4 enero 1976

Lideró 'la larga marcha' de los comunistas chinos, llegó a apoyar a los aperturistas Liu Shaoqi y Deng Xiapoing en los años 60, para volverse al lado de Mao durante la 'revolución cultural'

Muere Chou Enlai, primer ministro y la figura más importante después de Mao de la dictadura comunista en China

Hechos

El 8.01.1976 murió Chou Enlai (Zhou).

Lecturas

En 1972 Nixon visitó a China siendo recibido por Zhou Enlai. 

El primer ministro de la República Popular China, Chou Enlai (Chou En-lai) ha muerto este 8 de enero de 1976 en Pekín, tenía 78 años y constituía un elemento moderador entre los guardias rojos y los grupos más conservadores del régimen.

Nacido en el seno de una familia de mandarines, Chou gozó de una esmerada educación y estudio de Japón, Francia, Inglaterra y Alemania.

Pese a su origen, ya en 1924 era uno de los máximos dirigentes del Partido Comunista, y se convirtió en instructor político de la academia militar de Huang-pu, de la que surgieron los oficiales que dirigirán la revolución.

De esa época data un episodio poco conocido de su vida: antes de acompañar a las tropas de Mao en la gesta de la Larga Marcha, Chou se curó radicalmente de su afición al opio, común entre los miembros de la clase social de la que había surgido. Para ello se encerró durante un mes en un pequeño barco con la sola compañía de uno de los sirvientes de su familia.

En 1936 como vicepresidente del Comité Militar Revolucionario pactó con Chiang-Kai-Chek la unidad de acción contra el invasor japonés.

En 1945 era miembro del politburó del Partido Comunista y uno de los líderes carismáticos del movimiento revolucionario que acabaría de imponerse en 1948 proclamando la República Popular China.

Se convirtió en primer ministro y desde ese cargo asistió a la gestación y el estallido de la ‘revolución cultural proletaria’; los Guardias Rojos le respetaron a él (al contario que a Liu Shaoki o a Deng Xiaoping) porque resultaba imposible disociar la imagen de Chou de la del sagrado dictador Mao Zedong.

El gobierno de Mao ha decretado duelo nacional.

CAMPAÑA DE MAO CONTRA DENG XIAOPING

Mao_Zedong_viejo DengXiaopin2

Tras la muerte de Chou Enlai, el Viceprimer ministro Deng Xiaoping era el mejor situado para reemplazarle como jefe de Gobierno, pero la oposición frontal de Mao lo impidió quedando el puesto en manos de Hua Kuo Feng (Hua Guofeng) y defenestrando a Deng.

El Análisis

Zhou Enlai: el eterno número dos del poder chino

JF Lamata

Ha muerto Zhou Enlai, primer ministro de la República Popular China desde su fundación en 1949, figura clave de la revolución, diplomático hábil, sobreviviente imperturbable de las purgas, y símbolo de la continuidad del régimen maoísta. Con él se va uno de los rostros más conocidos del comunismo chino, no por gritar más fuerte, sino por saber mantenerse en pie entre tormentas que derribaron a todos menos a Mao. Zhou fue muchas veces la cara amable del régimen, el interlocutor pragmático frente al mundo, el hombre que recibió a Nixon en su histórica visita, el cerebro detrás de la diplomacia del “ping-pong”, y el rostro institucional que disimulaba, con compostura, los excesos del maoísmo. Pero que nadie se engañe: fue también un actor central del sistema, un constructor leal de una dictadura responsable de millones de víctimas.

Su fidelidad a Mao fue inquebrantable desde los tiempos de la Larga Marcha, lo que lo mantuvo a salvo cuando otros cayeron. Cuando el presidente cedió temporalmente el poder a los reformistas Liu Shaoqi y Deng Xiaoping en los años 50, Zhou se alineó con ellos, apostando por la recuperación económica del país tras los desastres del “Gran Salto Adelante”. Pero cuando Mao decidió desatar la “Revolución Cultural”, Zhou supo hacerse pequeño. No estorbó a los Guardias Rojos. No defendió con firmeza a sus antiguos aliados, y dejó caer a Liu en desgracia y a Deng en el ostracismo. Incluso colaboró con la purga contra Lin Piao, el radical que quiso suplantar a Mao, y en el proceso volvió a situarse como imprescindible. Zhou era, en el fondo, el rostro del equilibrio interno. Nadie confiaba más en él que Mao, incluso cuando ya no le daba la razón. Y esa confianza le permitió, en sus últimos años, una última jugada: rehabilitar a Deng Xiaoping como viceprimer ministro. Mao, enfermo y aislado, no pudo frenarlo. Pero sí le impidió ir más lejos. Con la muerte de Zhou, el camino a la sucesión volvió a quedar bloqueado para Deng, y fue el gris Hua Guofeng quien heredó formalmente el cargo de primer ministro, con el visto bueno de un Mao que aún anciano, mueve los hilos.

Zhou Enlai fue sin duda un hombre de talento y pragmatismo. Pero fue también, ante todo, un hombre del sistema. Si alguna vez dudó, calló. Si alguna vez disintió, lo disimuló. Gobernó, sí. Pero nunca mandó. El número dos perfecto, hasta el final.