17 enero 1991
Muere el Rey de Noruega Olav V, le sucede en el trono Harald V
Hechos
El 17 de enero de 1991 fallece el Rey de Noruega, Olav V.
Lecturas
El Análisis
Con la muerte de Olav V el 17 de enero de 1991, a los 87 años, termina un reinado de más de tres décadas durante el cual Noruega cambió probablemente más que en ningún otro periodo de su historia contemporánea: cuando sucedió a su padre Haakon VII el 21 de septiembre de 1957, era todavía un país relativamente modesto, marcado por el recuerdo inmediato de la ocupación alemana y firmemente integrado en la OTAN; cuando muere, deja una de las democracias más prósperas y estables de Europa. Olav aportaba además una legitimidad difícil de fabricar: durante la Segunda Guerra Mundial había acompañado al Gobierno y a su padre en el exilio y se había convertido en uno de los símbolos de la resistencia nacional frente al nazismo. Ya como rey ejerció escrupulosamente como monarca constitucional, dejando la política a gobiernos laboristas y conservadores que se fueron alternando —desde Einar Gerhardsen hasta Gro Harlem Brundtland— mientras él se convertía en el popular Folkekongen, el «rey del pueblo». Durante su reinado Noruega consolidó su Estado del bienestar, descubrió petróleo y gas en el mar del Norte a finales de los sesenta y comenzó la formidable transformación económica que convertiría los hidrocarburos en uno de los pilares de su prosperidad; también decidió mantenerse fuera de la Comunidad Económica Europea en el histórico referéndum de 1972, aunque permaneciendo plenamente integrada en Occidente y en la OTAN. Su éxito personal consistió precisamente en no intentar protagonizar ninguno de esos procesos: consiguió que una institución hereditaria pareciera perfectamente compatible con una sociedad igualitaria y socialdemócrata, ayudado por una imagen deliberadamente sencilla —el monarca que utilizaba el transporte público y se mezclaba con sus compatriotas— que explica la extraordinaria reacción popular a su muerte: miles de personas llenaron espontáneamente la plaza del Palacio de velas y flores y unas 100.000 acompañaron después su cortejo fúnebre.
Su sucesor ofrece pocas razones para esperar una ruptura. Harald V, nacido en 1937, había compartido siendo niño el trauma nacional de 1940: ante la invasión alemana tuvo que huir de Noruega y pasó buena parte de la guerra en Estados Unidos con su madre y sus hermanas. Desde que la muerte de Haakon VII lo convirtió en príncipe heredero en 1957 trabajó estrechamente junto a Olav y llegó a ejercer como regente durante la enfermedad de su padre en 1990, por lo que recibe la Corona con 53 años y una larga preparación institucional. Su matrimonio en 1968 con Sonja Haraldsen, una plebeya, había provocado inicialmente resistencias —Harald llegó a advertir que no se casaría con otra mujer—, pero terminó modernizando considerablemente la imagen de la monarquía; desde hoy Sonja se convierte además en la primera reina consorte noruega en 53 años. Harald accede automáticamente al trono en el mismo instante de la muerte de su padre y el 21 de enero jurará la Constitución ante el Storting, manteniendo además el mismo lema utilizado por Haakon y Olav: «Alt for Norge» («Todo por Noruega»). Olav V deja, por tanto, una herencia bastante más difícil de conseguir que una ampliación de poderes: deja una Corona que casi nadie parece interesado en discutir. Su hijo no tendrá que conquistar políticamente Noruega, sino conservar el secreto de su padre: representar mucho procurando mandar muy poco.
JF