21 febrero 1972
Apenas han pasado cuatro meses desde que el país fue admitido al fin en la ONU
El presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, visita oficialmente la República Popular China y mantiene un encuentro con su dictador, Mao Zedong
Hechos
El 21 de febrero de 1972 el presidente de EEUU, Richard Nixon, visitó oficialmente la República Popular China.
Lecturas
La ONU fue admitida en China en 1971.
En abril de 1971 China invitó a la selección nacional de tenis de mesa estadounidense y a las de otros cuatro países. Al poco tiempo el equipo de Estados Unidos viajó a la República Popular China para celebrar un torneo amistoso y fue recibido por el primer ministro Chou Enlai. Había nacido la diplomacia del ‘Ping-Pong’.
En enero de 1976 morirá Zhou Enlai.
El Análisis
Lo que hace unos años habría parecido un capítulo de realismo mágico, hoy se da en carne y hueso: el presidente Richard Nixon, el mismo que hizo carrera denunciando a comunistas hasta debajo del sofá, ha cruzado el telón oriental y ha estrechado la mano del mismísimo Mao Zedong, profeta supremo del comunismo chino y líder casi divino de una revolución que aún colea con puño cerrado. Pekín, hasta hace nada excluida de la ONU y tachada de paria global, se convierte así en anfitriona de uno de los encuentros diplomáticos más simbólicos de la Guerra Fría. No hace tanto, la China Popular era «la amenaza roja»; hoy, al menos por unos días, es un posible socio de conveniencia.
La diplomacia del ‘Ping-Pong’ ha demostrado que la geopolítica no siempre se juega con tanques y tratados, a veces basta una pelota de celuloide. Pero detrás del folklore y las sonrisas, hay cálculo. Nixon no vino aquí a probar el té de jazmín: vino a mandar un mensaje, alto y claro, al Kremlin. La división entre Moscú y Pekín no es nueva, pero ahora Washington quiere agitarla, abriendo un flanco incómodo a Brezhnev y demostrando que Estados Unidos puede hablar con quien quiera, incluso con un régimen autoritario que hasta ayer acusaba de genocida.
Este gesto de «realpolitik» no blanquea el historial de Mao, cuya Revolución Cultural aún tiene las manos manchadas, pero tampoco puede ignorarse que hoy por hoy gobierna al país más poblado del mundo. Puede que Pekín no haya cambiado, pero Washington sí lo ha hecho. Y en plena Guerra Fría, todo vale… incluso darle la mano al enemigo si con ello se pone nervioso a otro.
J. F. Lamata