8 enero 1935
Los comunistas se encuentran en plena guerra civil contra las tropas nacionalistas del Kuomintang
Mao Zedong es elegido líder del Partido Comunista Chino, tras su popular ‘larga marcha’ contra Chiang Kai-shek
Hechos
El 8 de enero de 1935 Mao Zedong fue elegido presidente del Buró Político del Partido Comunista de China.
Lecturas
La Larga marcha de los comunistas chinos les hizo célebres en todo el mundo.
Tras el golpe de Estado que había encabezado en 1927 con ayuda del ala derechista del Kuomintang, Chang Kai-shek arremetió contra el Partido Comunista de China, que se hallaba bajo las directivas del Komintern y de Stalin. Los asesinatos masivos y el terror liquidaron a la mayor parte de sus miembros, y el partido fue prácticamente exterminado. De esta manera, Chang Kai-shek, consiguió arrebatar a los comunistas gran parte de los territorios que ocntrolaban.
Así, la zona soviética fue acordonada lenta pero eficazmente. Con 14.000 fortines y 2.400 kilómetros de nuevas carreteras, en el otoño de 1933 las ropas de Kuomintang, asesorados por el general alemán Hans von Steeckt redujeron la zona soviética a unos pocos centenares de kilómetros cuadrados. A partir de ese momento sólo era una cuestión de tiempo: el Ejército Rojo acabaria extenuado por el asedio.
En medio de esa situación amenazadora, el Ejército Rojo logró escapar el 21 de mayo de 1934. Se iniciaba así la Larga Marcha de 90.000 combatientes. Durante un congreso del Politburó del Partido Comunista chino celebrado entre el 6 y el 8 de enero de 1935 en Zunyu, provincia de Guizhou, duramente castigada por la miseria, Mao Zedong consiguió reorganizar las fuerzas. Zhou Enlai fue nombrado comandante militar con el apoyo de Mao, que se había hecho con el control del Comité Permanente del . De ese modo, el partido realizó en Zunyi un cambio estratétigo de gran importancia. La personalidad de Mao se fue imponiendo cada vez más, y el propio líder dirigió a las tropas, continuamente diezmadas, hacia las regiones campesinas del norte.
Mao expuso el 27 de diciembre de 1935 la tesis: «La larga Marcha es también una sembradora que, a lo largo de once provincias, ha ido esparciendo innumerables semillas que habrán de germinar, reverdecer, florecer, dar frutos y, en el futuro, producir una gran cosecha».
Pese a las dudas de muchos compañeros de viaje, las cosas resultaron tal y como el líder había predicho: si bien Yanan, con sólo 1.500.000 habitantes, continuó siendo hasta 1937 la única región liberada, en la primavera de 1945 las regiones liberadas eran ya diecinueve, con un total de 95 millones de personas. Cuatro años más tarde, los comunistas, con el apoyo de los campesinos, consiguieron la victoria en la guerra civil china.
El Análisis
El 8 de enero de 1935, en un remoto rincón de la provincia de Shaanxi, el Partido Comunista de China ha entronizado a Mao Zedong como su nuevo líder absoluto. Su elección como presidente del Buró Político no es un simple trámite partidario: es la consagración de una figura que, hasta hace poco, era vista con reservas por Moscú y por sus propios compañeros, pero que ha emergido como el rostro indiscutible del comunismo chino tras la epopeya de la Larga Marcha. Mao, el intelectual convertido en estratega rural, ha demostrado algo más difícil que el éxito militar: ha logrado convertirse en símbolo viviente de una revolución que ya no es solamente importada de la Unión Soviética, sino moldeada en el barro de los arrozales y las montañas chinas.
La amenaza que representa para Chiang Kai-shek no es menor. Aunque militarmente debilitado, el Partido Comunista de Mao ha ganado legitimidad entre los campesinos y empieza a disputar el alma del país. Lo irónico es que, en el corto plazo, Chiang no podrá permitirse combatir a Mao. La agresión japonesa en Manchuria y la amenaza creciente del imperialismo nipón obligan a una tregua incómoda entre los viejos enemigos. Por presión interna y externa, el líder del Kuomintang tendrá que aliarse con quien considera un traidor marxista para defender la integridad de China. Pero ambos lo saben: esta unión no es más que una pausa táctica. El choque entre Mao y Chiang, entre comunismo rural y nacionalismo autoritario, es inevitable. Y no será pacífico.
JF Lamata