19 abril 1966

Muere Rafael Calvo Serer, el alma del ‘Diario MADRID’ antifranquista, que acabó bajo la sombra de la voladura y el ‘pelotazo’

Hechos

El 19 de abril de 1988 fallece D. Rafael Calvo Serer.

Lecturas

Pocas biografías españolas del siglo XX contienen tantas contradicciones como la de Rafael Calvo Serer, fallecido a los 71 años. Católico, monárquico y vinculado desde muy joven al Opus Dei, fue primero un intelectual radicalmente contrario a la República y, durante la Guerra Civil, quedó atrapado en el bando republicano, llegando a ser incorporado a la Brigada Internacional de la 35 División, donde coincidió con quien después sería ministro franquista, José María Sánchez Bella. Terminada la guerra, su evolución parecía inequívoca: se convirtió en uno de los intelectuales civiles más identificados con el régimen. Su España sin problema, escrita en respuesta a España como problema de Pedro Laín Entralgo, fue todo un alegato contra quienes pretendían presentar como problemática la España surgida de la victoria de Franco. Pero el mismo hombre que en los años cuarenta defendía intelectualmente al régimen acabaría convirtiéndose, dos décadas después, en uno de sus adversarios más incómodos. En los años sesenta abrazó posiciones monárquicas y aperturistas, apostó por Don Juan de Borbón como sucesor de Franco (frente a las candidaturas de su hijo Juan Carlos de Borbón o del primo de este Alfonso de Borbón) y, en 1966, se hizo con el control de Diario Madrid con el apoyo del Banco Popular. Desde allí, con Antonio García-Trevijano como uno de sus principales asesores y con Antonio Fontán en la dirección, el periódico evolucionó hacia posiciones cada vez más críticas con la dictadura y acercándose a los comunistas del PCE y CCOO.

Tras la designación de Juan Carlos como heredero, el Banco Popular le cerró el grifo y Calvo Serer optó por endurecer la línea del periódico para que este cerrara por motivos políticos antes de que el diario cerrara por motivos económicos. El cierre se produjo en 1971 después de que Calvo Serer publicara un artículo, ‘La Lucha por el Madrid’, donde reconocía que el periódico incumplía la ley, que fue lo último que pudo soportar el régimen. El contraste resulta extraordinario: el antiguo defensor intelectual del franquismo había terminado siendo uno de los símbolos de la prensa enfrentada al franquismo.

Pero la segunda mitad de su vida sería todavía más contradictoria. Exiliado en París, Calvo Serer intentó convertirse en una de las cabezas visibles de la oposición democrática y apareció junto al líder comunista Santiago Carrillo presentándose como portavoz de la Junta Democrática, mientras buscaba todavía que Don Juan encabezara una alternativa monárquica al régimen. El proyecto fracasó y la democracia acabaría dejando a Calvo Serer en una posición mucho más marginal de la que él había imaginado. Su último gran triunfo fue judicial: el Tribunal Supremo declaró contrario a derecho el cierre del Madrid y fijó una indemnización que acabaría situándose en torno a los 580 millones de pesetas.

26 Abril 1988

MEMORIA DE RAFAEL CALVO SERER

Antonio Fontán Pérez

Leer

Durante el casi medio siglo transcurrido desde los primeros años cuarenta, Rafael Calvo Serer ha desplegado una importante y variada actividad de indudable trascendencia sobre la vida española en los órdenes cultural, político y periodístico.

Publicó docena y media de libros y numerosos ensayos de regular extensión, más varios centenares de artículos de Prensa que sólo en parte quedaron recogidos en algunas de las otras obras de mayor entidad. A ellos hay que añadir los escritos e informaciones que, por razones obvias, aparecieron con seudónimo, hace muchos años ya, principalmente en la Prensa francesa. El nombre de un personaje de Bernanos, Pierre Donisan, amparó numerosos textos de «Le Monde», y algunos otros los de varias revistas de diversos países europeos, para desesperación de censores y autoridades de la Prensa española de entonces. Intervino también activamente en la política, siempre con significación monárquica y frecuentemente enfrentado con el régimen anterior. Editó colecciones de libros y colaboró con otras, presidió durante unos años muy significativos el diario «Madrid», estuvo varias veces procesado por razones políticas y hasta hubo de permanecer unas semanas en prisión.

Rafael Calvo Serer había sido el principal inspirador de la revista «Arbor» desde su fundación hasta el verano de 1953, cuando fue destituido de la dirección y sus demás responsabilidades en el Consejo de Investigaciones como represalia por la publicación en París de un ensayo crítico del Gobierno de Franco. También entonces se le quiso abrir expediente para sancionarlo como catedrático. Pero el rector de Madrid, Pedro Laín Entralgo (con quien precisamente Calvo había mantenido una polémica sobre los problemas de España, y quien también rozaba el severo alegato antigubernamental parisino de Calvo, con un gesto que le honra, se abstuvo de cumplir las instrucciones que le legaban de lo que se llamaban «altísimas esferas»).

Por aquellos mismos años, Calvo Serer promovió y dirigió la Biblioteca del Pensamiento Actual, cuyos primeros ciento cincuenta volúmenes comprenden ensayos culturales, históricos, filosóficos y políticos de distinguidos universitarios españoles, en su mayor parte jóvenes o nuevos, así como las traducciones con que se dio a conocer en España un apreciable número de escritores que brillaban desde sus propias lenguas en el horizonte europeo y americano de la época.

Pensadores y filósofos del relieve de Guardini, Dempf, Löwith, Haecker, Bochenski, Gilson, Pieper entraron en la bibliografía de lengua española, o acrecieron su presencia, de la mano de Calvo, de quien además casi todos los que entonces vivían fueron amigos personales y con el que visitaron España.

Entre los españoles publicaron libros en la colección de Calvo autores ya consagrados como el duque de Maura, Sainz Rodríguez, López Ibor, Jesús Pabón, Vigón, Perpiñá, junto a una treintena de universitarios y escritores entonces jóvenes que luego han alcanzado un bien ganado nombre en sus respectivas disciplinas.

Mientras en sus primeros años de estudio y de escritor, Calvo concentraba su atención en la cultura del continente europeo, a partir de 1956, y en el decenio siguiente, prestó mayor atención a América, tanto la hispánica (más particularmente México) como la anglosajona. En libros y en artículos de entonces –muchos de ellos publicados en este diario ABC y en «La Vanguardia»– se reflejaba la profunda impresión que había ejercido sobre el espíritu del autor la familiaridad con los valores de la sociedad democrática y liberal de los Estados Unidos y, en general, del mundo anglosajón, que había empezado a conocer directamente en Londres, cuando trabajaba en el Instituto de España de Eaton Square. Todo lo cual se manifestaría años después en la orientación de la política editorial del diario «Madrid».

Este periódico fue la empresa publicística a la que Calvo dedicó sus esfuerzos desde el 66 al 71, cuando se produjo la clausura por el Gobierno, como es bien sabido. Sobre la significación del «Madrid» de aquel quinquenio se ha escrito ya mucho y ha sido objeto de frecuente evocación en estos días con ocasión del fallecimiento de su presidente. Después del 71, Calvo trabajó con denuedo en la reivindicación del periódico, habiendo recibido la satisfacción de que el Tribunal Supremo declarara que no fue conforme a Derecho la cancelación del 71 y la Administración hubiera de indemnizar a los editores. Durante los últimos meses que precedieron a la manifestación del mal que ha acabado con su vida, incluso estando ya grave, Rafael Calvo Serer se ocupaba de preparar el lanzamiento de una publicación que parecía prometedora, con la que se proponía continuar la obra del diario, y que incluso podría haber servido de antesala para una eventual reaparición. Hay un aspecto de la historia del «Madrid» que fue siempre común a las actividades de Calvo: la creación de un clima de entendimiento en torno a él entre personas muy diversas; eso ocurrió con varias docenas de redactores y colaboradores del diario. Entre ellos había periodistas, profesores, sociólogos, escritores, políticos, que después han brillado por variados espacios y que pertenecían casi totalmente a generaciones nacidas en torno a los años de 1930 y 1940.

Igual que en el mundo publicístico, Calvo realizó también una amplia, rica y honda tarea en el campo de la política.

Ya en 1943, mientras aprendía alemán en Suiza, aquel joven profesor que desde estudiante había participado en política entre los estudiantes católicos de la Universidad, y en los círculos monárquicos, entró en relación con el Conde de Barcelona. A partir de ese momento se contó siempre entre los políticos que propugnaban la restauración de la Corona –acerca de la que llegó a escribir «una teoría»– como la de la institución que podía amparar una concordia nacional después de la tremenda experiencia de la guerra civil y que sería capaz de dar paso a una renovación de España. Pronto quedó incorporado al Consejo Privado de Don Juan y a lo que entonces se llamaba la «causa monárquica».

Con una experiencia de viajes y estancias en varios países europeos poco común en aquellos años entre personas de su generación, Calvo se dio cuenta al fin de la guerra mundial de la diversa disposición mental de muchas personas del interior y los que vivían en ambientes extranjeros. Fuera se comprobaban los logros del sistema político liberal y democrático, incluso en la protección y promoción de los valores históricos frente a los vientos del Este, y dentro de una España con frecuencia bastante aislada las mismas cosas eran vistas de otra manera. Calvo fue partidario del mantenimiento de unos contactos dignos entre la Corona y el Estado, de que se diera comienzo lo antes posible a la educación en España del actual Rey, entonces Príncipe de Asturias en el árbol de la Dinastía, y no dejó de apoyar nobles intentos como los promovidos hace ahora poco más de treinta años por el conde de Ruiseñada. Pero sin que al mismo tiempo dejaran de tenderse los puentes con personalidades y grupos de la oposición interior o del exilio que tenían una distinta interpretación de la guerra civil y de su significación.

En 1962, Rafael Calvo Serer, por encargo de la Casa Real, acompañó a Don Juan Carlos y a su esposa en su viaje por los Estados Unidos, país que él conocía bien. La visita de Don Juan Carlos a América, a lo largo de la que se celebró la entrevista de los jóvenes príncipes con el presidente Kennedy, acompañados por el embajador de España y, al mismo tiempo, respaldados por el Conde de Barcelona, fue un jalón apreciable que concluía en la Restauración.

La indefinida prolongación del régimen, que Calvo Serer consideraba tan imposible de impedir como injustificada, dio lugar a un aumento de las tensiones del profesor con el sistema. Una rendija parecía abrirse con la ley de Prensa del 66, y Calvo se apresuró a intentar algo a través de ella: eso fue el «Madrid»; otras se cerraban con la ley orgánica del Estado del mismo año, con la del Movimiento y la reforma de la de Sucesión, y desde las columnas del «Madrid» duró cinco años.

Después del 71, refugiado en París, porque en España, además de cerrarle el periódico se le había procesado con riesgo de su libertad, Calvo extendió sus conexiones políticas por los sectores de la oposición de izquierda, en buena parte exiliada. La Junta Democrática fue una operación política tan denostada entonces como probablemente beneficiosa para España poco más tarde. No fue un capricho o un invento artificial de Calvo, Vidal o Trevijano. Personas como Calvo Serer, con su significación ideológica y política, desde la BPA al «Madrid», monárquico histórico y liberal-conservador del pensamiento y acción, reconocían la realidad de la existencia de ciertos sectores de la izquierda, mientras éstas aceptaban la primacía del sufragio limpio y de una futura organización democrática del Estado.

Desde su regreso a España en 1976, Rafael Calvo Serer, a la Universidad, con unos cursos de pocos alumnos, pero que algunos de los asistentes no olvidan, en los que vertía, con la formidable memoria fotográfica de que estaba dotado, sus experiencias culturales, sus lecturas y sus contactos humanos, al hilo de los comentarios histórico-filosóficos que exigía el programa de la disciplina.

Consagró tiempo sin límite ni reposo a la reivindicación del diario que había editado durante más de cinco años. Escribió mucho, publicando relativamente poco y habiendo dejado por ello mucho material inédito. Se ha ido silenciosamente. Eran numerosos los amigos suyos que no sabían que estuviera seriamente enfermo desde meses antes de su muerte. Aceptó su situación con la admirable fortaleza cristiana de que tantas veces había dado muestras. Pero sin dejar de pensar en lo que haría del trance en que se hallaba. Rafael Calvo Serer ha dejado una obra de libros, que son palabra, y de hechos, que son vida.

El Análisis

El Quiero y No Puedo de Calvo Serer

JF Lamata

¿Fue el cierre del Diario MADRID un proyecto periodístico en defensa de la libertad de expresión clausurado por el franquismo que no soportaba la crítica o fue una operación de un político oportunista para lograr ganar enteros y tomar el poder cuando este cambio se produjera?

¿Es un referente periodístico que logró ganar judicialmente un proceso en defensa de una cabecera histórica, como era la de Diario MADRID, o un ladrón que en vez de dedicar aquellos millones en la reaparición del periódico tal y como había prometido, los utilizó para pagar las deudas personales acumuladas con el Banco Popular por los créditos que recibió en su día para comprar el periódico y que nunca había devuelto?

Lo que si está claro es que Rafael Calvo Serer, con su ‘No al General De Gaulle’ y su voladura del diario para rentabilizar la venta de aquellos terrenos logró entrar en la historia. Ahora lo que no logró es ni ser un líder política, ni ser un líder mediático.

J. F. Lamata