Angelo Giuseppe Roncalli como Papa Juan XXIII ha sorprendido tanto por su resultado como por lo que insinúa del futuro. En una Curia marcada por figuras claramente conservadoras como el cardenal Ottaviani o el arzobispo Lefebvre, todo parecía indicar que el próximo pontífice sería alguien continuista, quizá incluso más rígido, para preservar el equilibrio en tiempos inciertos. Pero los cardenales han optado por un perfil inesperado: un patriarca de Venecia afable, popular, de avanzada edad y sin gran peso político en el Vaticano. Todo parecía apuntar a un “papa de transición”, un puente corto entre dos eras. Pero Roncalli, apenas investido, deja entrever que no ha llegado a calentar la silla, sino a moverla.

El nuevo Papa —de trato sencillo, sonrisa generosa y una biografía marcada por la diplomacia y la sensibilidad pastoral— parece menos interesado en administrar el statu quo que en sacudir suavemente el polvo de los brocados. Su elección ha sido, en apariencia, una apuesta conservadora: una figura mayor, sin enemigos, sin reformas anunciadas. Pero basta observar los primeros gestos de su pontificado para intuir que Juan XXIII no se resigna al papel de interino. Si algo ha demostrado su vida —desde sus misiones en Bulgaria o Turquía hasta su cercanía con los fieles de Venecia— es que no confunde prudencia con pasividad.

Los sectores más inmovilistas del Vaticano pueden haber votado pensando en un paréntesis breve y dócil. Pero quizás, sin saberlo, han abierto la puerta a un pontificado profundamente transformador. En apenas unas semanas, se habla ya de «aggiornamento», de abrir ventanas y airear concilios. Juan XXIII ha comenzado su reinado sin ruido, pero con una determinación que no pasará inadvertida. Quizá, dentro de poco, algunos cardenales empiecen a preguntarse si, en lugar de elegir un papa de transición, han elegido al hombre que cambiará el siglo.

J. F. Lamata