22 mayo 2012
Muere el abogado Ángel López Montero, que pasó de militar en partidos liberales y socialistas a ser estigmatizado como defensor de ultraderechistas durante la Transición
Hechos
El 22 de mayo de 2012 se conoció la muerte de D. Ángel López Montero.
Lecturas
Ángel López Montero (Madrid, 1935) fue el abogado que se hizo célebre en toda España en mayo de 1982 al asumir, con plúmbeo y grandilocuente estilo, la defensa de Antonio Tejero, el teniente coronel de la Guardia Civil que el 23 de febrero anterior había puesto en vilo al país al tomar por asalto el Congreso de los Diputados. Antes de Tejero, López Montero, fallecido el pasado sábado, había defendido, entre otros casos notorios, al grupo de 10 funcionarios de la cárcel madrileña de Carabanchel que torturó hasta la muerte al preso anarquista Agustín Rueda en 1978, siete de los cuales, entre ellos el director de la prisión, fueron condenados a penas de entre 6 y 10 años; a policías expedientados por ventilar opiniones progolpistas; o a uno de los funcionarios procesados por la muerte del presunto miembro de ETA José Ignacio Arregui, fallecido en el hospital de la cárcel de Carabanchel tras nueve días de interrogatorios policiales.
Después del juicio por el 23-F, López Montero se encargó en 1989 de la defensa de Ricardo Sáenz de Ynestrillas, procesado por el asesinato del diputado electo de HB Josu Muguruza (Sáenz de Ynestrillas resultó absuelto cuando el policía Ángel Duce se declaró único culpable de la muerte de Muguruza) y, ocho años más tarde, se hizo cargo de la del excabo de la Guardia Civil Felipe Bayo Leal, que acabó siendo condenado a 71 años de cárcel por el secuestro, tortura y asesinato de los presuntos miembros de ETA José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala. Bayo renunció al abogado Jorge Argote, encausado por los mismos hechos, y recurrió a López Montero cuando decidió basar su estrategia de defensa en la delación de otros implicados en el caso. El defensor de Tejero fue también uno de los primeros abogados sondeados por representantes de Pinochet cuando el juez Garzón abrió un procedimiento contra el exdictador chileno por genocidio, terrorismo y torturas.
Los primeros pasos en política del fallecido abogado no permitían presagiar tan intensa dedicación a las causas de la ultraderecha más montaraz y de los funcionarios del orden más descarriados. En los primeros tiempos de la Transición, López Montero militó en el muy marxista Partido Socialista Popular (PSP) de Enrique Tierno Galván, que abandonó años más tarde para fundar el escueto Partido Liberal Español, con el que concurrió a las elecciones a la alcaldía de Madrid de abril de 1979, cuyos resultados impugnó —infructuosamente— porque un error en la impresión de las papeletas había perjudicado las “posibilidades democráticas” del partido.
09 Junio 2012
En misa con Antonio Tejero
Eran las 19.22 horas del pasado jueves y el párroco de la basílica de Nuestra Señora de Atocha se dirigió a los feligreses que llenaban la iglesia y les dijo: «Daos la paz». Y de repente, él se dio la vuelta, me ofreció su mano -fuerte y grande-, apretó la mía y, mirándome a los ojos, me dijo: «La paz sea contigo». Esa mano, esa voz, esa figura, ese bigote eran y son los de un hombre que hace 31 años, tres meses y 13 días empuñó una pistola y entró en el Congreso gritando: «¡Quieto todo el mundo! […] ¡Se sienten, coño!».
Sí, era él, Antonio Tejero, ex teniente coronel de la Guardia Civil, acompañado de su mujer, Carmen Díez, quien también me dio y me ofreció la paz. Después, Tejero se arrodilló, rezó y comulgó por Ángel López-Montero, el abogado que, tras el intento de golpe de Estado del 23-F de 1981, se hizo cargo de su defensa.
López-Montero, Ángel para los amigos, falleció el pasado 19 de mayo en el hospital Clínico de Madrid. El letrado madrileño estuvo durante tres meses ingresado en la UCI. Y durante todo ese tiempo Antonio Tejero no se pasó a visitar a su ex abogado y supuesto amigo. El ex teniente coronel de la Guardia Civil tampoco estuvo presente en el entierro del letrado.
Tejero, que es católico practicante, ya repitió la escena del pasado jueves horas antes del golpe del 23-F. El ex teniente coronel de la Guardia Civil se lo contó a su abogado, Ángel López-Montero, y el letrado al periodista: «Aquella mañana, a las 8.00 horas, Tejero entró en una iglesia cercana a su casa, en la madrileña calle de Guzmán El Bueno, y vestido de militar y con el tricornio en la mano, habló con el Cristo que presidía el altar y le dijo: ‘Dios mío, hoy va a ser un día muy difícil’».
López-Montero también me reveló que Tejero dudaba de aquella acción y se encomendó al Cristo, que estaba flanqueado por seis velones, y le solicitó una señal divina para saber si la acción tendría un final feliz: «Si consideras que algo va a salir mal, házmelo ver». Cuando Tejero, tras rezar un padrenuestro, levantó su cabeza y se dirigió de nuevo al Cristo, observó que uno de los velones se había apagado.
La basílica de Nuestra Señora de Atocha congregó el pasado jueves a los amigos y conocidos de quien fue miembro de la Real Academia de la Jurisprudencia y Legislación, y a algunos de sus antiguos clientes. Allí también estaba, ente otros, Ricardo Saénz de Ynestrillas, que salió absuelto en el juicio que se siguió contra él por el atentado que cometieron un grupo de policías el 20-N de 1989 contra el diputado de Herri Batasuna Josu Muguruza.
Saénz de Ynestrillas saludó al ex teniente coronel de la Guardia Civil, de manera efusiva y agarrándolo por el brazo, cuando Tejero volvía a su sitio después de comulgar. Ynestrillas también comulgó.
Después, cuando la misa por el recuerdo de Ángel López-Montero había acabado y los presentes dieron el correspondiente pésame a la viuda y los hijos, el ex teniente coronel comenzó a convertirse en el foco de atención de todos los presentes.
Saludos y más saludos. Todos le preguntaban por sus cuadros, por su pintura. Y entonces pedí a uno de los hijos de López Montero que me presentara a aquel hombre que un 23-F empuño una pistola y obligó a los diputados a tirarse al suelo: «Antonio Rubio, un buen amigo de mi padre». Tejero, educado, me volvió a dar la mano. Y, mientras yo retenía esa mano, le confesé: «Amigo de Ángel y periodista». Tejero ya no apretó la mano de la misma forma que lo hizo cuando me dio la paz, ni cuando supo que era amigo del abogado Ángel López-Montero.