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Ricardo de la Cierva desmiente al columnista del Grupo PRISA

Miguel Ángel Aguilar acusa de Aznar de escorarse a la derecha por colocar a Ricardo de la Cierva en la Escuela Diplomática

HECHOS

El 1.02.2000 D. Miguel Ángel Aguilar publicó el artículo El arte del bien aproximar

01 Febrero 2000

El arte de bien aproximar

Miguel Ángel Aguilar

Las conversaciones entabladas por el Partido Socialista e Izquierda Unida en torno a las elecciones generales del 12 de marzo habrían podido tener el efecto de abandono de una porción del territorio del centro a favor del Partido Popular, pero, para sorpresa de los observadores, José María Aznar y los aznaristas han rehusado esa ventaja optando por replegarse, a su vez, hacia posiciones de la más dura derecha mediante el recurso a un lenguaje frontero al guerracivilismo y la entrega de un depósito de confianza sobre personas identificadas con las banderas victoriosas del 39. Así ha sido, por ejemplo, en la Escuela Diplomática, cuya dirección ocupa el compañero de la Carrera José María Velo de Antelo. Cuentan que una de sus decisiones iniciales fue la designación de Ricardo de la Cierva como profesor de Historia Contemporánea de España. Inmediatamente, la biblioteca del centro hubo de adquirir todas las obras de tan prolífico autor, lo que exigió la instalación de estanterías supletorias.Además de sus cuidadas lecciones, el citado profesor invita a esa tribuna de la Escuela a otros supuestos colegas, como sucedió el pasado día 27, fecha de la conmemoración del holocausto. Los alumnos, ese día, quedaron atónitos cuando accedió al estrado un soi-disant historiador José Luis Beceiro García, autor al parecer de un libro titulado Mentira Histórica Desvelada, quien dedicó su disertación a impugnar el holocausto, del que dijo que, en todo caso, «sólo causó la eliminación de un millón de personas». Aceptésenos que se trata de una manera por lo menos singular de sumarse a la citada conmemoración, que se ha celebrado en todo el mundo.

Pero, prolongando su audacia y para acercarse más a la actualidad de la fecha, el citado Beceiro aprovechó que esa misma tarde se anunciaba la presentación del libro Saber quién puso fuego ahí. Masacre en la Embajada de España, donde Máximo Cajal cuenta el allanamiento y quema de nuestra legación en Guatemala con el resultado de 39 muertos, hace ahora exactamente 20 años por las fuerzas del general Fernando Romeo Lucas García, a la sazón presidente de la República. Entonces, el infame Beceiro, pensando ironizar, aludió a ese embajador español, que consiguió salir con vida de la masacre. Lo definió como un especialista en los 100 metros.

Llegados aquí, queremos ver sin excusa ni pretexto al ministro de Exteriores, Abel Matutes, porque de lo que ahora resuelva resultará la convalidación de la infamia o la demostración de los mínimos exigibles de gallardía en la defensa de quien tuvo siempre una alta idea de su misión y se empeñó, sin importarle los riesgos, en la defensa de sus conciudadanos allí amenazados. Estaría bueno que Máximo Cajal, como Primo Levi, fuera culpable por ser superviviente o padeciera la angustia de de no ser creíble por haber sobrevivido, según refiere Jorge Semprún en Aquel domingo, ahora reeditado por Tusquets.

Pero volvamos a la campaña electoral desde otra perspectiva. La que ofrece el discurso de ingreso en la Academia de Ciencias del profesor Antonio Hernando, dedicado al magnetismo, materia que tan cerca está de la política. La recepción del nuevo corporativo se celebró el miércoles 26 y en el salón de sesiones se puso el cartel de «no hay billetes». La ciencia tuvo aquella tarde una decidida ambientación social. Y Hernando se remontó al Nobel Phil Anderson para resaltar que los cálculos ab initio permiten, a lo sumo, reproducir la naturaleza sin ayudar muchas veces a comprenderla.

Para el nuevo académico, «la experimentación que progresivamente incrementa su resolución llegando a escalas atómicas y nucleares, junto al arte de bien aproximar, guiado por la conjetura probable, constituyen, desde la experiencia histórica, los elementos básicos responsables del desarrollo de la Física del Estado Sólido». Luego coincide con el profesor Rojo en que «el revestimiento del rigor viene por lo común después del acto creativo». Quien medite lo anterior y profundice en el estudio detallado del magnetismo de los átomos de frontera podrá algún día facilitar la comprensión del magnetismo del hierro y, desde luego, el comportamiento del cuerpo electoral. Continuará.

03 Febrero 2000

Asombro

Ricardo de la Cierva

Con el habitual asombro he visto el artículo publicado el 1 de febrero por don Miguel Ángel Aguilar con el título El arte de bien aproximar en que se me menciona indebidamente. Dice el señor Aguilar que he sido designado profesor de Historia Contemporánea de España en la Escuela Diplomática. Pero resulta que soy catedrático de universidad de esa asignatura y que mi nombramiento para esa cátedra en la escuela no es de ahora, sino del año 1972, ahora se me ha encargado un breve curso de Historia de España (no sólo contemporánea) en el curso general de Relaciones Internacionales. Con la fina ironía que le caracteriza, dice el señor Aguilar que la biblioteca ha tenido que encargar estanterías supletorias para mis libros, pero varios de mis libros estaban ya allí desde los años setenta y ochenta. Dice, con falsedad comprobable, que invité a determinado profesor a una conferencia sobre el holocausto, pero en mis atribuciones no entra cursar invitaciones a profesor alguno, y además mis opiniones sobre el holocausto están muy claras en mi libro de 1989 El tercer templo (Ed. Planeta) donde no figura la cifra de víctimas apuntada por el señor Aguilar. No se por qué me relaciona con la política del señor Aznar cuando desde 1984 no pertenezco a partido político alguno. Y me permito felicitar al señor Aguilar por su brillante defensa de la libertad de cátedra, consagrada en el artículo 20 c) de la Constitución, en cuya elaboración él no intervino y yo, sí.

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