27 octubre 1971

Éxito diplomático de la dictadura de maoista y de la albanesa de Enver Hoxha

La República Popular China es admitida en la ONU al tiempo que la República Nacionalista de China (Taiwán) es excluida

Hechos

A propuesta de Albania la República Popular China fue aceptada como miembro de la ONU en lugar de Taiwán por 76 votos a favor (entre ellos la Unión Soviética), 35 en contra (entre ellos Estados Unidos) y 17 abstenciones (entre ellos España)

Lecturas

La comunista República Popular China de Mao había sido proclamada en 1947, y sin embargo la ONU se había negado a reconocerla, y seguía reconociendo como gobierno legal de China al de Formosa.

Así votaron las naciones en la Organización de Naciones Unidas (ONU):

  • A FAVOR: Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (Dictadura Comunista), Afganistán (Dictadura), Albania (Dictadura comunista), Argelia (Dictadura comunista), Austria (Democracia), Bélgica (Monarquía Parlamentaria), Bhutan, Botwwana, Bulgaria (Dictadura Comunista), Birmania, Burundi, Bielorrusia (Dictadura Comunista), Camerún, Canadá (Democracia), Ceylán, Chile (Democracia), Cuba (Dictadura Comunista), Checoslovaquia (Dictadura Comunista), Dinamarca, Ecuador, Egipto (Dictadura socialista árabe), Guinea Ecuatorial, Etiopía, Finlandia, Francia (Democracia), Ghana, Guinea, Guyana, Hungria (Dictadura Comunista), Islandia, India, Irán, Irak, México (Régimen del PRI), Mongolia (Dictadura Comunista), Marruecos, Nepal, Holanda, Nigeria, Noruega, Pakistán, Yemen del Norte (Dictadura Comunista), Yemen del Sur, Congo (Brazzaville), Perú, Polonia (Dictadura Comunista), Portugal (Dictadura Militar), Rumanía (Dictadura Comunista), Ruanda, Senegal, Sierra Leona, Singapur, Somalia (Dictadura Comunista), Sudán, Suecia, Siria, Togo, Trinidad-Tobago, Túnez, Turquía, Uganda (Dictadura), Ucrania (Dictadura Comunista), Reino Unido (Democracia), Tanzania, Yugoslavia (Dictadura Comunista) y Zambia.
  • EN CONTRA: Estados Unidos de América (Democracia), Japón (Monarquía Parlamentaria), Australia (Democracia), Bolivia, Brasil, República Centro Africana (Democracia), Chad, Congo (Kinshasa), Costa Rica, Dahomey, República Dominicana, El Salvador, Gabón, Gambia, Guatemala, Haití, Honduras, Costa de Marfil, Camboya, Lesotho, Liberia, Madagascar, Malawi, Malta, Nueva Zelanda, Nicaragua (Democracia)), Niger, Paraguay, Filipinas, Arabia Saudí, Sudáfrica (Régimen del Apartheid racista), Suazalandia, Alto Volta, Uruguay y Vnezuela.
  • ABSTENCIONES: España (Dictadura Militar), Argentina, Bahrein, Barbados, Colombia, Chipre, Fiji, Grecia, Indonesia, Jamaica, Jordania, Líbano, Luxemburgo, Mauricio, Panamá, Qatar y Thailandia.
  • AUSENTES: Maldivas, Omán y la China nacionalista que se decantó por no participar en una votación en la que se pedía su expulsión.

LA OPINIÓN DE TORCUATO LUCA DE TENA BRUNET

«La Política internacional gira a babor. La repercusión mundial del ingreso de China roja en las Naciones Unidas ha sido profunda y significativa. No podía seguir ignorándose la existencia de la China continental y, desde ese punto de vista, el reconocimiento del Gobierno de Pekín contribuiría a unas relaciones internacionales de mayor normalidad. Pero conviene no olvidar tampoco que Mao Tse Tung, el cual llegó a la ONU después de 22 largos años de espera, ejerce sobre 800 millones de chinos una de las dictaduras totalitarias más implacables que recuerda la historia universal» (D. Torcuato Luca de Tena, ABC, 27-20-1971).

En febrero de 1972 se produjo la cumbre Mao-Nixon. 

El mayor derrotado, Chiang de Taiwán, morirá en 1975

El Análisis

China entra por fin en la ONU… y Taiwán sale por la puerta de atrás

JF Lamata

Se ha terminado, al fin, uno de los mayores ejercicios de ficción diplomática del siglo XX: la Asamblea General de las Naciones Unidas ha reconocido como legítimo representante de China al régimen de Pekín, y no al Gobierno exiliado de Chiang Kai-shek en la isla de Taiwán. Un gesto que no legitima el maoísmo, ni borra sus crímenes, pero que al menos pone fin al absurdo de que una isla de 20 millones de habitantes hablara en nombre de más de 800 millones de chinos.

La propuesta, curiosamente, vino de la pequeña Albania de Enver Hoxha —más estalinista que Stalin—, que tras romper con Moscú encontró en Mao a su nuevo faro revolucionario. A la iniciativa se sumó sin dudarlo todo el bloque comunista y buena parte del mundo no alineado, con democracias occidentales como Francia, Reino Unido o Canadá votando también a favor. Estados Unidos, Japón y otros 34 países votaron en contra, pero lo que sorprende no es eso, sino lo que no hicieron: vetarlo. Una abstención encubierta, quizá, en un movimiento que parece llevar la firma invisible de Henry Kissinger, que justo en estos días merodea discretamente entre Pekín y Washington preparando el histórico deshielo entre Nixon y Mao.

Al final, el argumento moral de no admitir a China por el carácter despótico de su régimen ya no convencía a nadie, sobre todo cuando media ONU está formada por dictaduras igual de feroces. La entrada de Pekín, además, trae consigo un cambio geopolítico mayúsculo: China se sienta desde hoy en el Consejo de Seguridad con derecho a veto. Un asiento permanente en la mesa del poder mundial para un régimen que, hasta hace poco, alentaba a los pueblos a alzarse contra el «imperialismo burgués occidental». Las vueltas que da la diplomacia.

J. F. Lamata