22 enero 2003
Fue uno de los fundadores de la formación política Izquierda Unida junto al PCE en 1986
Muere Jaime Miralles, el abogado monárquico que se la jugó por defender a comunistas durante la dictadura franquista
Hechos
El 20 de enero de 2003 falleció el abogado D. Jaime Miralles Álvarez
21 Enero 2003
Un liberal de verdad
Jaime Miralles fue un competente profesional de la abogacía, un trabajador tenaz, un monárquico cabal, un liberal clásico, un hombre afable y una buena persona. De poca gente se puede afirmar tal cúmulo de rasgos y de bondades, pero a la personalidad de Jaime Miralles le cuadran perfectamente. Quienes le conocían saben que es así.
Quizá el rasgo de su biografía que mejor podría definirle sea su empeño personal por la defensa de las libertades públicas, fruto de su talante liberal -liberal de verdad-, que le llevó a comprometerse en numerosas actividades arriesgadas en los años difíciles del franquismo y a desempeñar un trabajo profesional muchas veces reivindicativo frente a las anquilosadas estructuras jurídicas y políticas con las que no quiso transigir.
Jaime Miralles enmarcó su actividad personal en la oposición interior al franquismo, en la que se distinguió como un liberal clásico, junto a su amigo y colega Joaquín Satrústegui y mediando la colaboración con todos los sectores críticos al régimen de Franco, desde la derecha liberal hasta el socialismo de Enrique Tierno Galván.
Llegó a ese estadio de la oposición después de haber participado en el ejército nacional durante la Guerra Civil. Nunca negó Miralles su origen, ni siquiera en los momentos en que se sintió más perseguido por el sistema, que rechazó por ser negador de las libertades y de la democracia, que él veía como la única solución para su país.
Una de las causas de su apartamiento del régimen hay que encontrarla en su apoyo a la figura de Don Juan de Borbón, para él Juan III, y a la monarquía parlamentaria y democrática que propugnaba.Monárquico y liberal, no podía ser más que un enemigo del régimen en la España cerrada que sólo aceptaba como legítimo el tributo de admiración al jefe único, el general Franco.
Miralles fue uno de los españoles represaliados por asistir a lo que la propaganda franquista llamó el Contubernio de Múnich, que fue una reunión de la oposición moderada del interior y algunos exiliados en esa ciudad alemana los días 5 a 8 de junio de 1962 para estudiar las condiciones que debía reunir el régimen para entrar en la Comunidad Económica Europea (antecedente de la Unión Europea).
A su regreso de Múnich, fue obligado, como los demás asistentes, a elegir entre el exilio y el confinamiento. Miralles optó por esta segunda represalia y fue enviado a Fuerteventura, junto con Fernando Alvarez de Miranda, Jesús Barros de Lis y Satrústegui.Otros fueron aislados en Hierro, en Lanzarote y en La Gomera.
Quienes asistieron al contubernio no eran izquierdistas radicales ni peligrosos revolucionarios sino que se distinguían por su ejercicio profesional y por su defensa de las libertades desde planteamientos de moderación. Prueba de ello es que no invitaron al Partido Comunista de España. Pero un defensor de la libertad era, sólo por eso, un enemigo del franquismo.
Miralles desarrolló su actividad política, que habría que considerar más exactamente como una prolongación de su temperamento vital, en organizaciones como la Asociación Española de Cooperación Europea (AECE), que propugnaba la integración de una España democrática en Europa, y la Unión Española (UE), que reivindicaba la monarquía de Don Juan de Borbón.
Precisamente por participar en un acto de afirmación monárquica de la UE en el hotel Menfis de Madrid el 29 de enero de 1959, fue multado con 25.000 pesetas -cantidad exorbitante para la fecha- por exponer públicamente sus discrepancias con el régimen.(Por razones similares fueron multados también Satrústegui y Tierno). Miralles sostuvo en aquel acto que había que superar el espíritu de guerra civil y ofrecer una formación política en libertad a las nuevas generaciones. Tales afirmaciones eran insoportables para el régimen de Franco.
No serían esas las únicas sanciones que tuvo que soportar Jaime Miralles. En 1972 fue procesado por la jurisdicción militar, detenido y encarcelado en la prisión de Carabanchel durante unos días, hasta que obtuvo la libertad provisional, por un escrito en defensa de un cliente suyo que fue considerado ofensivo para el Ejército y constitutivo de propaganda ilegal.
Este incidente provocó una amplia reacción de solidaridad entre sus colegas del Colegio de Abogados de Madrid, en el que Miralles fue sumamente activo. Pasados los años, en una visita a la prisión el día que se clausuraba, 7 de noviembre de 1998, recordó ante los periodistas aquel texto, que «trataba sobre un obrero de la construcción muerto en una huelga después de que a un guardia civil se le disparara la pistola», y afirmó que le encarcelaron «por el probablemente mejor texto que he publicado en 50 años».
En su vida profesional se advertía su preocupación por la defensa de las libertades y el sistema democrático. Presentó junto con otros abogados en 1969 denuncia por la muerte del estudiante Enrique Ruano, suicidado según la versión policial, que fue recibida con incredulidad. Fue defensor de los militares procesados por pertenecer a la Unión Militar Democrática (UMD) Y en todos los casos, demostró una extraordinaria capacidad profesional y una dedicación incansable.
En marzo de 1994 fue condecorado con la Gran Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort por el Ministerio de Justicia, en un acto que se convirtió en un homenaje a su trayectoria personal como notable abogado y perseverante defensor de las libertades públicas. Ayer, falleció en Madrid a los 82 años de edad, tras una larga enfermedad. Tenía 10 hijos, dos de los cuales, Carlos y Melchor, forman parte del equipo de EL MUNDO.
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Jaime Miralles, abogado, nació en San Sebastián el 1 de octubre de 1920 y falleció ayer en Madrid, a los 82 años de edad.
22 Enero 2003
Jaime Miralles, la lealtad monárquica
Nos ha dejado Jaime Miralles; ejemplo hasta el último día de una vida de entrega a sus ideales monárquicos y de servicio a la causa de los derechos humanos.
Compartí con Jaime momentos de esperanza en las horas inciertas del franquismo y pude comprobar su entereza ante la adversidad y su capacidad para vencer el desfallecimiento. Hay en su vida gestos ejemplares, como en junio de 1962, en el marco del Congreso Internacional del Movimiento Europeo, donde, junto a otros combatientes del bando «nacional» como Joaquín Satrústegui y Vicente Piniés, da el paso decisivo para superar el abismo de la España cainita y se reúne a dialogar con quienes habían combatido en el otro bando «republicano», consiguiendo que de verdad aquel día de junio de 1962, como dijera Salvador de Madariaga, terminara la Guerra Civil. Aquel gesto, que hoy parece casi trivial y sin importancia, fue el primer paso -siempre el más difícil- de la reconciliación entre los españoles, divididos por la sangre y el rencor.
Porque tu paso, Jaime, fue quizá el más complicado y significativo teniendo, como tenías, presente en la memoria el recuerdo de tus hermanos muertos en el frente de batalla. Los hombres de Unión Española hicisteis posible con aquella apertura que apareciera en el horizonte de la oposición antifranquista la opción de una monarquía liberal y democrática.
Durante los meses de confinamiento en Fuerteventura, pasados a veces con algo de monotonía y depresión, tu temple siempre despierto no permitía retroceso alguno en nuestras posiciones. La colección de tus telegramas dirigidos al ministro de la Gobernación y al gobernador civil de Las Palmas es el mejor testimonio de que jamás claudicamos ni nos humillamos.
Junto a este rasgo de firmeza que tanto te ha caracterizado, recuerdo también tu aspecto humano, cordial y entrañable ayudando en un difícil parto a una majorera a la que no pudieron trasladar al hospital y que gracias a tu ayuda pudo salvar la vida de su hijo.
Jaime, amigo, qué largas noches hablando con Joaquín y Jesús de nuestras inquietudes en aquel clima asfixiante de los años 1962 y 1963. Al regreso del confinamiento de Fuerteventura seguimos la línea marcada y, aunque el camino no fue cómodo, siempre tuvimos la imaginación y el coraje necesarios para recorrerlo.
Los tribunales de Madrid son testigo de tu entrega en la defensa de los derechos humanos y fuiste el principal valedor de los militares de la Unión Militar Democrática. Hoy tenemos felizmente un régimen constitucional consolidado y la institución monárquica es una parte esencial del mismo. Jaime Miralles, leal con su Rey, fiel a la dinastía, entregado a la defensa de quienes padecieron persecución, fuere donde fuere, valedor de los derechos humanos, permíteme que te recuerde siempre como el amigo que fuiste: firme, fuerte y siempre señor.
Pronto volveremos a vernos, allá donde sea, porque «tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero».