6 marzo 1986
Emparentada con la familia propietaria de LA VOZ DE GALICIA y esposa del periodista Augusto Assía, pertenecía a Alianza Popular desde la fundación del partido
María Victoria Fernández España rompe con Alianza Popular por su discrepancia con el cambio de posición de la derecha con respecto a la OTAN
Hechos
El 6.03.1986 Dña. María Victoria Fernández España, diputada de AP y secretaria segunda del Congreso, anunció su decisión de abandonar la militancia de su partido y pasar al Grupo Mixto del Congreso.
Lecturas
El 1 de marzo de 1986 la diputada de Alianza Popular, Dña. María Victoria Fernández España publica un artículo en LA VOZ DE GALICIA anunciando que votará SÍ en el referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN – titulado ‘Yo declaro que voy a votar SÍ’ – contradiciendo la posición de su partido, AP, de pedir la abstención.
El 5 de marzo de 1986 la diputada de Alianza Popular, Dña. María Victoria Fernández España anuncia en rueda de prensa su baja en el partido y su pase al Grupo Mixto por discrepar de la actitud de AP y el resto de los partidos de Coalición Popular, de pedir la abstención en el referéndum para la permanencia de España en la OTAN. “No puedo seguir militando en un partido, que en un trance de tan singular gravedad pide a sus 200.000 afiliados una abstención en un refereféndum”.
La respuesta más dura contra la diputada la tiene el diario ABC que dirige D. Luis María Anson Oliart que felicita a Alianza Popular por haberse librado de la Sra. Fernández España.
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LOS MOTIVOS DE SU MARCHA:
«Yo no puedo militar en un partido que, en un trance de tan singular gravedad, pide a sus militantes una abstención, equivalente a un no a la OTAN y, en consecuencia, a un no a Europa»
«Jamás habría abandonado el partido por un problema personal, pero ésta era una situación de conciencia».
01 Marzo 1986
Yo declaro que voy a votar SÍ
Pensaba que no necesitaría siguiera dar una explicación de lo que iba a ser mi voto en el próximo referéndum que el Gobierno de España ha convocado para el próximo día 12 de marzo.
Alguien como yo, inclinada desde niña, a defender las justas causas de la libertad, habiendo pasado gran parte de mi juventud en los Estados Unidos, donde nació mi único hijo, alguien como yo, cuyo desarrollo democrático han pesado tanto las tradiciones, los hábitos y la ética anglosajona, una mujer que pasó casi diez años en Alemania y fue testigo de excepción sobre la diferencia entre la Alemania libre y la Alemania comunista, que ha estado muchas veces meditando al pie del ignominioso muro que, con sus alambradas, sus fatídicas torres, sus sofisticadas armas y sus perros salvajes impide la huída masiva de los cautivos europeos hacia la libertad, una persona que como yo, en fin, ha podido medir, en toda su magnitud y en todo su dramatismo, lo que significa ser libre y lo que supone ser esclavo ¿qué otra cosa podría hacer si no votar que SÍ en el referéndum OTAN?
Mi voto estaba de antemano decidido y volcado hacia el SÍ por mis propias convicciones personales y por mi amor a la libertad.
Ante la confusión que entre unos y otros se está sembrando en esta materia, en donde las fuerzas conducentes hacia la tiranía imponen su añagaza ante el español ingenuo, amante de la paz, al que le dicen que está amenazada por la OTAN, considero necesario aclarar ante la opinión gallega y la española en general, que yo voy a votar que SÍ en el próximo referéndum y pedirle a todas aquellas gentes que confían en la rectitud de nuestro criterio, que saben que nunca les hemos engañado y que sólo deseamos lo mejor para nuestra sociedad, pedirle – digo – que me sigan en este SÍ.
Al votar afirmativamente pueden hacerlo convencidos, creo yo, de que están votando por la paz de sus hijos y porque nuestra nación, al integrarse plenamente en Europa, está eligiendo no sólo el camino de la prosperidad, sino también el camino que la lleva hacia una democracia y una libertad sin posibles retrocesos.
No se trata de un problema de Gobierno o de un problema de partido. No se trata de socialistas o de conservadores, de reformistas o de liberales. No se trata de Felipe o de Fraga.
Lo que se va a dilucidar en las urnas es si en España los partidarios de que España se vea insensiblemente alineada con las dictaduras del Pacto de Varsovia, que es lo que desean los partidarios del NO, o que España forme con las grandes naciones de Occidente, ora gobernadas por las fuerzas de la derecha liberal ora por el socialismo democrático, en las filas de la organización defensiva de la Alianza Atlántica, que defiende sus ideales y sus intereses y que en estas largas décadas, desde su fundación, el 4 de abril de 1949, hace pronto cuarenta años, ha impedido no sólo el avance del comunismo, que sin la OTAN nos hubiera ya devorado a todos, convirtiendo a Europa en un inmenso campo de concentración, sino que ha evitado, con su extraordinaria fuerza disuasiva, que se haya producido una sola querella seria en Europa.
Vivimos en la más extraordinaria de las etapas históricas, disfrutando, otra vez, de una paz sólo comparable a la de Augusto.
Y esto se debe muy principalmente a la Alianza Atlántica. A la OTAN.
Entre Europa y África, en nuestra posición, con una complicada historia a la espalda, tarados por el aislamiento, con heridas todavía malcerradas, esforzándonos con trabajo en afianzar una democracia a la que aún no estamos acostumbrados, con una crisis económica de la que sólo comenzamos a salir y tres millones de parados, con gobernantes jóvenes y de poca experiencia y con todos nosotros inexpertos en el ejercicio de la libertad ¿qué mejor respaldo para nuestra defensa, qué mayor garantía para nuestras admirables fuerzas armadas que la de la participación en la Alianza Atlántica y, con este primer paso, montar la marcha hacia nuestra plena integración?
Yo he tenido el honor, hace años, de ser invitada por la OTAN a fin de visitar sus cuarteles generales, Shape, y sus bases en Nápoles y en Alemania y he tenido la fortuna de ser la única mujer española, y una de las poquísimas mujeres europeas o americanas, que ha pasado revista a las fuerzas de la Alianza Atlántica, justamente en el día solemne en que, por primera vez, se izaba entre las naciones miembros de la Alianza, la bandera de España. Fue uno de los momentos más emocionantes y solemnes de mi vida.
Respeto las posiciones expuestas por los líderes conservadores, pero les digo lo mismo que les ha dicho aquí, en Madrid, recientemente el señor Strauss, lo que le han repetido ahora en Bonn los dirigentes alemanes al Rey de España, lo que se está diciendo en todas las cancillerías y en todos los ministerios europeos y americanos: ante un referéndum como el próximo del día 12 de marzo, en el que se diludica si España debe permanecer en la Alianza Atlántica o debe salir de la Alianza, OTAN sí, OTAN no, por complicadas, por enmarañadas o por maquiavélicas que puedan ser las fórmulas que envuelven esta realidad tan simple y tan directa, no cabe la abstención ni por activa, ni por pasiva.
Las personas que piensen, como pensamos nosotros, que España es lo único importante, tienen que mirar por encima de los intereses partidistas y, de acuerdo con nuestros valores fundamentales, introducir en las urnas una papeleta que diga: SÍ. No existe otra posición razonable, ni puede existir, en mi opinión. Ocultarla no sería compatible con la responsabilidad de mi representación en las Cortes Españolas por la provincia de La Coruña.
María Victoria Fernández-España
06 Marzo 1986
Enhorabuena a AP
Normalmente hay que felicitar a los partidos por lo que consiguen o incorporan.
Pero hay veces en que se les debe felicitar por el lastre que sueltan.
Es el caso, por ejemplo, de doña Victoria Fernández España: dama respetable y pintoresca criatura política.
Doña Victoria ha anunciado que dirá que sí en el referéndum. El sí es una postura razonable. En ABC se han publicado en los últimos días, dentro del juego limpio liberal de nuestro periódico, numerosos artículos – hoy mismo en Tercera – en favor del sí.
Pero doña Victoria es miembro destacado de un partido que ha propugnado la abstención. Lo que resulta rechazable de doña Victoria no es el sí, sino que lo haya comunicado públicamente en contra de la posición de AP.
Naturalmente se ha tenido que ir de este partido antes de que la echaran. Otra persona habría hecho daño a AP, pero no doña Victoria.
El peso de su inocencia ha sido tanto como el calado de su impericia para resolver con tino los problemas políticos con los que se ha enfrentado.
Al partido de Alianza Popular hay que darle la enhorabuena.