25 septiembre 1993
El PCE siempre le consideró co-responsable del asesinato de Arturo Ruiz y la matanza de Atocha
Muere el ‘ultra’ Mariano Sánchez Covisa, popular por liderar un grupo de pandilleros contrarios a la democracia durante el periodo de la Transición española
Hechos
Mariano Sánchez Covisa falleció el 25 de septiembre de 1993.
Lecturas
El dirigente ultraderechista Mariano Sánchez Covisa falleció el 25 de septiembre de 1993 cuando recorría un tramo del Camino de Santiago con una peregrinación organizada por las Juventudes del Frente Nacional. Sánchez Covisa murió de un fallo cardiaco en las proximidades de Arca, en el municipio de o Pino, en el tramo final del Camino de Santiago, informó a Efe Javier Díaz, presidente de las Juventudes de Frente Nacional de Asturias, que también participó en la peregrinación. Según Díaz, la expedición estaba formada por 140 jóvenes y dos adultos, uno de ellos Sánchez Covisa, que «se había empeñado» en hacer el Camino, y «había respondido bien el primer día».
Cuando iban en una fila de peregrinos y «en una cuesta -dijo- muy de improviso, le dio un ataque al corazón». El representante del Frente Nacional agregó que Sánchez Covisa «murió como él hubiera querido morir». También explicó que, pese a la llegada de un helicóptero médico, cuyo personal le intentó reanimar, ya había fallecido.La peregrinación había partido de Lugo, para recorrer los 100 kilómetros que se precisan para acreditar la condición de peregrino. Mariano Sánchez Covisa fue, desde los 15 años, líder del grupo de extrema derecha Guerrilleros de Cristo Rey, tendencia política en la que militó toda su vida, junto a otros dirigentes como Blas Pifiar y Raimundo Fernández Cuesta.
En 1977 fue detenido junto con otros 10 ultraderechistas como usuario de un piso ocupado con maquinaria para la fabricación de armas, en el que estaban implicados destacados miembros del fascismo internacional. Los acompañantes ultraderechistas del fallecido continuaron su peregrinación a Santiago, a donde llegaron ayer. En nombre de los peregrinos del Frente Nacional y en su calidad de presidente de estudios económicos y sociales, Blas Pifiar pronunció la ofrenda al apóstol. El máximo líder de la ultraderecha española lamentó «los tiempos difíciles en los que la fe cristiana está siendo atacada por el neopaganismo».
26 Septiembre 1993
Guerrillero y peregrino del fascismo
Aunque en los últimos años Mariano SánchezCovisa había pacificado un tanto su agitada biografía, por imperativos de la edad, lo cierto es que ha ido a morir nada simbólicamente, sino dentro del más acendrado realismo, en orden de combate. Porque a sus 76 años era como entrar de nuevo en combate eso de emprender como peregrino el Camino de Santiago en compañía de los jóvenes del Frente Nacional. Demasiado, sin embargo, para su viejo y cansado corazón, que apenas se había tomado un respiro desde los tiempos de su participación en la guerra civil y en la División Azul, siempre al servicio de las esencias y de su particular concepción de la Patria. El personaje que acaba de fallecer siempre se me representó como bastante más joven de lo que era en realidad, tal vez por su desaforado activismo. SánchezCovisa es uno de los grandes clásicos de la crónica negra del tardofranquismo y de la transición. No fallaba nunca. Allí donde había una conspiración contra las libertades o un suceso relacionado con el matonismo de la ultraderecha, allí aparecía inexorablemente el nombre del máximo dirigente de los Guerrilleros de Cristo Rey, se confirmase o no después su real implicación en la trama. Ha sido un auténtico protagonista de las andanzas del fascismo español al menos durante la década entre los estertores del franquismo y el advenimiento de los socialistas al poder. Una gloria compartida con personajes como Blas Pifiar, Raimundo Fernández Cuesta, José Antonio Girón o García Carrés, unos todavía vivos y otros que ya entregaron su alma al Señor. Como digo, no siempre se le pudo probar responsabilidad en acontecimientos tristes y desestabilizadores. Pero su nombre allí aparecía Así, en 1977, en relación con el asesinato del estudiante Arturo Ruiz y con la matanza de abogados laboralistas de la calle de Atocha. En el mismo año sería detenido, junto a otros diez ultraderechistas, en relación con aquel misterioso piso de la madrileña calle de Pelayo, donde se encontró maquinaria para la fabricación de armas, asunto en que aparecían implicados destacados miembros del neofascismo internacional, especialmente italiano. Como no podía ser menos, el nombre de SánchezCovisa también apareció frecuentemente vinculado con la trama civil del 23F, esa trama que sólo se cobró la pieza de García Carrés, pese a la convicción moral generalizada de que era infinitamente más amplia. Los Guerrilleros de Cristo Rey, organización de la que él fue alma y jefe, constituían el grupo más temido en aquellos años cruciales por la oposición democrática y por los estudiantes y obreros rebeldes o simplemente inconformistas. Las palizas, las amenazas, a veces los tiros, subrayaban con los hechos lo muy fundado de los temores. En los años oscuros gozaron de la protección del Régimen franquista y de sus fuerzas de seguridad, a cuyo calor habían nacido. Pero un personaje tan exaltado como Sánchez-Covisa incluso era capaz de concitar alguna que otra reprimenda del propio Régimen, al que tampoco le gustaban las exageraciones de los más papistas que el Papa. A eso pudo deberse el hecho de que alguna vez le hicieran visitar la cárcel, como en 1942 y en 1973. Esa es una circunstancia compartida con otros varios extremistas del franquismo. Durante muchos años, Sánchez-Covisa fue uno de los principales sostenedores de la bandera de los puños y de las pistolas, en una interpretación violenta y espúrea de la doctrina joseantoniana. Por fortuna, hace años que asistimos a un notable desvanecimiento de esa ideología y de ese activismo. Hoy comenzamos a contemplar aquel mundo con los ojos de la Historia.