1 septiembre 1974
El dictador Anastasio Somoza Debayle retoma el poder en Nicaragua tras un nuevo simulacro electoral
Hechos
- Somoza fue reelegido presidente en las elecciones generales del 1 de septiembre de 1974 y tomó posesión del cargo el 1 de diciembre del mismo año en el Teatro Nacional Rubén Dario.
El Análisis
Anastasio Somoza Debayle ha regresado oficialmente a la presidencia de Nicaragua tras las elecciones del pasado 1 de septiembre. Ayer, 1 de diciembre, asumió el cargo en una fastuosa ceremonia en el Teatro Nacional Rubén Darío, como si se tratara de una celebración legítima del sufragio popular. Pero más allá del boato institucional, nadie en Nicaragua ni en la comunidad internacional puede llamarse a engaño: el regreso de Somoza no es la expresión de una voluntad democrática, sino la confirmación de un régimen autoritario que domina el país desde hace más de cuatro décadas.
El proceso electoral de este 1974 ha sido, como en ocasiones anteriores, un simulacro: sin condiciones de igualdad, sin una prensa libre, con la oposición desarticulada o directamente cooptada, y con la Guardia Nacional como garante último del “orden”. Sus supuestos rivales en la contienda no eran más que actores de reparto en un guion escrito desde las oficinas del somocismo. Para muchos ciudadanos, votar no fue una elección, sino una obligación decorativa. La dictadura se perpetúa, esta vez revestida de legalidad, pero sin que nadie pueda hablar seriamente de democracia.
La familia Somoza —en una red de poder económico, político y militar— gobierna Nicaragua como si fuese un feudo, sostenida por el respaldo de Washington y por el flujo constante del dólar. Mientras las élites vinculadas al régimen se reparten los beneficios de una economía orientada hacia el exterior, una buena parte de la población no tiene acceso siquiera a agua potable. El régimen de Tachito, como se le conoce popularmente, es apenas uno más de los muchos dictadores militares proamericanos que ensombrecen la vida de Iberoamérica. Pero Nicaragua, como otras naciones hermanas, no podrá vivir eternamente en la oscuridad del miedo y del clientelismo. La historia enseña que, tarde o temprano, las dictaduras caen. También esta.
JF Lamata