10 enero 1978

Nicaragua: Asesinado el periodista Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, opositor a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle

Hechos

El 10 de enero de 1978 murió Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Lecturas

En septiembre de 1974 Anastasio Somoza Debayle había retomado formalmente a la presidencia del país. 

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal director y propietario del periódico LA PRENSA opositor de Nicaragua a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, ha sido asesinado cuando se dirigía en automóvil desde su casa hacia las oficinas del diario.

Cuatro hombres le dispararon desde un coche que se situó al lado del suyo.

Poco después, Chamorro había ejercido durante 30 años  una crítica implacable a la dictadura.

No es raro que el clamor popular señalase como responsable del crimen al dictador Anastasio Somoza Debayle, que se apresuró a manifestar cuanto lamentaba la muerte de su ‘honesto’ opositor.

La oposición ‘deshonesta’ será seguramente para Somoza la guerrilla sandinista, por las que Chamorro mostraba cierta simpatía.

Como era previsible, el funeral de Chamorros se convertiría en una manifestación política. 40.000 personas acompañaron el féretro y luego hasta las oficinas de LA PRENSA.

Estallaron disturbios: fue incendiada una fábrica textil propiedad de los Somoza, un banco de sangre que especulaba en el exterior con la que extraía en Nicaragua.

La dictadura de Somoza ordenó que el entierro se celebrara secretamente.

En marzo de 1978 comenzará la guerra civil en Nicaragua. 

El Análisis

El asesinato de Pedro Joaquín Chamorro: la verdad silenciada a balazos

JF Lamata

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director del diario La Prensa y símbolo de la resistencia cívica frente a la dictadura nicaragüense, ha sido asesinado a sangre fría. Su muerte, ocurrida ayer 10 de enero en Managua, sacude a Nicaragua y conmociona a todo el continente. El crimen, que muchos atribuyen abiertamente a los círculos más oscuros del somocismo, representa un acto de brutalidad destinado a silenciar la voz más firme y coherente contra el régimen de Anastasio Somoza Debayle. Pero más que silenciarla, este acto cobarde ha encendido la indignación nacional.

Chamorro no era solo un periodista: era el referente moral de una oposición que, en condiciones profundamente adversas, reclamaba justicia, libertad de prensa, y dignidad para un pueblo empobrecido y humillado. Desde las páginas de La Prensa, denunció sin descanso la corrupción, la represión y el nepotismo del régimen. Había sufrido prisión, persecución, censura. Y aún así persistía. Su asesinato parece un punto de no retorno. Las manifestaciones populares que estallan por todo el país así lo evidencian. La furia del pueblo ya no cabe en las calles, y el régimen empieza a resquebrajarse bajo el peso de su propia violencia.

El somocismo ha gobernado Nicaragua como una finca familiar desde hace más de cuatro décadas. Ha secuestrado las instituciones, ha enriquecido a los suyos a costa del sufrimiento popular y ha sofocado cualquier disidencia. Pero el asesinato de Chamorro podría ser la chispa que lo cambie todo. Porque asesinar a un hombre es fácil; asesinar su causa, su ejemplo, su memoria, no lo es. Y el pueblo nicaragüense, como ya empieza a verse, puede haber perdido el miedo. Y cuando un pueblo pierde el miedo, incluso las dictaduras más enraizadas tiemblan.

J. F. Lamata