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Lucha por los restos de Ciudadanos: Edmundo Bal liderará una lista alternativa a la oficialista con los partidarios de Inés Arrimadas

HECHOS

El 2.12.2022 D. Edmundo Bal anunció que sería candidato a ser el nuevo máximo dirigente de Ciudadanos.

03 Diciembre 2022

Cs, hacia un final cainita

EL MUNDO (Director: Joaquín Manso)

EL ANUNCIO por parte de Edmundo Bal de que aspirará a liderar Ciudadanos ofrece una pésima imagen que el partido no merece en su etapa final. Una formación que ha prestado servicios tan valiosos al constitucionalismo, especialmente en Cataluña, debería ser capaz de gestionar sus últimos compases con altura de miras. Eso significa evitar la riña interna por los restos del naufragio. Y también plantearse con valentía cuál es la mejor opción para que los valores de Cs -que mantienen toda su vigencia- sobrevivan a unas siglas que ya no son un vehículo útil para representarlos, sin descartar la aportación de sus ideas y sus activos al proyecto amplio, con vocación de centralidad y claras posibilidades de vencer que construye Feijóo. El activo más destacado del partido es precisamente Begoña Villacís, quien no se presentará a las elecciones madrileñas por Cs si Bal toma los mandos.

Cs nació en 2006 como fruto del cansancio de muchos catalanes con el abandono de los valores constitucionales por parte del PSOE y del PP. Algunas de las mejores mentes de Cataluña alumbraron una plataforma cívica y después un partido que libró con heroísmo batallas básicas para la democracia. En contra del nacionalismo dominante defendió la lengua común, la libertad de expresión, la neutralidad de las instituciones y el derecho de los catalanes a no ser convertidos en extranjeros en su país.

Su posterior salto al conjunto de España con Albert Rivera como líder indiscutible ilusionó a millones de electores, que vieron en Cs una opción centrista, referente de los valores liberales, firme con los nacionalismos y abanderada de la regeneración democrática mientras el PP de Rajoy se veía acosado por la corrupción. En abril de 2019 el partido logró su techo electoral, con 57 diputados. A partir de ahí todo empeoró. El acuerdo con el PSOE de Pedro Sánchez no fue posible. Rivera aspiró a devorar al PP, cosa que no ocurrió, y entregó al dirigente socialista el relato que buscaba. Así Sánchez se entregó a la dañina alianza con el nacionalismo y la extrema izquierda que aún le sostiene.

Desde la dimisión de Rivera, y con el feudo catalán descapitalizado, Inés Arrimadas, poseedora de un valioso patrimonio político, ha ejercido un liderazgo irregular, aunque la situación no era fácil. En un clima polarizado, y con el PP atrayendo a sus cuadros y votantes, el apoyo de Cs al PSOE para la aprobación de una moción de censura en Murcia abrió una nueva etapa política en España. La formación no consiguió ningún escaño en Madrid, con Bal como candidato. El que iba a ser el gran partido bisagra para evitar el chantaje de los nacionalismos vasco y catalán se estrelló en Castilla y León y desapareció del Parlamento andaluz.

Bal, abogado del Estado purgado por Sánchez, ha cometido dos errores notables: su apoyo a la ley del sólo sí es sí, pese a todos los informes críticos con el proyecto, y su posición complaciente con la ley trans. Con su paso adelante, que tiene un evidente componente de traición personal a Arrimadas, empuja a su partido hacia un final cainita.

04 Diciembre 2022

La ambición suicida de Bal

Iñaki Ellakuría

En uno de los castings exprés con los que Albert Rivera buscaba perfiles con notoriedad pública para adornar sus listas electorales, método de selección que acabó siendo la puerta de entrada de no pocos buscavidas, rebotados de otros partidos y egos descontrolados, el líder de Ciudadanos creyó haber encontrado en Edmundo Bal un afilado estilete contra el Gobierno de Pedro Sánchez. Al atesorar una llamativa carrera como abogado del Estado y pedigrí de damnificado del sanchismo, después de haber sido apartado del juicio del procés por la plenipotenciaria Dolores Delgado, ministra, fiscal general en la sombra y sicaria monclovita, al negarse a rebajar la acusación de rebelión a sedición.

Enrolado en el proyecto de Rivera para las generales de 2019, desde los primeros mítines, cuando pillaba el micrófono y hablaba y hablaba con la aceleración del novel que disfruta de sensaciones desconocidas, Bal enseguida dio muestras de sentirse encantado con su entrada en política. Espacio que le permitía gustarse sin el rigor del ámbito judicial y desatar su generosa vanidad.

Esta desbocada ambición es la que le llevó a seguir en Cs cuando Rivera, su padrino y mentor, dimitió después de la debacle electoral. La misma que le hizo aferrarse otra vez a su escaño en el Congreso y a las faldas de Inés Arrimadas, cuando el fracaso lo protagonizó esta vez él como candidato a la Comunidad de Madrid, perdiendo los 26 diputados. Y es la vanidad que ahora impulsa su movimiento para reventar el proceso de refundación de Cs, presentando, a traición, su candidatura contra Arrimadas. Una presidenta otra vez en apuros por su ingenuidad, incapaz de percatarse a tiempo que el apoyo de Bal al bodrio legal del Sí es Sí gestado por Irene Montero y a la normativa Trans no eran simples flirteos con el populismo de extrema izquierda y la corrección Woke, sino calculados movimientos para trazar diferencias y ganarse el apoyo de aquellos que desde los primeros días de Cs en Cataluña hicieron todo lo posible para enterrar con sus propias manos el partido.

Nada tiene de casual, por tanto, que el independentismo catalán, junto el panfleto de Jaume Roures y otro medios de izquierdas agiten la revuelta de «el camarada Bal» y celebren -incluso más que el PP de Feijóo-, que pretenda colocar a Cs en la senda progresista y apartarlo del «nacionalismo español». Condiciones obligadas para convertir a lo que quede de Cs y como acabe llamándose en otra comparsa del sanchismo.

Asesorado por un grupo de periodistas y círculos madrileños que le han hecho creer que «ha llegado su momento», como en el pasado enloquecieron a Rivera con la fantasía de entrar en Moncloa, Bal ha rechazado toda posibilidad de consenso con Arrimadas y Begoña Villacís, empujando a Cs a un enfrentamiento congresual suicida. No obstante, sería injusto responsabilizar a la pretensión de Bal -como tampoco a la nefasta gestión de Arrimadas- de la cada vez más inevitable defunción de Cs, ya esta no es más que una consecuencia del gran error cometido por Rivera: transformar un partido que lideró la resistencia civil al nacionalismo, con el sacrificio de muchas personas que colaboraron con el partido cuando eso significaba ser un proscrito en Cataluña, en una agrupación de presumidos aventureros del yo y de la fama.

La izquierda, el nacionalismo y el PP celebran la batalla en Cs

06 Diciembre 2022

Carta a un amigo de Ciudadanos

Jorge Bustos

ME PREGUNTAS cómo veo lo que está pasando en el partido. Yo me había propuesto no decir nada al respecto porque no me gusta hablar en los velorios, y porque creo que Cs aún puede dejar un bonito cadáver que merece el respetuoso tributo del silencio, no el ruidoso cálculo de los carroñeros ni la pringosa hipocresía de las plañideras. No duraba tanto un funeral desde la procesión de Juana la Loca tras el féretro de Felipe el Hermoso, y convendrás conmigo en que doña Juana no era precisamente una liberal. La primera condición del liberalismo es la asunción de la realidad, sobre todo cuando es muy fea.

Hemos repasado juntos los tristes hitos de esta historia tantas veces. Algunas tardes de domingo todavía te entregas al examen obsesivo del momento exacto en que se jodió el Perú naranja, y formulas por enésima vez la platónica estrategia bisagrista que habría salvado a un partido condenado desde la moción de censura. Lo cierto es que ese día Sánchez cerró abruptamente el ciclo de constitucionalismo reformista en el que Cs tenía sentido, y va siendo hora de aceptarlo. En todo caso puedo perdonarte la rumia de la melancolía, pero no el humo de la refundación. Porque triste es mentirse a uno mismo, pero peor es engañar a los demás.

Escúchame, querido. No hay ninguna posibilidad científica de que votar a Cs sea remotamente útil a la causa liberal de una España de libres e iguales. En cambio hay evidencia contrastada de que la fragmentación del centroderecha beneficia a Sánchez; es decir, a Iglesias, a Otegi y a Junqueras. Sí, ya sé que el PP está lleno de rancios y que tú eres mucho más moderno que todos esos conservadores. Pero ya pasó el tiempo de los coquetos votos expresivos y llega el de las papeletas furiosamente eficaces. Tenemos la ley electoral que tenemos. Y en las próximas elecciones no nos jugamos la supervivencia del centro, la vigencia de la Tercera España, el futuro del liberalismo progresista o el porno de los ángeles con la ley del sí es sí. O gobierna Feijóo o nos revienta un Frankenstein a pijo sacao desinhibido por las urnas. Y ocultar esta disyuntiva existencial para la democracia del 78 por aferrarse al último madero flotante del naufragio es la más perversa de las corrupciones.

Así que deja de cazar brujas en un cementerio submarino mientras ensayas posturitas progresistas. Baja de ahí, copón: el teatro está vacío. Ah, y si hablas con Begoña dile que es ahora o nunca.

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