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Miguel de la Madrid se convierte en el nuevo Presidente de México dentro del régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI)

HECHOS

En julio de 1982 Miguel de la Madrid fue designado candidato del PRI a la presidencia del Gobierno, aunque no tomará posesión hasta diciembre.

06 Julio 1982

El 'tapado', presidente

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

EL RITO electoral mexicano se ha cumplido una vez más. Gobierna el país, desde 1928, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que ha dado hasta ahora catorce presidentes de la República y las suficientes mayorías abrumadoras en el Congreso (Senado y Cámara) como para hacer su larga voluntad. A los presidentes los designa el partido por cooptación: los candidatos a tapados van surgiendo en el período presidencial de seis años, y, poco más o menos un año antes de las elecciones, el aspirante finalmente elegido queda destapado. Es el nombre de quien, indefectiblemente, será elegido en la votación popular. No ha fallado la predestinación en este rito que se cumplió.el domingo. El candidato del PRI juega con los enormes recursos del Estado y tiene a su disposición una amplia y eficaz red caciquil para hacer inevitable su elección.Cuando se conozcan los resultados definitivos (oficialmente, ocho días después de la votación) se verá si ha habido alguna sorpresa, que no puede ir más allá de lo que supongan las variaciones de votos para los otros partidos -el más importante, a la izquierda, el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), nueva formación integrada por el partido comunista y otros grupos subalternos-. La circunstancia de que el sistema mayoritario por distritos uninominales sea corregido mediante la representación proporcional de los restos permitirá a la oposición, aun quedando abrumadoramente por debajo de los sufragios populares en favor del PRI, disponer de escaños en el Senado y en la parte de la Cámara que se renueva.

El PRI es el sueño dorado de numerosos gobernantes de este mundo. En las postrimerías del franquismo y los comienzos de la Monarquía hubo políticos del anterior régimen que aspiraron a la importación, ligeramente disfrazada y modernizada, del modelo mexicano. Sin embargo, no es tan sencillo conseguir la imitación del PRI en otros ámbitos históricos y sociales. Es y no es un partido único; forma un bloque, pero dentro de ese bloque caben tendencias muy diversas, de la derecha a la izquierda, y se hacen presentes muy distintos intereses, desde sectores empresariales hasta el corrupto sindicalismo de Fidel Velázquez, pasando por una clase política que ha convertido el presupuesto en una fuente de enriquecimiento ilimitado. La diferencia entre un presidente y otro es, a veces, muy notable, pero existe la generalizada impresión de que los cambios de rumbo del sucesor son buscados y previstos por el presidente saliente que lo designa. La designación del tapado es consecuencia del predominio de una de las corrientes dentro del PRI y de su adecuación al momento. Una vez elegido nuevo presidente, que dispone de poderes casi equivalentes a los de un dictador y muy superiores a los normales en un sistema democrático, el partido forma un bloque durante los seis años de su mandato, aunque continúe la lucha subterránea por la presidencia siguiente. Aprender del PRI la permanencia y el perpetuo reparto de puestos,y bienes es fácil en teoría; pero conocer su mecanismo interno no lo es tanto, ya que el modelo necesita, para funcionar, una experiencia histórica tan traumática como la revolución mexicana, el factor de aglutinación nacionalista que significan los 3.000 kilómetros de frontera con Estados Unidos, una refinada cultura política de la clase dirigente, la generalizada aceptación de la corrupción como lubricante para la buena marcha del sistema y un vasto sector público que convierte al Estado en el primer empresario de la nación.

Miguel de la Madrid ha hecho declaraciones también rituales. Ha mencionado en ellas la palabra revolución -que está naturalmente fosilizada, pero a cuyo nombre, que forma parte del del partido, hay que rendir tributo-. Ha anunciado la rutinaria lucha contra la corrupción y el consabido anuncio de que hace públicos sus bienes de fortuna y los de su familia, para rendir cuentas al final de su período; ha tocado los temas de actualidad (descentralización de la capital, ahogada por la afluencia de quienes huyen de la pobreza del campo para encontrar la pobreza urbana; revalorización del petróleo y otros yacimientos; reforma agraria; contención de la inflación y de la deuda exterior, etcétera) y ha hecho, a los periodistas españoles que le felicitaban, promesas de profundización en las relaciones entre los dos países. En política exterior, De La Madrid se propone continuar los esfuerzos de López Portillo por apaciguar las tensiones entre Estados Unidos y los países centroamericanos y preservar la relativa autonomía de la política internacional mexicana, que ha permitido siempre a los sucesivos presidentes del PRI acallar los escándalos de sus estrategias interiores represivas mediante una diplomacia progresista en América Latina.

La personalidad del nuevo presidente sólo podrá ser conocida cuando tome posesión de su mandato. No va a serle fácil, en cualquier caso, mantener las líneas de inmovilidad tradicionales en política interior. México atraviesa una grave crisis como consecuencia de los acelerados y espectaculares cambios sociales inducidos por su reciente acceso a la riqueza petrolera, que se producen sobre el telón de fondo de una economía dual, de una población rural progresivamente empobrecida, de una inflación desbordada, de las elevadas tasas de crecimiento demográfico, del hacinamiento de la capital, de los desajustes de la devaluación del peso, del estancamiento del mercado internacional de crudos, de una elevado deuda externa y de la incapacidad del sector público para satisfacer crecientes y contradictorias demandas sociales. En política exterior, López Portillo ha actuado inteligentemente al elaborar planes de pacificación para Centroamérica, y cuidadosamente al apoyar a Argentina en sus reivindicaciones sobre las Malvinas. Pero esas actitudes en el plano internacional no pueden ocultar los gravísimos problemas con que se enfrenta un país escindido por la desigualdad en el reparto de las riquezas. En 1968 el movimiento estudiantil de protesta fue ferozmente reprimido por el presidente Díaz Ordaz, y dio lugar a la trágica matanza de la plaza de las Tres Culturas. El espíritu de esa revolución -nada institucional- no se ha desvanecido, y existen síntomas de que los volcanes apagados próximos a México DF pueden entrar simbólicamente en erupción en los próximos años si la política de reformas iniciada hace casi cincuenta años por Lázaro Cárdenas no es reasumida en los ochenta.

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