25 julio 2002
Marruecos ocupa la isla española de Perejil y es obligado a desalojarla tras presiones diplomáticas y militares
Hechos
El 11.07.2002 tropas marroquíes ocuparon la isla española de Perejil, fueron desolajadas el día 17.07.2002.
Lecturas
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EL PELOTEO DE BURUAGA (ANTENA 3 TV): «¡ENHORABUENA, MINISTRO!»
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13 Julio 2002
La toma de Perejil
Al ocupar el islote de Perejil, Marruecos ha cometido un acto inamistoso. Ha elegido con cuidado su blanco: un peñasco deshabitado, a unos metros de la costa marroquí y a 11 kilómetros de Ceuta, cuyo estatuto jurídico es tan dudoso que en su nota verbal el Gobierno español se ha limitado a denunciar la ‘modificación del statu quo actual’, mientras pedía ‘el restablecimiento de la situación anterior’. Es un reconocimiento implícito de que desconoce el título jurídico para reclamar la soberanía de unas rocas que no se incluyeron en el Estatuto de Ceuta y que las Fuerzas Armadas abandonaron 42 años atrás. Ahora el director de la Guardia Civil afirma que Perejil -Leila para los marroquíes- era usado por narcotraficantes. ¿Cómo las autoridades españolas no hicieron nada para evitarlo? Marruecos se ha permitido la sorna de justificar esta ocupación en ‘la lucha contra el terrorismo y la inmigración ilegal’.
Marruecos ha actuado de una forma que no corresponde a lo que debe ser la buena vecindad entre dos países cuya relación mutua es estratégica para ambos. Se desconoce de dónde partió la orden. Las motivaciones marroquíes pueden ser múltiples: desde una distracción exterior de los problemas interiores, en plenos fastos para celebrar la boda del rey Mohamed VI (sin la presencia de ningún miembro de la familia real o el Gobierno españoles), hasta una manera de ejercer presión sobre nuestro país para que cambie su actitud respecto al Sáhara Occidental y apoye el plan de autonomía para la ex colonia, al que sólo se oponen Moscú y Madrid dentro del denominado Grupo de Amigos del Secretario General de la ONU. El Consejo de Seguridad debe tomar una decisión a este respecto el próximo 31 de julio.
Con ser una actuación irresponsable de Rabat, la toma de Perejil refleja el fracaso de la política del Gobierno de Aznar hacia Marruecos. La excepcionalidad de estas relaciones dificulta la salida a esta crisis, en la que llueve sobre mojado. Días atrás, Rabat entendió como una provocación las maniobras realizadas por la Armada en torno a Alhucemas, territorio bajo plena soberanía española, pero que Rabat reivindica.No hay duda de que lo ocurrido ahora en el islote de Perejil reduce el margen de maniobra del Gobierno para normalizar las relaciones con Marruecos, que ambas partes han contribuido a deteriorar. No hacer nada ante la presencia de militares marroquíes en Perejil tiene un precio y puede sentar un precedente. Pero hacer algo, también. Ese islote deshabitado, cuya existencia ignorábamos hasta ayer la mayor parte de los españoles, no merece un solo tiro. Lo civilizado sería que, aunque tomara su tiempo, ambos Estados aceptaran dirimir esta disputa ante el Tribunal Internacional de La Haya.
Hasta ahora el Gobierno ha reaccionado con cautela, reforzando la presencia militar en otras zonas cercanas. Cautela que contrasta con las palabras del recién estrenado portavoz del Gobierno de Aznar, Mariano Rajoy, que sacó a colación en este contexto los 200.000 marroquíes que viven en España o los varios millones que pasan por nuestras carreteras y puertos en estas fechas. Corre el riesgo de alimentar de forma peligrosa una xenofobia muy presente en nuestra sociedad. El Gobierno debe evitar la tentación de caer en un trasnochado y facilón patrioterismo, especialmente de cara al debate del lunes sobre el estado de la nación. Sería absurdo que girara en torno a Perejil.
14 Julio 2002
¿Qué prepara Marruecos?
El bofetón perejil que Mohamed VI ha propinado a nuestro Rey en el rostro de Aznar no se puede explicar sino como el prólogo a una serie de acciones que desconocemos. Los Gobiernos españoles desde la transición han cometido tantos errores en Ceuta y Melilla, tantos en la relación con Rabat, que estamos sentados sobre un polvorín como reiteradas veces se ha denunciado en esta columna sin que Piqué, picado, haya hecho otra cosa que esconder como el avestruz la cabeza, fatigada sin duda de tanta inclinación ante el César Bush II.
Parece lógico, por razones históricas, que España atienda al pueblo saharaui. Es menos lógica la protección dispensada por los Gobiernos de Suárez, González y Aznar, al Frente Polisario. Y resulta absurdo que esa protección se haya extendido a ciertos sectores rentistas a los que Marruecos consideran instalados en el terrorismo puro y duro.
Estados Unidos y Francia se han zafado del progresismo rojeras de los pardillos españoles. Y Marruecos ha desplegado todas sus baterías contra nosotros. El Rey Juan Carlos se ha dedicado mucho tiempo a mantener la cordialidad con los marroquíes. Aznar realizó su primera visita oficial a Rabat. Tanto el monarca como el presidente saben la importancia que tiene para España el entendimiento con Marruecos.
Pero una política polisaria irritante para Rabat y un ministro de Exteriores como Piqué no pasan impunemente. Las relaciones con Marruecos están rotas. Los conflcitos no se solucionan. La tensión crece. Y el Rey absoluto de aquel país africano ha puesto en marcha, en pleno himeneo, una estrategia que ha sorprendido al Gobierno español y a nuestros servicios de inteligencia y que puede tener consecuencias difíciles de calcular
Luis María Anson
18 Julio 2002
Operación limpia, salida incierta
La expulsión del destacamento marroquí en el islote de Perejil por tropas españolas ha sido una operación militarmente limpia. Pero la situación creada es lo suficientemente peligrosa como para que ambos Gobiernos se enroquen en sus posiciones y no inicien de inmediato un diálogo para superar esta crisis y evitar que se alargue, se enquiste o se agrave. Si el 11 de julio la intervención marroquí arrancó sin calcular las consecuencias, tampoco está claro que tras la acción militar española haya una estrategia a largo plazo sobre unas relaciones que son cruciales para España. Ambos gobiernos han iniciado unos recorridos sin destino claro y de difícil retorno. Urge retomar el diálogo y abrir una negociación que permita regresar al statu quo previo. Si Madrid y Rabat no pueden por sí solos, que acudan a la mediación de un tercero, como el secretario general de la ONU, Kofi Annan, que ayer se ofreció si se lo piden ambas partes.
Operación eficaz. La operación militar española ha sido eficaz y bien ejecutada, sin derramamiento de sangre. Sin duda, se ha beneficiado del efecto sorpresa,pues ni los marroquíes ni los políticos y ciudadanos españoles la esperaban tan pronto como en la madrugada de ayer. Sin embargo, cabe dudar de que, en contra de lo que mantiene, el Gobierno español hubiera agotado todas las posibilidades diplomáticas. Falta información al respecto. En todo caso, parece exagerado que el Gobierno pudiera considerar como ‘escalada’ el hecho de que los gendarmes en Perejil hubieran sido reemplazados por seis infantes de Marina o que las autoridades marroquíes planearan llevar ayer a la prensa ante el islote.
Forma y fondo. La acción del 11 de julio por Marruecos chocaba con la legalidad de la Carta de Naciones Unidas, que obliga a la resolución pacífica de las controversias. A su vez, dada la cuando menos discutible españolidad del islote, no parece razonable, como hizo ayer el ministro de Defensa, Federico Trillo, presentar la acción militar de ayer bajo el prisma de la ‘legítima defensa’, menos aún cuando Marruecos no carece de argumentos al considerar que en la operación se ha violado su espacio aéreo y marítimo.
Más sensata resultó la insistencia de la nueva titular de Exteriores, Ana Palacio, en respetar más las formas que el fondo para volver al statu quo previo, sin presencia permanente militar ni de símbolos de soberanía de ninguna de las partes. Pero si ésta ha sido la razón esgrimida por el Gobierno para la acción de ayer, el hecho de que dos banderas españolas ondeen ahora en Perejil no parece avalar este propósito, como también refleja una falta de sensibilidad que el destacamento permanente esté integrado por miembros de la Legión, que tiene una indudable connotación colonial para Marruecos. La intención de retirarse ‘lo antes posible’, en cuanto Marruecos garantice el statu quo, debe acompañarse ahora de gestos hacia Marruecos, a quien hay que ayudar a regresar a la normalidad.
Parlamento engañado. El Gobierno ha violentado el espíritu que animó al Congreso de los Diputados a aprobar la víspera, prácticamente por unanimidad, una resolución que criticaba la política de hechos consumados de Marruecos y daba su apoyo para ‘restaurar la legalidad internacional y el restablecimiento delstatu quo anterior a los hechos’. Varios de los que votaron a favor no lo habrían hecho de saber que en ese mismo momento el Gobierno ya estaba preparando la incursión militar. El éxito de ésta provocó ayer un cierre de filas, reforzado por la participación de Zapatero en la sesión conjunta de las comisiones de Exteriores y Defensa.
Política equivocada. Faltó, sin embargo, una mayor profundización de la oposición sobre la parte de responsabilidad que tiene la política de confrontación del Gobierno en el deterioro de las relaciones con Marruecos, y sobre la necesidad de no caer en un patrioterismo ramplón. Desde el fracaso de las negociaciones pesqueras, con las posteriores amenazas nada veladas de Aznar, hasta la posición de España sobre el Sáhara, todo ha contribuido desde Madrid al deterioro de estas relaciones, sin que el Gobierno haya aceptado dar ningún juego a la oposición socialista ni al rey Juan Carlos I para mejorarlas. También Marruecos ha aportado de lo suyo premiando inversiones de otros países frente a las españolas. Pero si el Gobierno de Aznar hubiera seguido una política más constructiva hacia Marruecos es probable que no se hubiera llegado a esta crisis, que no se sabe por qué ha empezado ni cómo puede terminar.
Marroquíes humillados. Es de temer que al ocupar de forma inamistosa el islote, algunos estamentos en Marruecos buscaban provocar a España y movilizar a su opinión pública, como tantas veces antes, contra un enemigo exterior. Con la inesperada reacción española, calificada por Marruecos como ‘agresión flagrante’ o incluso como una ‘declaración de guerra’ por su ministro de Exteriores, que tanto ha atizado el fuego, se ha dado vía libre a la cólera, hasta el extremo de que Rabat ha puesto en tela de juicio incluso la cooperación con Europa, bajo el riesgo de que ganen peso los elementos más indeseables en Marruecos, como los militares o los servicios secretos, a los que Mohamed VI ha dado alas. Conocer las oscuras razones que impulsaron a Marruecos a ocupar Perejil es clave para comprender lo que puede venir. Ahora bien, en Marruecos también hay elementos constructivos, que son los que hay que cultivar para frenar el peligro de aventurerismo.
Menor seguridad. La operación ha evitado sentar un precedente de hechos consumados, lo cual refuerza la voluntad, por si duda había, de defender Ceuta, Melilla y otros lugares de titularidad española. Pero ¿ha aumentado la sensación de seguridad que tienen los españoles que viven en estas plazas. Ahora será preciso mantener un despliegue militar importante, costoso en términos económicos, y en el que cualquier chispa puede provocar un enfrentamiento más grave.
Alianzas y apoyos. España es hoy miembro de la UE y de la OTAN, y ha logrado los apoyos verbales de los secretarios generales de la Alianza y de la Comisión, aunque insistiendo en la vuelta al diálogo. Los dos mejores aliados de Marruecos, Francia y EE UU, han mantenido sus distancias. París ha sido muy comedido al propugnar el ‘apaciguamiento’, con una cierta equidistancia al hablar de ‘esos dos países amigos de Francia’. Pero ambos habrán de retratarse probablemente pronto en el Consejo de Seguridad de la ONU y Francia deberá hacerlo el lunes en la reunión de los Quince. Marruecos ha buscado el respaldo de la Conferencia Islámica y conseguido el de la Liga Árabe, un mundo en el que Aznar pierde apoyos, salvo con la Argelia de Buteflika.
¿Y ahora qué? Mantener la capacidad de diálogo con los países árabes es importante porque la crisis con Marruecos llega en un momento de especial tensión entre Occidente y una parte del mundo musulmán a raíz del 11-S y cuando existe una tensión máxima en el otro extremo del Mediterráneo, donde el conflicto entre palestinos e israelíes se agrava, sin perspectiva de salida.
No se ven estrategias claras de salida de esta crisis. Marruecos no parecía tenerla cuando se lanzó al agua el 11 de julio. Tampoco el Gobierno español ha explicado cuál es la suya. Y, sin embargo, las relaciones con Marruecos son de una importancia central, en todos los campos, empezando por los humanos. En el mejor de los casos, la crisis actual debería ser el punto máximo de tensión, del que es preciso bajar sin humillaciones. Palacio tuvo tacto al tranquilizar y valorar ayer a los inmigrantes marroquíes y a los que cruzan en estas fechas este país. Un país que pretende contar no puede permitirse favorecer el estancamiento y la inestabilidad de un país vecino. España debe y puede dar los primeros pasos hacia la sensatez. Hay demasiados nubarrones en el horizonte global como para que España no despeje los que tiene en su vecindad.
19 Julio 2002
Coronel Buruaga
Esta toma del pedrusco Perejil ha provocado en la tele momentos de delirio patriótico de intensidad 10 en la es cala de Richter. Si ayer comentábamos la hermosa excitación que les sobrevino a los del Telediario de TVE, que sembraron nuestra salita de tiradores de élite con mira telescópica, coman dos anfibios, boinas verdes y nuestro humilde pisito, más que un domicilio, parecía la batalla de Dien-Bien-Phu a escala Air gam-Boy, anotemos hoy lo de la pasada madrugada en A-3 TV. También fue de matrícula de honor. Después de las Noticias de las 21.00 horas movieron toda la programación y salió nuestro admirado Ernesto Sáenz de Buruaga flanqueado por los generales de brigada José Luis Vega y Manuel Bretón, más el ministro plenipotenciario de la logística ocupacional, Mariano Rajoy. Un cuadro heroico y castrense a la vez, muy conseguido. Acodados a una gran mesa, conformaban todo un Estado Mayor; y Buruaga, espléndido en su cometido, le dijo a Rajoy con ese laconismo castrense tan virtuoso, tan parco, tan directo, tan nítido: «Vicepresidente, ¡enhorabuena!». ¡Ah! sólo le faltó añadir «¡a sus órdenes!» y cuadrarse allí mismo como un coronel de la división de telecomunicaciones. En fin, que fue una emocionante sesión informativa del desarrollo de la reconquista de una piedra llamada Perejil. Echamos en falta, eso sí, el detalle del teléfono rojo encima de la mesa, con hilo directo con la Moncloa. Por su parte, Carlos Dávila, a esa misma hora, le hacía en La 2 (El tercer grado) una entrevista a Ana Palacio, la nueva ministra de Exteriores. Le decía el periodista, con un punto de desasosiego muy comprensible: «Ministra, ¿y esos movimientos sospechosos que se han advertido en Chafarinas?, ¿eh?». ¡Ah!, más que una pregunta, parecía unas ganas de más cacao todavía. Lástima que no se retrasase la toma de Perejil 24 horitas: habría coincidido la reconquista con el 18 de julio.