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PUEBLO reprocha los sorteos del diario de PESA, a lo que EL ALCÁZAR responde recordando al diario público que ellos regalaron jamones

Los directores de EL ALCÁZAR (Luis Apostua) y PUEBLO (Emilio Romero) se enfrentan por las promociones de sus periódicos

HECHOS

El 26.09.1967 el diario EL ALCÁZAR publicó el artículo ‘Periodismo con Jamón’ de D. Luis Apostua.

El director de PUEBLO, D. Emilio Romero reprochó a su competidor EL ALCÁZAR los constantes regalos que adjunta el periódico a modo de promoción y sus concursos («Periodismo de Mostrado»). El nuevo director de EL ALCÁZAR, D. Luis Apostua, tiró de hemeroteca y recordó que en sus inicios PUEBLO también había tenido promociones similares, hasta sorteando jamones entre sus lectores («Periodismo con Jamón»).

Los diarios PUEBLO (financiado por el Estado ) y EL ALCÁZAR (financiado por la empresa PESA, vinculada al aperturismo del Opus Dei) mantienen una guerra abierta desde el inicio de la Libertad de Prensa desde 1966.

19 Septiembre 1967

Periodismo de mostrador

Emilio Romero

Las circunstancias políticas españolas, a lo largo de todo este siglo, no han sido favorables para un desarrollo pleno del periodismo. Nuestras desavenencias y convulsiones han producido periodos prolongados de censura previa, en la Monarquía y en la República. Después el refuerzo de autoridad y de cauterización del Régimen actual, tratando de abrir periodos nuevos de convivencia, mantuvo un largo periodo de rigidez. La disputa – de otro lado – por la posesión de los periódicos ha tenido casi siempre una motivación política de grupo. A pesar de todo ello, el periodismo en nuestro país ha sido un vehículo intelectual de primera clase; durante mucho tiempo, el único instrumento informativo; y siempre, una institución libre, dispersa – pero eficaz – de representación de ideas, o de planteamientos de insatisfacciones de grandes sectores populares. El periodismo alcanzaría recientemente otras dimensiones, como las del a Radiodifusión y la Televisión, aunque el crédito de estos nuevos medios sea, por el momento, exclusivamente informativo, y dentro de ello, la información de urgencia.

Una nueva generación de periodistas está irrumpiendo en el país y haciéndose cargo de funciones directivas o de responsabilidades en los periódicos, y uno ve, con extrañeza, el rumbo de sus vidas en las páginas de los diarios. Por el momento se ve en muchos de ellos na falta considerable de respeto a los lectores de periódicos. La promoción de tiradas se está haciendo a la manera de los tenderos, y no de los periodistas. Se están montando concursos para regalar casas, coches, objetos, electrodomésticos, y algunos organizan consorcios comerciales para que los artículos resulten a mitad de precio, mediante canjes publicitarios y otros trucos del mundo comercial. Finalmente, explotan la pasión popular al fútbol y regalan cromos en colores que, naturalmente, consume un público adolescente o infantil. Crece una corriente en orden a tener que entregar los periódicos con algo con especies, cuando por lo que únicamente tiene que venderse un periódico es por lo que aparezca impreso en sus páginas, por el interés de la información, por la novedad de lo que diga a los demás y por el acierto en hacer coincidir posición del periódico y opinión pública. Recientemente tuve ocasión de saldar a un hombre eminente de la Prensa, don Fernando Martín Sánchez-Julia en La Toja – donde estaba pasando sus vacaciones y su descanso – y comentábamos esta pasión de los nuevos periodistas por los regalos; la poca fe que denunciaba todo ello en su profesión, y la impotencia que descubría renunciar a hacer solamente a cuerpo limpio un periódico atractivo a los lectores. “Como sigamos así – me decía con mucha gracia don Fenrando Martín Sánchez-Julia – vamos a tener los demás que pensar en regalar cualquier día un ‘chupa-chups’” – Mis maestros antiguos y modernos – entre estos últimos Manuel Aznar, Víctor de la Serna y Juan Aparicio – no habrían aceptado sin protesta, una desvalorización tan inútil del periodismo; tampoco uno va a sumarse a esa corriente desmoralizadora y descalificadora de la profesión periodística.

Las últimas facilidades en materia de libertad de Prensa nos han abierto a los profesionales de periodismo horizontes muy amplios para la información y la opinión. Podemos, en verdad, sin limitaciones, informar de lo que ocurre en el mundo a nuestros lectores, y es mucho lo que sucede: se puede en España hacer la crítica de la acción del Gobierno: se puede criticar el comportamiento en sus funciones de los ministros y de sus colaboradores; se puede hacer la crítica de los planes generales de gobierno en todas sus esferas, y hay en España incontables reportajes y crónicas por escribir de verdadera novedad para los lectores de periódico; eso es, seguramente, una afortunada idea comercial. Un día se le puede ocurrir a un compañero nuestro hacer una factoría en las afueras de Madrid a lo ‘Gallina Blanca’, y surtir de huevos a todos sus lectores; eso es factible; pero el verdadero periodismo es aquel que utilizaron en sus tiempos Ortega, Unamuno, Pérez de Ayala, o Sánchez Mazas, para hacer una buena parte de su obra intelectual o literaria; rastrear la noticia e imprimirla inmediatamente, con el auxilio del progreso de las Artes Gráficas, es la exigencia de una sociedad tan comunicada, relacionada e independiente como la nuestra.

En esta rica, y sufrida y entusiasta, y desinteresada y literaria y artística, y política profesión, desearíamos antes fracasar como periodistas, que triunfar como comerciantes. Son cosas igualmente nobles y legítimas pero que o tienen nada que ver.

Emilio Romero

29 Septiembre 1967

Periodismo con Jamón

Luis Apostua

El director de PUEBLO, Emilio Romero, publicó hace unos días un artículo titulado ‘Periodismo de mostrador’ en el que criticaba duramente el recurso de algunos periódicos que reparten láminas en colores y organizan concursos con premios para sus lectores como medios de promoción del diario. Naturalmente, uno de los principales destinatarios de tan acerbas condenas era EL ALCÁZAR, que cuenta con algunas de estas campañas en su haber – y otras en reserva – y que tna amplia aceptación ha tenido por parte del público en general.

Pero por esta vez al menos – y no vamos a analizar si en otras también – Emilio Romero ha jugado con cartas flojas su partida de póquer, poniendo más confianza en la escasa memoria de los lectores que en la calidad de la baza que tenía entre las manos. Porque, como muy bien se demuestra en las ilustraciones que acompañan estas líneas, el diario PUEBLO, dirigido por el propio Emilio Romero, no ha sentido ningún escrúpulo en recurrir a estos procedimientos de promoción, regalando cestas de Navidad a sus lectores en combinación con unas mantequerías que ponían hasta jamones en sus lotes. Un ‘periodismo de tendero’, podríamos decir, si nos gustarán las definiciones absolutas.

El puritanismo profesional de que hace gala Romero a estas alturas con un diario consolidado que llegó a su techo, olvida también que en su lucha diaria para atraer al lector ha estado empelando procedimientos marginales que quizá otros periódicos han descartado por considerarlos – éstos sí que de verdad – incompatibles con el respeto que debían a sus lectores.

¿Cómo podríamos calificar algunas de las fotografías que hemos visto en el colega, rozando a menudo la pornografía? ¿O esa página de corazones solitarios, que no tiene ni la gracia de EL LIBERAL en la que se han deslizado anuncios susceptibles de una intervención por parte de la Dirección General de Seguridad? ¿O es menos lícito distribuir cromos de foreros y futbolistas que anunciar la subasta de una extranjera que busca marido ofreciendo veinte mil duros?

Como se ve, pues, entre los ‘maestros’ que nosotras podríamos citar para buscar un antecedente a nuestros sorteos, figura el propio director de PUEBLO, con sus rifas de jamones con motivo de las fiestas navideñas. Pero el magisterio habría de limitarse a este punto solamente, ya que no podemos seguirle por otros derroteros, a los que renunciamos por anticipado, aunque le parezcan tan bien a Romero.

Digamos de paso que PUEBLO es un diario que nos merece toda consideración, y nos duele que su director tenga estos fallos tan lamentables de memoria. A sus tiradas – celosamente defendidas por Romero, pero cada año más próximas a las nuestras – a su expansión en los años difíciles y deficitarios, hemos contribuido modestamente todos los trabajadores españoles a través de nuestras cuotas sindicales. De ahí que nos sea tan cara su actual lozanía. Pero que Romero no le saque motes a las p´racticas normales de promoción que él mismo empleó sin sonrojo. Que qle que nunca haya rifado jamones, eche la primera piedra.

Y si nos sumergimos en la muy cursi, pero muy socorrida manía de hacer historia, nos encontramos con el ABC de principios de siglo, que lanzó el concurso – aún recordado – LAS QUINIENTAS PESETAS DE ABC.

Consistía en que un agente del periódico recorría Madrid con esa cantidad en el bolsillo dispuesto a entregarlas al primero que se acercara a preguntarle: “¿Lleva usted las quinientas pesetas de ABC?”. EN aquel Madrid pacífico e ingenioso fue un auténtico regocijo. Es lo que hoy se llamaría un ‘boom’ publicitario.

Cita también don Emilio a Ortega y Gasset. Considerando que la manía de citar a Ortega se ha transformado en un vicio nacional, no está mal recordar que un periódico como EL IMPARCIAL – intelectual donde los haya habido – organizaba sorteos de mantones de Manila en las verbenas y quermeses. Y mantones de Manila en las verbenas y quermeses. Y LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA organizó lo que ha venido a ser el antecedente de EL AVIÓN DE EL ALCÁZAR a los partidos de Copa de Europa: sorteo de plazas en los trenes botijo a las playas alicantinas.

Puestas así las cosas, no tenemos inconveniente en reconocer a don Emilio una cierta prioridad en la venta de periódicos envueltos en jamones y no jamones envueltos en periódicos, lo cual se le puede discernir con honor un título que haga referencia a sus dotes y cualidades de periodista de mostrador.

Luis Apostua

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