25 marzo 1987
Muere el presidente del Atlético de Madrid, Vicente Calderón
Hechos
El 25.03.1987 se hizo público el fallecimiento de D. Vicente Calderón presidente del club de fútbol Atlético de Madrid.
Lecturas
Vicente Calderón era presidente del Atlético de Madrid desde 1964 (salvo el paréntesis 1980-1982).
El 24 de marzo de 1987 fallece el presidente del Atlético de Madrid, D. Vicente Calderón Pérez-Cavada. Para reemplazarle se convocan elecciones para la presidencia del club rojiblanco. Se da por seguro que entre los candidatos para ocupar el cargo se presentará D. Jesús Gil Gil que, desde su ruptura con el Sr. Calderón Pérez-Cavada ha sido su principal enemigo en las asambleas del club.
25 Marzo 1987
Fecunda Herencia
El destino, ese árbitro imparcial, señaló ayer el fin de juego para las constantes vitales de Vicente Calderón. Pero su servicio como hombre y como presidente no termina con la muerte, porque la mayor constancia que tuvo en vida fue una entrega ilusionada al Atlético de Madrid, y el tiempo sostendrá siempre el pulso de ese ejemplo deportivo. El club rojiblanco tiene desde ahora como estímulo, frente a las dificultades del porvenir, la obra heredada de su más importante impulsor y el desafío de prolongarla con entusiasmo equivalente al que él ofreció durante tantos años. En el estadio que lleva su nombre perdurará, para el Atlético y para todo el deporte, la memoria de Vicente Calderón, presidente decano del fútbol español
25 Marzo 1987
El testamento de un señor
Los de esta Casa no esperamos para ensalzar al político a que sea cadáver. Calderón, desde donde se encuentre, se carcajeará, con su empobrecida voz, de aquellos que reclamaron su cabeza y ahora le coronan.
Pero la vida es así. Ingratitudes, discordias, manipulaciones… El testamento de don Vicente probablemente delate a quienes, más que censurarle, le culpaban e insultaban: los ambiciosos de poder, los que, con medios ‘sumergidos’, pugnaron e hicieron campaña para ocupar el sillón rojiblanco sin dar tiempo al tiempo; sin respetar canas ni una salud zurcida por los alfileres de Houston o de Marbella. Bastaba con esperar unas semanas.
A Calderón se le estaba apagando la luz desde hace unos años. Lo sabíamos y no es honesto presumir de ello. Sorprende, no obstante que se acabase tan pronto. En cierta ocasión nos habló de sus temores. Porque Vicente Calderón, aún consciente de sus achaques, tenía vida y se resistía a perderla. Y camino de Bremen- hace sólo semanas – confesaba que si Dios determinaba su fin, prefería caer en el sanatorio, lo mismo que su admirado Bernabéu. El paralelismo entre los dos patriarcas fue extraordinario: el verbo sarcástico de ambos; la defensa por igual del fútbol y de la Meseta. Don Santiago yace en Almansa; a don Vicente le sepultarán en Gandía, también al Este de este país concebido para la guerra por gentes que aman la paz. Esa paz que le ha faltado al ‘presi’ atlético en los metros finales de su gran carrera. Que se pongan de pie todos los que le decapitaron en vida.
En reciente ocasión y para entrevistarle, estuvimos, como tantas veces, en las oficinas clásicas de la calle Desengaño. Y Calderón, con la garganta gastada, hablada del Atlético, de la situación financiera que atosiga al club y de los que tenían capacidad para ocupar su puesto el día que cerrara los ojos. En aquel recuento descubriríamos los nombres de significados aspirantes al sillón presidencial. EL calibraba los antecedentes de cada cual. “El Atlético – dijo – no puede quedar en manos de un trepa. Quisiera retirarme a los aposentos familiares y dejar la Casa a quien me convenza de que no empeñará los muebles”.
Acaso todos estos temores llenen los folios testamentales. Y la lista de los que, con escasa habilidad, traducen los vituperios de ayer a las lisonjas “post mortem”. Desde el cielo verá don Vicente con cuánta facilidad se cambia de chaqueta.
Belarmo
El Análisis
La muerte de Vicente Calderón Pérez-Cavada, el 24 de marzo de 1987, cierra una de las etapas más influyentes y reconocibles en la historia del Atlético de Madrid y del fútbol español del siglo XX. Calderón presidió el club en dos largos periodos (1955-1980 y 1982-1987) y lo hizo en años decisivos, cuando el fútbol español pasaba de un modelo casi amateur a otro plenamente profesional y mediático. Su figura trasciende el mero balance deportivo: fue un presidente de carácter fuerte, profundamente identificado con el club, que entendió el Atlético como una institución social, patrimonial y simbólica, no solo como un equipo de fútbol.
Entre sus mayores aportaciones destaca de manera indiscutible la construcción del estadio del Manzanares, inaugurado en 1966 y rebautizado en 1971 como Estadio Vicente Calderón, un gesto poco habitual en vida que reflejaba el reconocimiento de socios y aficionados. Bajo su mandato, el Atlético vivió una de las épocas más brillantes de su historia: Ligas, Copas, una Intercontinental ganada en 1975 y finales europeas que consolidaron al club como una potencia internacional. Calderón supo rodearse de dirigentes eficaces y entrenadores de prestigio, y defendió con firmeza los intereses del Atlético frente a federaciones, árbitros y rivales, lo que le convirtió en uno de los presidentes más populares del país, a la altura de Santiago Bernabéu, aunque desde un estilo más combativo y menos institucional.
No obstante, su trayectoria no estuvo exenta de polémicas y controversias. Calderón fue un empresario poderoso, vinculado a sectores como la construcción y la industria alimentaria, y durante años se le reprochó la confusión entre negocios privados y gestión futbolística, algo habitual en la época pero cada vez más cuestionado. Su salida en 1980, seguida de un breve y errático interregno bajo la batuta del Dr. Cabeza, y su posterior regreso en 1982 evidenciaron tanto su peso personal como la dificultad del club para encontrar una alternativa sólida. Con su fallecimiento desaparece un presidente de los llamados “de época”, autoritario y carismático, que dejó una huella indeleble: el Atlético de Madrid moderno, con estadio propio, identidad definida y ambición constante, es en buena medida una obra de Vicente Calderón. El maltrago para Calderón, que su club quedaría en las manos de uno de sus mayores enemigos en su última etapa de vida: Jesús Gil y Gil.
J. F. Lamata