8 junio 1991

La artista había pactado unas fotos con la revista del Grupo Zeta, pero unas fotos diferentes tomadas en esa misma sesión aparecieron publicadas por el periódico de Prensa Española

INTERVIÚ publica un posado desnudo de Marta Sánchez y esta les demanda por permitir que se filtraran fotos al periódico CLARO

Hechos

En junio de 1991 la revista INTERVIÚ publicó un desnudo pactado con Dña. Marta Sánchez López. Ese mismo día el diario CLARO publicó otras fotos, tomadas en esa misma sesión, pero que no habían sido autorizadas.

Lecturas

El número 788 de la revista Interviú del Grupo Zeta correspondiente a la semana del 10 al 16 de junio de 1991 llevaba en su portada a la artista Marta Sánchez López con el titular «¡Por fin, las votos más esperadas de España, Marta Sánchez totalmente desnuda!», dado que aquella cantante estaba en ese momento en lo más alto de su celebridad. Marta Sánchez había negociado que en aquella portada de Interviú apareciera desvestida, pero con un albornoz que tapara pechos y entrepierna en una sesión fotográfica que realizó el fotógrafo Sr. César Lucas.

Pero se produjo una filtración y el 6 de junio de 1991 el periódico sensacionalista Claro publica en su portada una foto de aquella sesión fotográfica que concedió la artista a Interviú en la que sí salen claramente tanto sus pechos como su entrepierna. La artista anuncia de inmediato que demandará tanto a Claro por publicar esa filtración, como a Interviú por no haber sido capaz de impedirlo.

El director de Interviú es Francisco Mora Martínez, y su negociador de posados Miguel Ángel Gordillo. En el caso del periódico Claro su director es Arsenio Escolar Ramos.

El origen discutido de aquella exclusiva

La controversia rodeaba ese episodio desde antes de la filtración de Claro. Marta Sánchez aseguraría que se vio obligada a conceder ese desnudo a Interviú porque la revista del Grupo Zeta se había hecho con unas «fotos robadas» tomadas por el paparazzi Sr. Pep Bosch durante unas vacaciones con Sterling Campell en El Caribe que, a juicio de la artista no la favorecían estéticamente. Y Marta Sánchez se vio obligada a negociar con Miguel Ángel Gordillo, el ‘negociador’ de Interviú, una sesión de fotos que sí la favorecieran estéticamente para que publicaran esas en lugar de las del Sr. Pep Bosch.

Interviú asegura que pagó a la artista 35 millones de pesetas a cambio del posado, con contrato. 20 millones en limpio y 15 millones en negro.

El 7 de febrero de 2009 Marta Sánchez coincidiría en un plató de televisión con un representante de la revista Interviú,  José Calabuig Castelló, en la que ambos confrontaron sus distintas versiones sobre aquel episodio.

07 Junio 1991

Marta Sánchez: desnuda para cobrar

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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El morbo nacional está servido y satisfecho. Con la publicación de las fotos de la cantante Marta Sánchez en cueros, un semanario que en etapas anteriores había afianzado su prestigio sobre una línea de investigación y de denuncia parece querer volver a las andadas de un tiempo en que la exhibición de desnudos era factor de liberación y de ruptura de determinados tabúes. Sorprende que a estas alturas de la película todavía haya publicaciones que consideren un éxito periodístico un striptease de papel. Y sorprende, no menos, que haya quienes se presten al juego de comerciar con la carne propia y la ajena. Porque tan morbosa como la exhibición de la cantante es la trastienda económica de las fotos. Cabe hablar aquí de presión sobre la cantante, que optó por posar desnuda en elaborada sesión de estudio a cambio de que no se publicara otro reportaje, obtenido por una agencia fotográfica, en el que ella aparecía poco favorecida junto a su novio y a otro hombre desnudo. La revista ha pagado 35 millones a la cantante y como colofón de la polémica denunciaba ayer al diario «Claro», por apropiación indebida de una de las fotos. El resultado de este trasiego comercial es una forma sui géneris de prostitución (en papel couché), que no hace sino alimentar el machismo recalcitrante que pervive en la sociedad.

08 Junio 1991

Marta Sánchez

Francisco Umbral

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Lo primero es declarar que a mí no me gusta Marta Sánchez. A mí Marta Sánchez me parece una criada mona e impersonal, o dotada de la personalidad colectiva y gremial de las criadas (nunca pasaré por esa hipocresía burguesa de «las empleadas del hogar»). Lo segundo es declarar que Marta Sánchez tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que le salga de los ovarios. A uno le gustan las mujeres boticellianas, y más aún las mujeres leonardescas, que es como suelen ser en bolas las señoras y señoritas de Serrano, o sea un cuerpo con mucho dibujo (de Leonardo toma Dalí, así como Picasso también tiende a la simplificación). A uno, ya digo, no le gusta especialmente Marta Sánchez, aunque con una glándula de la Olé hay para pasar un invierno, pero lo que a uno le encampana y le pone tarasca es que, ante los desnudos de Martita en «Interviú», se ha producido una reacción nacional (dejando aparte el provincianismo de los padres de la niña) de hipocresía, escándalo, frustración, condena y asco. Lo que hizo mal Marta Sánchez fue irse al Pérsico con Serra, poner cachondos y salidos a los pequeñitos y luego volver a España para acostarse con su novio. ¿Qué pretendía la Armada Española, una ola de masturbaciones en cadena entre la tripulación? Los chicos, que ya no son los quintos del 42, lo dijeron bien claro: «Mejor que esta señorita, por qué no nos han traído a nuestras novias».

El uso estimulante de la star en la guerra es un uso yanqui y represivo que no remedia nada, sino que suscita un maelstrom de masturbaciones y orquitis, con lo que duele eso, oyes, que uno ha tenido de todo. Así fueron vilmente explotadas Marilyn y la divina Rita Hayworth por la moral represiva americana, en Corea. El señor Serra, siguiendo el ejemplo de las películas que vimos todos en el cineforum de los jesuitas, les llevó a nuestros muchachos a Marta Sánchez, sin comprender que la moral natural ha cambiado y los chicos se acuestan hoy con sus chicas muy naturalmente, y no tienen por qué asistir al espectáculo de una muñeca hinchable de celuloide y plastiqué (es en lo que se ha convertido Marta) que, luego, sólo se vuelve real para su novio. Esta Abolición de los mitos se llama nada menos que democracia. Pero, aparte aquel viejo tema, lo cierto es que Martita ha convenido con una revista un reportaje por unos millones, y César Lucas, ese maestro, la ha convertido en una Marilyn de provincias. Ella cobra, la revista vende y nadie tiene nada que hacer aquí, y, menos que nadie, los mass que dan una punta de braga de vez en cuando, como al desgaire. La democracia principia por el cuerpo y cada quien tiene derecho a hacer con el suyo lo que le dé la gana, desde la prostitución femenina, masculina y travestí hasta el strip/tease en couché. Una cosa es que a los finos e intelectuales no nos guste Marta Sánchez, y otra que critiquemos a un medio, el más vendido de España, por recurrir al desnudo, que es el pan de millones de españoles.

Puritanismo de izquierdas se llama esa figura. Peor que el de derechas. Siempre le elogio a Luis María Ansón esas puntitas de braga de las tenistas, un vislumbre eucarístico, que saca con motivo de las competiciones y la Arancha. Cuando hemos sabido que Arancha dice «coño» cada vez que pierde una pelota, nuestra afición al tenis ha subido mucho. El puritanismo de izquierdas, corolario esencial de esta columna, es lo que queríamos criticar hoy. Echan por la tele «Españolas en París», con Ana Belén y Roberto Bodegas, y nos reímos de lo antiguos que eran, cuando se estaban jugando la vida. La democracia (y no sé si lo he dicho ya, que no me voy a releer la columna) principia por el propio cuerpo, con el que se puede hacer de todo, desde la prostitución al suicidio. Criticar a Marta Sánchez sigue siendo de derechas.

09 Junio 1991

Marta y sus millones

Almudena Grandes

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SE dice que éste es el país del machismo secular, pero yo no lo tengo tan claro -viajen ustedes por el norte de Europa y verán cómo allí la teoría es distinta, pero la praxis, esto es, las quejas que se formulan entre mujeres, en voz baja, les resulta insólitamente familiar-, aunque sí he llegado a la conclusión de que la sociedad española ha generado un modelo de machismo específico, propio, genuino. Y no estoy pensando en el toro que imprime su arrollador estigma de semental ya en la corteza física del país, ni en las canciones de El Fary, ni en los anuncios de detergentes que se multiplican como por esporas sobre las pantallas de televisión -en definitiva, todas ellas manifestaciones, más o menos arraigadas, de la cultura popular y por lo tanto estrictamente inocentes-, sino en la actitud y el pensamiento de las mujeres españolas. Porque son ellas, y no sólo los hombres, los que hacen tan rematadamente difícil ser una mujer en España. El desnudo de Marta Sánchez ha vuelto a poner de relieve esta peculiaridad sociológica nacional, tan nuestra como el jamón serrano. Porque resulta como mínimo inconcebible que un colectivo -el de las mujeres universitarias, profesionales- que se ha tragado hasta con apetito regalos tan emponzoñados como la ley del 25%, se siga desmayando a estas alturas porque una tía se desnuda a cambio de una pila de millones. Esto sí que no pasa en Suecia, ni en otros dudosos paraísos de semejantes latitudes. Y a mí que no soy nada sueca, me parece que Martita ha hecho muy bien -con la única excepción de esas farisaicas declaraciones en las que afirma que casi la obligaron a posar desnuda-, y allá ella, porque su cuerpo es suyo, ¿o es que las que se quemaron el sostén hace veinte años ya no se acuerdan? Que la chica sea tonta o lista no viene a cuento, porque de ninguna manera se trata de la única persona de inteligencia dudosa que maneja presupuestos millonarios en este país por el mero hecho de pertenecer al bello sexo, y al menos, en este caso los millones son suyos y bien suyos. Otras están de florero y ni siquiera ligan. Nadie rechista. En serio: si yo fuera hombre, tendría las manos desolladas de tanto frotármelas.

09 Diciembre 2002

Marta Sánchez: El chantaje que nunca existió

INTERVIÚ (Jefe de Compras: Miguel Ángel Gordillo)

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Una vez más, como viene ocurriendo desde hace once años, Marta Sánchez ha acusado de chantaje, en este caso en el suplemento dominical de EL PAÍS, a INTERVIÚ, a propósito del reportaje publicado en el número 788 de nuestra revista, en el que la cantante salía desnuda, posando y previo contrato. Decía:

“De lo de INTERVIÚ me arrepiento, primero porque disgusté muchísimo a mi padre, creo que eso es algo que nunca asimiló. Y segundo, porque me parecen una pandilla de sobornadores. Fue un chantaje lo que me hicieron. Me robaron unas fotos en una isla del Caribe y tenía miedo de que saliera algo que no me iba a gustar. Estos señores te llaman por teléfono y te dicen “¿Es usted Marta Sánchez? Somos de INTERVIÚ, tenemos en nuestro poder unos doce carretes en los que sale muy poco favorecida. Entonces me vendieron ese reportaje como algo mucho más oscuro de lo que era para que me asustara. En eso consiste un chantaje, en asustar al chantajeado”.

Marta Sánchez ha repetido estas frases en cuantos medios ha tenido ocasión, desde hace once años, y aún hay periodistas que las creen tan nuevas que las elevan a la categoría de texto destacado, aunque sepan que no son ciertas porque el mismo entrevistador concluye así el párrafo anterior:

“La cantante se sintió estafada y demandó a la revista, pero la justicia no le dio la razón”.

Si no la tiene ella, la tiene INTERVIÚ, a pesar de lo cual el texto continua así: “Aquel chantaje, sin embargo…”.

La realidad no tiene nada que ver con lo que cuenta Marta Sánchez. Ni nosotros la fotografiamos en el Caribe, ni la llamamos diciendo que teníamos unos carretes en los que salía muy poco favorecida, ni ella es tan confiada como para aceptar que existen unas fotos suyas y no exigir verlas antes de tomar cualquier decisión, ni nos plegamos a sus deseos de pagarle una importante cantidad ‘en negro’, es decir, dinero que no se declara a Hacienda. No es norma de esta revista contar la trastienda de ninguno de los miles de reportajes que hemos publicado a lo largo y ancho de 26 años de presencia en el mercado, pero en este caso, por primera y esperemos, última vez, vamos a hacer una excepción. Nos empuja a ello la larga, falsa e interesada argumentación de Marta Sánchez.

Los hechos: el 8 de mayo de 1991 el entonces director de INTERVIÚ, Francisco Mora, recibe una llamada de una mujer que responde al nombre de Carmen Santillana que quiere hablarnos de unas fotos de Marta Sánchez que quizá puedan interesarnos. Acordamos una cita para las seis de la tarde. Este mismo día hacia las 13 horas el representante de Marta Sánchez, Toni Caravaca, llamaba al subdirector y jefe de compras de la revista, Miguel Ángel Gordillo y le pregunta si le han ofrecido unas fotos de la ex Olé-Olé desnuda. Gordillo le responde que no, pero que a las seis el director tiene una entrevista que quizá tenga que ver con el asunto.

A las cinco de la tarde aparecen en la redacción de INTERVIÚ dos vendedores de una agencia que le ofrecen a Gordillo las fotos de Marta en el Caribe. Al Jefe de compras no le gusta el material, de muy escasa calidad, pero les pide tiempo para tomar una decisión en espera de lo que pueda ocurrir a las seis. Llega Carmen Santillana, que, en contra de lo que creíamos, no tiene foto alguna pero sí un mensaje: Marta Sánchez está muy preocupada por si la han fotografiado desnuda en el Caribe. Gordillo le pregunta por qué somos notros los destinatarios de esa preocupación y Santillana le responde que el entorno de Marta y ella misma consideran que INTERVIÚ es el destino natural de esas fotos. Añade Carmen Santillana que, en el caso de que eso ocurra, Marta estaría dispuesta a posar desnuda para la revista en un reportaje “realizado por profesionales de reconocido prestigio” y percibiendo la cantidad más alta pagada por un desnudo, incluyendo en la misma el precio que INTERVIÚ abonaría por el reportaje robado, que de este modo quedaba fuera de circulación.

El 16 de mayo se firma el contrato, rubricado por los abogados de ambas partes. Marta siempre ha dicho que cobró bastante menos de la mitad de lo que en realidad ingresó en su cuenta corriente: sencillamente a la cantidad total restaba y resta lo pagado por INTERVIÚ a la agencia que la fotografió en el Caribe y ese dinero en negro que no debía figurar en ningún sitio. Los responsables económicos de Grupo Zeta no admitieron esta última exigencia, por lo que en los correspondientes juicios se aportaron las certificaciones expedidas por el Banco Exterior de España y Caja Madrid por el abono del efectivo, así como la fotocopia del pago del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas que reflejaban las cantidades ingresadas en la Delegación de Hacienda de Barcelona.

El reportaje fue realizado por César Lucas, que recuerda una anécdota ocurrida mientras la cantante posaba de forma distendida en la suite de un hotel de Madrid: “Me preguntó si tenía hijos y le contesté que dos. Entonces, para mi sorpresa, me dijo: “¿Y saben que en estos momentos me estás fotografiando desnuda?”. “Sí, creo que sí”. “Pues no veas cómo te estarán envidiando”, al o que yo – fíjate, a estas alturas – no tuve más remedio que contestarle que mis hijos no me envidiaban, mis hijos me admiraban”.

Desde el mismo momento en que apareció el reportaje, Marta Sánchez inició una campaña de desprestigio contra INTERVIÚ que ha tenido varios capítulos judiciales. La cantante nos ha demandado por todo y en cantidades que necesitan de perito mercantil: 50 millones de pesetas por daño moral; una cantidad a determinar por el daño patrimonial que supuso el descuento de 15 millones que se pagaron a los paparazzi siguiendo sus instrucciones; 25 millones por otro daño moral provocado por el hecho de haber publicado en portada, “aunque en pequeño tamaño”, una foto anunciando un póster de la cantante… Pues bien: el Juzgado de Primera Instancia número 50 de Madrid nos absolvió y condenó en costas a Marta Sánchez. Recurrió la cantante y la sección undécima de la Audiencia Provincial de Madrid confirmó la resolución anterior y volvió a condenarle en costas. Por último, el recurso de casación que presentó ante el Tribunal Supremo fue desestimado, «imponiendo las costas a la parte recurrente”. O sea, que ha tenido que pagar de nuevo.

El departamento jurídico de INTERVIÚ ha emprendido las acciones judiciales oportunas contra doña Marta Sánchez por acusar a sus responsables, en EL PAÍS Semanal, de sobornadores y coaccionadores.

El Análisis

¿CHANTAJE?

JF Lamata

Mucho le ofende a INTERVIÚ y a Miguel Ángel Gordillo que se les pueda acusar de ‘chantajistas’. Abrase visto tamaña afrenta. Sacan el abanico y resoplan. ¿Acaso hay algún elemento en la revista INTERVIÚ, o en las maneras de su editor, Antonio Asensio Pizarro, a lo largo de toda su trayectoria que invite a pensar que han podido chantajear a alguien?

Pero aceptemos su argumento y retiremos la palabra ‘chantaje’. ¿Era cierto o no que llevaban meses y meses, por no decir años (1989-1990) pidiendo a Marta Sánchez que les concediera un desnudo y hasta ofreciéndole un cheque en blanco? Pero, oye, que casualidad, Marta Sánchez, que siempre se había negado, les concede el posado y lo hace justo cuando INTERVIÚ tenía las fotos robadas de El Caribe.

Marta Sánchez no será una santa, por intentar ocultar cobros en negro, y tratar de acusarles de incumplimiento de contrato para pillar más, pero ver a los directivos de INTERVIÚ, Gordillo y Asensio, pretendiendo presentarse como las víctimas inocentes de este episodio es demasiado incluso para ellos.

J. F. Lamata