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Fue fundador del diario EL PAÍS, su subdirector y considerado pieza clave del grupo de Jesús Polanco

El periodista Martín Prieto, antigua mano derecha de Juan Luis Cebrián, rompe por el Grupo PRISA y ficha por el Grupo Zeta

HECHOS

El 18.02.1988 el Grupo Zeta anunció que D. José Luis Martín Prieto ‘MP’ pasaría a ser columnista de la revista TIEMPO.

Subdirector de EL PAÍS practicamente desde su fundación como mano derecha de D. Juan Luis Cebrián, D. José Luis Martín Prieto estaba considerado como su mano derecha. En 1983 abandonó la redacción de EL PAÍS para pasar a ser corresponsal en Argentina, pero siguió manteniendo el rango de subdirector.

El 7 de febrero de 1988 el Grupo PRISA anunció el retorno del Sr. Martín Prieto a la redacción de EL PAÍS, desde el área de Opinión y siguiendo como subdirector.

Sin embargo y, por sorpresa, el 18 de febrero, tan sólo una semana después, el Grupo Zeta anunció el fichaje del Sr. Martín Prieto y, por tanto, su abandono del Grupo PRISA y de EL PAÍS. Pasará a ser columnista estrella de la revista TIEMPO.

Primera página

Juan Luis Cebrián

Antes del a citada reunión hablé con José Luis Martín Prieto, que había regresado de Buenos Aires después de una larga estadía como corresponsal, periodo en el que su domicilio rioplatense se convirtió en punto de referencia de cuantos españoles influyentes pasaban por la capital argentina. José Luis se casó durante su estancia allí en una ceremonia en la embajada en la que Felipe González, por poderes, y yo mismo fuimos padrinos/testigos del enlace. La amistad entre nosotros se me antojaba poco menos que fraternal y mi admiración por sus dotes literarias y su capacidad de observación era conocida de todos. Antes de citar la reunión en EL GLOBO hablé con él para rogarle que se hiciera cargo de su salvamento, lo que aceptó, e incluso me pidió que postergara la hora del encuentro porque le venía personalmente mejor. No se presentó. No era la primera vez que hacía una cosa semejante y, aunque su ausencia causó un considerable estrago, pues de hecho no pudimos tomar la principal resolución prevista ligada al mandato especial que esperábamos darle, procuré quitarle importancia. Pero la tenía. Días después, también en domingo, me solicitó que acudiera a la sede del periódico, porque quería contarme algo importante. Traté de explicarle que tenía un compromiso familiar y que prefería verle al día siguiente, pero la urgencia era grande y finalmente acudí al despacho. El importante tema que había de comunicarme era su inmediata marcha del periódico. La defección de José Luis, MP para los amigos, constituía una noticia importante para el equipo, aunque no tanto como él imaginaba. Me había acompañado en la singladura de EL PAÍS desde el principio, y ante en INFORMACIONES; incluso durante mi permanencia en PUEBLO me visitaba con regularidad para ofrecerme reportajes, siempre interesantes muchas veces relacionados con noticias militares o de armamento. MP era una institución en la casa, admirado y querido pese a su dipsomanía, cuando no repudiado por sus excentricidades, que ocultaban un sentimiento de inseguridad  casi infantil. Poseedor de un estilo literario inigualable, había sido el encargado de las crónicas del juicio contra los golpistas del 23-F, que se publicaron con ilustradiones de José Luis Verdes. Fue con Delkader y con Pradera, con Rafael Conte también durante algún tiempo, uno de los puntales del equipo. Su popularidad hizo que bautizaran con su nombre una especialidad de café que le gustaba y que todavía es solicitada por muchos en la redacción: un MP es un expreso doble con leche fría servido en vaso. Traté de disuadirle de su marcha o al menos de obtener una explicación que no fuera la que me daba: se sentía poco apreciado por mí, aunque yo no lo comprendiera. Su adiós fue terminante. Ya en la puerta, volvió el torso hacia donde me encontraba para despedirse con una frase que, conociéndole, supuse quería dejarla escupida para nuestra pequeña historia:

–        –  Juan, te aseguro que digan lo que te digan en el futuro, nunca me subiré a un tren que trate de arrollarte.

Desde entonces no ha dejado de encaramarse a cuantas locomotoras buscaron mi atropello.

El Análisis

¿AIREAR LAS RUPTURAS DE TU COMPETIDOR?

JF Lamata

Sin duda si se trata de poner nota a los periodistas que más han insultado al director de EL PAÍS, D. Juan Luis Cebrián, el que durante muchos años fue su mano derecha, D. José Luis Martín Prieto, no sacaría mala nota. En sus columnas en DIARIO16 o en sus comentarios en ONDA CERO contra su ex jefe – al que presentaba como ‘consejero de un banco’ y no como periodista – se leían o escuchaban cosas como “cobarde”, “vive con negociajos de la infinitesimal mujer que le soporta por dinero”, “dirigió un periódico que no sabía ni cerrar’, ‘despreció a todo el mundo’, ‘tonto pitiminí con ínfulas británicas’, ‘siempre arrea y esconde la mano’, ‘tiene la mano derecha un poco floja de tanto censurar’, ‘fascista censor profesional’…

El director de ABC, D. Luis María Anson, no tenía inconveniente en reproducir las andanadas del Sr. Martín Prieto con titulares como ‘Martín Prieto da un baño a Cebrián’. Cuando el Sr. Martín Prieto rompió con el Sr. Cebrián en 1988, tampoco al Sr. Anson le faltó tiempo para airear en las páginas de su periódico aquella ruptura empresarial. Ese mismo año, se producía la ruptura en ABC entre D. Luis María Anson y D. Darío Valcárcel, que abandonaba todos sus puestos en Prensa Española incluyendo el de subdirector ABC. El Sr. Valcárcel había sido ‘el hombre fuerte’ en ABC entre 1980 y enero de 1983, hasta la llegada del Sr. Anson, que le dejó en un papel secundario durante el siguiente lustro. Cuando en una ocasión pregunté al Sr. Valcárcel por esa ruptura se limitó a comentarme que consideraba al Sr. Anson como ‘un manipulador profesional’. Pero a diferencia de lo que hizo ABC con el tema Cebrián-Martin Prieto, EL PAÍS no aireó la ruptura Anson-Valcárcel.

J. F. Lamata

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