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Muere el periodista Ricardo Cid Cañaveral, director adjunto de ONDA MADRID

HECHOS

El periodista D. Ricardo Cid Cañaveral falleció el 6.02.1987

07 Febrero 1987

Un genio perseguido por los necios

Melchor Miralles

Marzo de 1983, prisión de Torrero, Zaragoza. Juan José Martínez Zato, director general de Prisiones, hoy vocal y portavoz del Consejo General del Poder Judicial, paseaba por el patio de la cárcel, en visita a un establecimiento penitenciario poco conflictivo.

Los reclusos se le acercaban para, monótamente y pesadamente, exponerle sus problemas personales. Zato atendía solicito como siempre.

De pronto, el director general detuvo su lento caminar para, sonriente, acercarse a saludar a un amigo. Ricardo Cid Cañaveral, periodista, paseaba por el mismo patio.

“Que alegría verte, Ricardo, no sabía que estuvieras haciendo un reportaje por aquí”, le dijo el director general al periodista.

“No, Juanjo,e stás equivocado. No estoy de visita, estoy de cliente, entalegado”, respondió Ricardo con su habitual humor, no exento de una indignación lógica y comprensible.

Y es que Ricardo era un periodista especial. Inteligente, listo, culto, valiente, incisivo. Y por todo ello, perseguido. Porque los mediocres no soportan la brillantez, y todos esos que cuando el dedo señala la luna miran el dedo trataron de amargarle la vida a Ricardo.

Ahora que ya no está entre nosotros, conviene recordarles a los que le persiguieron, en dictadura y democracia, que no lograron su objetivo. Que a Ricardo no le amargaron. Lo más que hicieron fue estropearle algunas mañanas, y pocas, teniendo que ir a los Juzgados. Nada más.

Decía John Kennedy y Toole en ‘La conjura de los necios que hay un modo infalible para reconocer a un genio. Todos los necios se conjuran contra él. Y con Ricardo ocurrió eso. Al margen de por sus escritos, pasó a la historia por ser uno de los periodistas con más procesos judiciales a sus espaldas.

Ricardo ha muerto, y sus amigos, no estamos tristes ni apenados, porque Ricardo vivió la vida, se río de los necios, aprovechó cada segundo y sorteó los problemas con inteligencia. Se reía de todo pero, como sólo hacen los privilegiados, empezaba por reírse de sí mismo. Es el primer paso hacia la felicidad.

Escribí cuando el juez Antón de la Fuente mandó que le hicieran preso en Zaragoza que algunos no estábamos dispuestos a que Ricardo permaneciera ni un solo día en prisión. Terminaba mi artículo con una frase de Ricardo ‘Así que, ahora a ver que pasa’. Pasó que Ricardo no estuvo ni un solo día desde entonces en prisión.

Los calabozos de los Juzgados, a los que algún torpe le llevó, sirvieron para demostrar, una vez más, que con Ricardo no iban a poder. Desde lo de Zaragoza lo tenía claro. Ni un solo día en el talego. Y así fue. Los necios no pudieron con el genio.

Ricardo ha muerto. Sus amigos le echaremos de menos, sus compañeros nos reiremos un poco menos, sus lectores habrán perdido sus artículos favoritos. Pero todos los que le conocíamos bien seguiremos felices, porque Ricardo supo vivir la vida y eso es lo que permanece. Un genio ha muerto y los necios que le persiguieron siguen vivos. Así son las cosas.

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