30 junio 1980
Para los independentistas, en 1980 muy minoritarios, Trabal fue un traidor cuando no directamente un espía
Muere Josep Antoni Trabal i Sans, el político que pasó de militar en ERC con Companys a ir en las listas franquistas de Alianza Popular
Hechos
El 30 de Junio de 1980 falleció D. Josep Antoni Trabal i Sans.
Lecturas
El Sr. Trabal i Sans fue candidato al congreso en 1977 en las listas de Alianza Popular por Barcelona, pero no fue elegido diputado.
El Análisis
La muerte de Josep Antoni Trabal i Sans, el pasado 30 de junio de 1980, cierra una trayectoria política tan singular como controvertida. Trabajó junto a Lluís Companys en los años de la II República como su secretario, participando desde la Generalitat en aquel intento de construir instituciones catalanas en medio de una España convulsa y abocada a la Guerra Civil. Era, pues, un hombre que conoció de primera mano la efervescencia y las fracturas del republicanismo catalán, y que vivió la caída abrupta de aquel proyecto con la victoria franquista en 1939.
Lo sorprendente de su itinerario es la evolución que siguió tras la derrota republicana. A diferencia de tantos compañeros que marcharon al exilio, Trabal permaneció en España y, con los años, encontró acomodo dentro de los márgenes tolerados por el régimen franquista. Ello alimentó siempre las sospechas y rumores de que su papel en tiempos de Companys había sido ambiguo, hasta el punto de que algunos lo señalaron como posible informante o al menos como hombre poco fiable en el entorno del president fusilado. Con razón o sin ella, lo cierto es que en el franquismo llevó una vida política discreta, ajena al exilio y a la clandestinidad, pero nunca apartada del todo del debate público.
Su última reaparición en la vida política, ya en la Transición democrática, fue en 1977, cuando aceptó ser candidato por Alianza Popular en Barcelona, bajo la candidatura de Laureano López Rodó. Aquella decisión dejó perplejos a muchos: el antiguo secretario de Companys acababa defendiendo posiciones opuestas al reconocimiento de Josep Tarradellas como presidente de la Generalitat. Sus palabras fueron tajantes: los mandatos republicanos habían caducado en 1937 y, por tanto, el regreso de Tarradellas era una «arbitrariedad intolerable». Con esas posiciones, Trabal representó el sector que en Cataluña se oponía al restablecimiento de la Generalitat en su forma simbólica y continuista. No logró escaño, pero su nombre quedó como muestra de las paradojas que trajo la apertura política.
Hoy, al valorar su figura, no cabe ocultar las contradicciones de un hombre que empezó su vida política junto al president mártir y terminó sus días militando en un partido heredero del franquismo. Trabal no fue protagonista de primer orden en la historia de España, pero sí un testimonio vivo de las complejidades, fracturas y ambigüedades de la política catalana y española del siglo XX. Su vida resume, en buena medida, los dilemas de toda una generación: entre la República y el franquismo, entre el exilio y la adaptación, entre la memoria y el olvido.
J. F. Lamata