11 junio 1994

Paloma Ruiz Mateos estampa una tarta en al cara del exGobernador del Banco de España, Mariano Rubio

Hechos

  • El 11 de junio de 1994 Paloma Ruiz-Mateos, hija de José María Ruiz-Mateos, aplastó una tarta en la cabeza de Mariano Rubio, ex gobernador del Banco de España en un restaurante madrileño.

Lecturas

El 11 de junio de 1994 Paloma Ruiz-Mateos, hija de José María Ruiz-Mateos, aplastó una tarta en la cabeza de Mariano Rubio, ex gobernador del Banco de España. El incidente (que se recoge en la foto) se produjo en un restaurante madrileño sobre las 16,30 de la tarde. Rubio estaba almorzando con su mujer, Carmen Posadas, la primera por la derecha, y unos familiares de ésta cuando entró en el restaurante el empresario jerezano. Este abandonó el local, pero decidió avisar a su hija Paloma para que comprara un tarta, fuera al restaurante donde estaba el ex gobernador del Banco de España y se la tirara a la cara. En otra ocasión, la hija del empresario lanzó otro pastel contra Isabel Preysler, aunque aquella vez no logró alcanzar a la mujer de Miguel Boyer.Pág. 14

El 12 de julio de 1994 la justicia condenará a Paloma Ruiz Mateos a pagar 425.000 pesetas como sanción por aquel ‘tartazo’: 25.000 pesetas de multa, 200.000 pesetas de indemnización a Mariano Rubio y otras 200.000 pesetas de indemnización a Dolores Posadas.

Paloma Ruiz Mateos ya había intentado tirar una tarta a Dña. Isabel Preysler. 

El Análisis

Payasadas

JF Lamata

Ruiz Mateos estaba personado como una de las acusaciones en el caso Ibercorp, por tanto ya se estaba ‘vengando’ de Mariano Rubio y el Banco de España por las vías legales que la justicia permite. ¿Qué necesidad tenía por tanto para recurrir a la payasada de lanzar una tarta sobre Rubio, que ya para junio de 1994 era un muerto en vida? La familia Ruiz Mateos parecía haber asumido su rol de bufones de la corte, que buscaban entretener a cambio de espacio en la televisión o hueco en la prensa (los fotógrafos del tartazo los trajo la propia Paloma Ruiz Mateos. Podían haber sido los justicieros y prefirieron quedarse en ser los payasos.

J. F. Lamata