22 abril 1996

En 1994 tuvo que ceder al grupo británico diez de sus publicaciones, entre ellas L'AUTO JOURNAL

Muere el propietario del diario francés LE FIGARO, Robert Hersant, tras perder buena parte de su imperio mediático

Muere el propietario del diario francés LE FIGARO, Robert Hersant, tras perder buena parte de su imperio mediático

Hechos

El 21.04.1996 falleció Robert Hersant, propietario de LE FIGARO.

Lecturas

El 21 de abril de 1996 falleció en Saint-Cloud, cerca de París, a los 76 años, el empresario y político francés Robert Hersant, propietario de Le Figaro y fundador de uno de los mayores grupos periodísticos de Europa. Conocido como le papivore —el devorador de periódicos—, había construido su fortuna mediante la compra sucesiva de cabeceras, muchas de ellas regionales y algunas en dificultades económicas. Su primera gran iniciativa editorial fue la revista automovilística L’Auto-Journal, fundada en 1950, desde la que comenzó a expandirse hacia la prensa de información general. En 1975 adquirió Le Figaro, diario de referencia de la derecha liberal y conservadora francesa; en 1976 incorporó France-Soir, periódico popular de gran difusión, y posteriormente amplió su influencia sobre numerosas publicaciones regionales, entre ellas Le Progrès de Lyon, Le Dauphiné libéré, Le Courrier de l’Ouest y Le Maine libre. A través de Socpresse y otras sociedades familiares, su conglomerado llegó a representar aproximadamente un tercio de la difusión de la prensa diaria francesa. Sus publicaciones no respondían todas a una misma orientación: mientras Le Figaro representaba principalmente a un público conservador, France-Soir buscaba lectores de masas y los periódicos regionales se dirigían a públicos de sensibilidades diversas. Lo que los unía era la propiedad de Hersant y una estrategia empresarial basada en la concentración de cabeceras.

Su mayor fracaso empresarial se produjo en la televisión. En 1987, aprovechando la nueva configuración política francesa, Hersant se asoció al empresario italiano Silvio Berlusconi para hacerse con el control de la cadena privada La Cinq, con la aspiración de trasladar a la pequeña pantalla el poder alcanzado en los periódicos. Sin embargo, la competencia comercial, los elevados costes de programación y las pérdidas acumuladas impidieron consolidar el proyecto. Hersant abandonó la empresa en 1990 al negarse a participar en una nueva ampliación de capital; posteriormente, la cadena pasó a manos del grupo de Jean-Luc Lagardère y dejó de emitir en abril de 1992. El fracaso televisivo agravó las dificultades financieras de su imperio, afectado además por la caída de los ingresos publicitarios y una deuda que rondaba los 4.000 millones de francos a finales de 1993. Obligado a desprenderse de activos, en 1994 vendió al grupo británico EMAP una decena de revistas, entre ellas L’Auto-Journal, la publicación con la que había comenzado su carrera. También redujo sus inversiones en la prensa de Europa oriental. Su fallecimiento dejaba a sus herederos un conglomerado de extraordinaria influencia, pero sometido a importantes tensiones económicas.

La expansión internacional de Hersant también había encontrado límites en España, donde intentó entrar en el capital de distintos periódicos, entre ellos Diario 16, sin conseguir establecer un dominio comparable al que poseía en Francia. La compra de cabeceras españolas tropezó con dificultades financieras, resistencias empresariales y recelos ante la entrada de un gran grupo extranjero. Su interés por Alerta, de Santander, formó parte de esas tentativas de penetración en el mercado español, aunque la documentación disponible no permite atribuirle una adquisición efectiva de la cabecera. En cambio, sí consiguió participaciones en periódicos extranjeros, especialmente en Bélgica —Le Soir— y en países de Europa central y oriental después de la caída de los regímenes comunistas. El propio Hersant había sido un personaje políticamente controvertido: durante la Segunda Guerra Mundial participó en organizaciones colaboracionistas y, tras la Liberación, fue condenado a una pena de indignidad nacional, posteriormente amnistiada. Reconstruyó después su carrera pública y llegó a ser diputado de la Asamblea Nacional francesa y del Parlamento Europeo, combinando durante décadas sus intereses periodísticos con una actividad política directa.

Cronología de las principales adquisiciones y desinversiones de Hersant

Año Publicación u operación Resultado
1950 L’Auto-Journal Fundación de la revista automovilística, punto de partida de su grupo.
1950-1960 Centre Presse y otros diarios regionales Primera fase de expansión mediante cabeceras provinciales.
1967 Nord-Matin Adquisición del periódico de tradición socialista.
1975 Le Figaro Compra de su principal diario nacional, de orientación conservadora.
1976 France-Soir Adquisición del periódico popular parisino.
1977-1978 L’Aurore Incorporación del diario, posteriormente absorbido por Le Figaro.
1985-1986 Le Progrès, de Lyon Compra formalizada el 30 de diciembre de 1985 y anunciada en enero de 1986. Genera una controversia judicial sobre concentración de prensa.
1987 Le Soir, de Bélgica Adquisición de una participación significativa.
1987-1990 Televisión La Cinq Entrada junto a Berlusconi y posterior retirada ante las pérdidas.
1988 Alerta, de Santander (España) Compra indirecta del 45 % de su empresa editora.
1989-1990 Diario 16 y Cambio 16 (España) Entrada en el capital del Grupo 16; en 1990 se pacta un 35 % de Diario 16.
1990 Alerta (España) Venta de la participación del 45 % a Ciriaco Díaz Porras.
1992 Diario 16 (España) Nuevo intento de ampliar su control, que no prospera.
1994 L’Auto-Journal y otras revistas Venta a la editorial británica EMAP.
1994-1995 Publicaciones de Europa oriental Desinversión en numerosas cabeceras para reducir deuda.
1995-1996 Le Courrier de l’Ouest, Le Maine libre y otras operaciones regionales Reorganización del grupo y nuevas adquisiciones selectivas.

El Análisis

¿Es independiente un grupo meidático propiedad de un político?

JF Lamata

La muerte de Robert Hersant reabre una cuestión que ha acompañado toda su trayectoria: ¿hasta qué punto pueden considerarse independientes los periódicos de un empresario que, además de poseer una parte considerable de la prensa francesa, participa personalmente en la actividad política? El debate no debería limitarse al pasado colaboracionista de Hersant durante la Segunda Guerra Mundial, por el que fue condenado y posteriormente amnistiado. Aquellos hechos pertenecen a una etapa histórica anterior y no permiten, por sí solos, determinar el comportamiento editorial de sus periódicos medio siglo después. Más relevante para examinar la independencia de sus publicaciones resulta su participación directa y continuada en la política francesa. Hersant fue diputado de la Asamblea Nacional bajo distintas etiquetas, desde sectores radicales y de izquierda hasta formaciones gaullistas y centristas; volvió a ocupar un escaño entre 1986 y 1988 y fue eurodiputado desde 1984 hasta su muerte, vinculado a la Unión para la Democracia Francesa. No se trataba, por tanto, de un empresario con simpatías políticas privadas, sino de un propietario de medios que ejercía simultáneamente funciones de representación pública. Esta doble condición podía crear conflictos de intereses cuando sus periódicos informaban sobre gobiernos, partidos, leyes o decisiones administrativas que afectaban a sus negocios. El problema no consiste en que Le Figaro mantenga una orientación conservadora, perfectamente legítima en una sociedad pluralista, sino en determinar si sus periodistas disponen de autonomía suficiente para informar con independencia de los intereses personales, políticos y económicos de su propietario.

La trayectoria empresarial de Hersant proporciona motivos adicionales para plantear esa pregunta. Su expansión mediante la adquisición de periódicos regionales y nacionales le otorgó una influencia extraordinaria sobre la opinión pública francesa y lo convirtió en interlocutor privilegiado de los sucesivos gobiernos. Las controversias sobre la legislación contra la concentración de prensa mostraron la estrecha relación entre sus intereses empresariales y las decisiones del poder político. Cuando en 1986 adquirió Le Progrès, desafió las restricciones aprobadas durante el Gobierno socialista; la posterior modificación de la normativa, tras el regreso de la derecha al Gobierno, favoreció la continuidad de su expansión. Su entrada en La Cinq en 1987 también se produjo en un contexto de decisiones gubernamentales sobre las concesiones de televisión privada. Nada de ello demuestra automáticamente que todas sus cabeceras obedecieran instrucciones partidistas ni que sus redactores carecieran de independencia profesional. Pero la concentración de propiedad, la militancia política del empresario y la dependencia de decisiones regulatorias planteaban riesgos estructurales que merecen ser examinados. La independencia de un periódico no puede medirse exclusivamente por las declaraciones de su editor ni por su capacidad para criticar a determinados gobiernos. Debe comprobarse también cuando la información afecta a los negocios de su propietario, a sus aliados políticos o a las autoridades de las que depende su expansión. Hersant deja un imperio periodístico formidable, pero también el interrogante de si el crecimiento de ese imperio fortaleció el pluralismo informativo francés o concentró demasiado poder económico, político y mediático en unas mismas manos.

JF