30 julio 1912
Tras la 'era Meiji' Japón quiere equipararse con las demás potencias europeas
Muere el emperador del Japón Mutsuhito «Meiji Tennō» tras liderar el proceso de modernización de su país
Hechos
El 30.07.1912 falleció el Emperador del Japón, Mutsuhito.
Lecturas
Con la muerte del emperador Meiji el 30 de julio de 1912 se cerró un capítulo importante en la historia de Japón: no sólo había modernizado el país, víctima del colonialismo, sino que había conseguido convertirlo a su vez en una potencia colonial que, tras la alianza con Inglaterra (1902), ascendió a la categoría de potenciamundial.
El emperador Meiji nacido en Tokio el 3 de noviembre de 1852 y llamado Mutsuhito tenía catorce años cuando sucedió en el trono a su padre Komei Tenno.
Tras varios siglos de hegemonía militar iniciada con el bakufu (goierno) de los shoguns (jefes militares) a finales del siglo XII los emperadores divinizados habían perdido cualquier protagonismo político. Komei Tenno se rebeló contra esta situación y centró todos sus esfuerzos en que la casa imperial retomaba el poder.
En 1846 preocupado por el avance de las potencias extranjeras, Komei Tenno se atrevió a impartir una orden al bakufu, exigió la consolidación de la defensa nacional. Sin embargo en 1858, EEUU, Rusia, Holanda, Francia y Reino Unido obtuvieron por la fuerza privilegios coloniales mediante los ‘Tratados desiguales’ que el bakufu firmó sin la aprobación del tenno (emperador). A raíz de esto, el bakufu, minado ya por luchas internas, se precipitó en una crisis irreversible.
Todas las fuerzas políticas que apoyaban la figura del shogun aprobaron la apertura; pero las fuerzas contrarias a la presencia extranjera utilizaron como arma la veneración al emperador. De este modo fue surgiendo contra el bakufu un movimiento integrado por samuráis de clase baja, latifundistas, comerciantes al por mayor, empresarios e intelectuales que exigían la restauración de la monarquía. Tras la muerte de Komei Tenno, el partido anti-bakufu se impuso en la corte, propugnando el derrocamiento violento del shogun. Estalló entonces una guerra civil que duró año y medio y costó miles de vidas humanas. El 12 de octubre de 1868, el nuevo tenno subió al trono y formó un gobierno provisional al que pocos días después denominó Meiji (gobierno iluminado). En 1869 trasladó su residencia de Kioto a Edo, que pasó a llamarse Tokio y fue declarada capital.
Entonces se inició la fase reformista más importante de Japón debido principalmente a la ampliación de equipararse a los países industrializados. Entre 1871 y 1873 se envió a América y Europa una numerosa delegación a la que pertenecían más de la mitad de los ministros y funcionarios de rango superior. Dicha delegación consiguió que los estados más progresistas de la época empezaron a estudiar la rescisión de los ‘Tratados desiguales’. Pronto se encontró el nexo de unión con la civilización occidental moderna en los ámbitos de la administración, defensa nacional, educación y cultura. En enero de 1874 se exigió por primera vez un parlamento elegido por el pueblo, y un año más tarde se foró el primer partido político suprarregional, la Alianza Patriótica (Aikokusha).
Pero la élite dominante agrupada en torno a la monarquía rechazó con dureza, cualquier presión que propugnase la democratización y el compromiso social. El gobierno Meiji, que fue reconocido internacionalmente a finales de 1868 como el único gobierno legítimo de Japón, suprimió al finalizar la década de los setenta del siglo XIX casi todos los privilegios y concesiones coloniales, y formuló a su vez reclamaciones expansionistas. Basándose en la modernización, el crecimiento económico y el militarismo, el imperio japonés logró imponerse en Asia oriental durante las décadas siguientes.
Las principales caraterísticas de la era Meiji: Supresión del feudalismo (1871), Reformas fundamentales (1872), nuevo sistema tributario (1873) y una nueva constitución (1889).
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YOSHIHITO, EL NUEVO EMPERADOR
El nuevo emperador será su hijo Yoshihito, que elegirá como su nombre a su era la ‘era Taishō Tennō’, que durará hasta diciembre de 1926.
El Análisis
Ha muerto el emperador de la era Meiji. Y con él no desaparece solo un soberano, sino una era entera. Porque si alguna vez el nombre de un monarca pudo confundirse con el nacimiento de una nación moderna, ese fue el suyo. Mutsuhito no fue un mero heredero de tronos milenarios, sino el forjador de un nuevo Japón: occidentalizado, industrial, militarmente competitivo y orgullosamente nacional.
Cuando subió al trono en 1867, Japón era aún un archipiélago feudal, cerrado al mundo y sometido al poder de los antiguos señores. Cuando ahora desciende a la tumba, deja atrás un imperio poderoso, respetado —y temido— por Occidente, victorioso frente a China y Rusia, con ferrocarriles, universidades, fábricas, acorazados… y una Constitución.
Es cierto que bajo esa modernidad aún perviven viejas estructuras autoritarias, pero no hay duda de que el emperador Mutsuhito supo ser algo más que un símbolo sagrado: fue el punto de convergencia de una transformación nacional sin parangón en la historia contemporánea. Su sucesor, el emperador Taishō, hereda un país fuerte, aunque agitado, con retos sociales, tensiones internas y un creciente militarismo que amenaza con oscurecer el legado de su ilustre padre. Pero si el futuro se edifica sobre alguna base firme, será la que Meiji dejó. Japón fue hecho país bajo su sombra.
J. F. Lamata